El CPCM ‘rompe’ temporalmente su logo para concienciar sobre el distanciamiento social

Madrid, a 16 de mayo de 2020

El Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid (CPCM) ha aprobado la modificación temporal de su logotipo e imagen corporativa con el objeto de concienciar a la población de la importancia de las medidas de protección y distanciamiento social para evitar la propagación del coronavirus y, poder así, ir recuperando poco a poco la normalidad.

En la última Junta de Gobierno, los miembros del Colegio aprobaron esta medida, un gesto y signo más de la implicación de esta institución en la crisis del coronavirus desde el principio. Así, el cambio le logotipo consiste simplemente en la separación temporal de las dos letras ‘p’ y ‘m’, las dos únicas que están unidas en nuestro anagrama. Una creación de la reputada diseñadora gráfica María José Mateo Torres.

Con este gesto nos sumamos a la iniciativa lanzada por marcas, empresas e instituciones para pedir responsabilidad a la población en la lucha contra la pandemia. De esta forma, decenas de marcas y entidades han aumentando la distancia entre sus letras en sus logotipos o imágenes, para resaltar y crear conciencia sobre la importancia de que nuestras interacciones con otras personas se hagan dejando un mayor espacio físico.

Marcas conocidas nacionales e internacionales como Coca-Cola, Telefónica, Zara, Desigual, Audi, Mercedes-Benz y Volkswagen ya lo han hecho, y también algunos gobiernos como el chileno o entidades como la Cámara de Comercio de La Coruña. Ahora, el CPPM se convierte en el primer colegio profesional de España que se adhiere a esta campaña de concienciación.

 

A DISPOSICIÓN DE LOS GOBIERNOS Y DE LA CIUDADANÍA

Desde hace dos meses, el Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid ha respaldado e insistido en las recomendaciones de higiene, salud y movilidad marcadas por las autoridades científicas y sanitarias y apelado al efectivo cumplimiento de las órdenes decretadas por las entidades gubernativas. Y es que los criminólogos y criminólogas, especializados en situaciones de crisis, conocemos muy bien la importancia de seguir los protocolos marcados en caso de emergencia, de hacer caso omiso a bulos y situaciones de histeria, y el objetivo de trabajar en coordinación y unidad de acción entre todos los efectivos.

Tras la aprobación del decreto de estado de alarma, esta Institución colegial se ha puesto y se sigue poniendo a disposición de las diferentes administraciones en la lucha contra la pandemia y la crisis económica y social que ya está provocando y que previsiblemente será mayor en el futuro, también desde el punto de vista de aumento de delincuencia, tal y como han advertido ya las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Una vez más reiteramos la absoluta necesidad de incorporación de expertos criminólogos en gabinetes de crisis de administraciones y también dentro de los Cuerpos de Seguridad, ya que nuestros profesionales pueden aportar mucho conocimiento en la materia y también en labor preventiva. En ese difícil camino, recientemente firmamos las bases para colaborar en la formación del Plan de Protección Civil en atentados terroristas de la Comunidad de Madrid. No comprometemos, en esa línea, a seguir dando los pasos oportunos para incorporar a los criminólogos en las labores de seguridad, prevención y tratamiento de víctimas para los que están preparados, también en situaciones como las presentes.

 

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Soledad no deseada en tiempos de Covid

El muerto padecía el síndrome de Diógenes. Vivía solo y no tenía apenas familiares. Los vecinos llevaban más de un año sin verla pero pensaron que estaría viviendo en la Sierra. Semanas atrás la Policía halló otro cadáver momificado en parecidas circunstancias en el madrileño barrio de Salamanca. Se trataba de una mujer de 83 años, Amanda J., que al parecer murió en 2014. El ambiente seco, los accesos cerrados y su delgadez propiciaron proceso de momificación. La mujer vivía sola y una sobrina que tenía en Israel fue quien dio el aviso.

Esto describíamos en los medios hace un año varios casos de ancianos fallecidos en sus domicilios que mucho después de su muerte han sido encontrados por la Policía y Bomberos. Mayores solos, sin apenas familia o con parientes de esos que solo les llaman una vez al año para confirmar que los detalles de la herencia siguen en vigor. Aunque la crisis coronavírica nos ha hecho pensar mucho más en nuestros mayores, los más afectados por la pandemia, muchos habrán perecido en sus viviendas sin que nos hayamos dado cuenta. Y dentro de unas semanas, meses, cuando el confinamiento acabe o cuando el olor o una avería denote una terrible ausencia, volveremos a hablar y escribir de esta cruda realidad, la muerte en soledad.

El año pasado los servicios del Samur-Protección Civil contabilizaron 17 personas de 65 años muertas solas en la capital. Este año no quiero ni saber la estadística en toda España. Las intervenciones de apertura de puertas de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid aumentaron solo en marzo el 57 por ciento. Las actuaciones por el mismo motivo de la Policía Nacional y Municipal han crecido exponencialmente. Se encuentran a ancianos en sus camas muertos desde hace varios días. Incluso a parejas cogidas de la mano, me comentaba un agente destinado en un populoso distrito de la capital, que ha vivido estas semanas los peores momentos de sus más de 20 años en el Cuerpo. “Se te cae el alma a los pies. Esto es una tragedia diaria”, comentaba.

Este tipo de fallecimientos son el detonante más trágico de un problema social mayor y anterior al Covid: el porcentaje cada vez más alto de ancianos que viven sin compañía o con sus mascotas. Este problema afecta a la calidad de vida mental y también física de las personas. El ser humano es social y por eso necesita comunicarse y vincularse afectivamente. Además, la soledad suele dar lugar a sentimientos de hostilidad, resentimiento y tristeza, lo que daña la cognición y la salud de los afectados, aumentando su posibilidades de dependencia y mortandad.

Esta problemática tiene una solución compleja. Normalmente, los ancianos están estigmatizados en una sociedad cada vez más individualista, productivista y competitiva. Los ancianos son apartados de la vida pública y los familiares, liados con su propia vida, cada vez se preocupen menos de sus progenitores. Un cóctel perfecto para que muchos mayores, impedidos física o psicológicamente, se recluyan en su piso con su tele sin ganas de más.

Con la crisis del coronavirus no solo son las víctimas más vulnerables de la pandemia, sino de una estructura social que en las últimas décadas les ha apartado de los centros del poder (los políticos solo se preocupan de ellos cuando hay elecciones), de los medios de comunicación y de la opinión pública (infarrepresentados y muchas veces ridiculizados) y de la sociedad en general. Y eso que fueron la generación que más se sacrificó por conseguir la democracia y el progreso económico y social de España. Paradójicamente, son cada vez más o cada vez menos escuchados.

Ahora, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, confiesa que la Unión Europea está planteándose aconsejar a los países miembros de la misma que las personas mayores (no ha determinado desde qué edad) permanezcan confinadas hasta enero de 2021 para evitar que les afecten posibles rebrotes del Covid-19. “Sin una vacuna, tenemos que limitar el contacto con los ancianos, especialmente con los que viven en residencias. Probablemente, toque aprender a convivir con el coronavirus hasta el próximo año”.

Son razones de salud pública, alega. Pero, ¿alguien les ha preguntado?. Porque algunas asociaciones que representan a ese sector mal llamado de la Tercera Edad ya han lanzado en grito en el cielo: no quieren ser tratados como menores de edad. Son conscientes del peligro y menor que nadie quieren proteger sus vidas, las más afectadas, y las de sus seres queridos. Han sabido cuidar a sus hijos y nietos durante muchos años y no les van a poner en peligro ahora. Han pasado por más enfermedades y penurias que nosotros y por algún otro periodo de confinamiento. Este lo están pasando, según muchas encuestas, mucho mejor que el resto de edades. Es lo que tiene la experiencia. Quizá les tengamos que escuchar y no ningunearles, como estamos haciendo.

 

LA IMPORTANCIA DE LA RED VECINAL

Pero no todo ha sido negativo en esta crisis. El confinamiento ha favorecido el acercamiento vecinal, la solidaridad con los que viven esta circunstancia histórica pared con pared. Así se han creado redes comunitarias en las que los jóvenes están preocupándose por sus vecinos mayores, haciéndoles la compra o preocupándose por su día a día. Ahora es el momento de que las administraciones se implique en esta realidad de la soledad no deseada, que se da sobre todo entres las personas mayores de las grandes ciudades, ya que en las pequeñas o en los pueblos la red vecinal y familiar es mucho más intensa. En Reino Unido ya hablaban antes del Covid de epidemia social y han creado una Secretaría de Estado específicamente para combatirla.

Las instituciones han de poner en marcha programas de acompañamiento, ocio y socialización, aprovechando la teleasistencia y las nuevas tecnologías. También la ciudadanía debe reaccionar y volver a actuar como radares para descubrir casos de ancianos en situación vulnerable más allá de esta crisis. La relación intergeneracional tiene que ser un ‘gana-gana’ en el que los mayores pueden intercambiar su experiencia vital y los jóvenes las novedades de la vida moderna.

También es necesario un cambio de concepto de residencias o geriátricos, una tema que necesita un artículo propio, sobre todo después de que la pandemia haya desvelado la lamentable situación de muchos de ellos. En muchos casos se han convertido en un mero ‘aparcaancianos’ en el que dejamos a nuestros seres queridos encerrados y sin motivaciones vitales, pasando el tiempo aburridos esperando la hora de comida o sueño para matar la monotonía. Las actividades y su apertura a la sociedad es fundamental para retrasar su deterioro físico, cognitivo y afectivo.

Además, existen otros modelos alternativos al residencial, que ya se están probando en otros países europeos, para personas con bajo nivel de dependencia, que valoran la independencia de un piso pero con servicios sanitarios y de ocio compartidos entre personas en la misma situación. Llegó el momento de los mayores. No hacen falta elecciones.

 

Artículo escrito por Julio de la Fuente Blanco, periodista, criminólogo y responsable de Prensa del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Terrorismo de etiología yihadista y Covid-19. Camino hacia la adaptación

La pandemia provocada por el Covid-19 ha puesto en jaque la sostenibilidad, tanto económica como social, del Estado de Bienestar en buena parte del planeta. La gran cantidad de decesos, el colapso sanitario, las caídas de la bolsa, el desplome de la economía a nivel mundial, el cierre o suspensión de la actividad de multinacionales y empresas medianas y pequeñas, las elevadas personas sin prestación económica debido al cese de la actividad, etc., han colocado en una posición muy vulnerable a muchos Estados. Dicha vulnerabilidad está siendo aprovechada por grupos terroristas; tanto Al- Qaeda como Daesh están haciendo uso de esta crisis mundial para su propio beneficio.

El análisis realizado por varios expertosevidencia que, aunque muchos diesen por desactivados a estos grupos terroristas –la gran mayoría de analistas, incluido este grupo de trabajo, nunca han dado como plausible tal posibilidad– la realidad es que su actividad se está viendo encaminada a ganar más adeptos a su causa. Tales son las conclusiones expuestas por el estudio realizado en Elcano de mano de Sergio Altuna Galán y Carola García-Calvo. Por otro lado, en el período comprendido desde la crisis sanitaria del Covid-19 estamos asistiendo a un importante repunte de ataques de Daesh tanto en el norte de Iraq como en Siria2 , aprovechando que los gobiernos de estos países han pasado a priorizar la contención del virus.

El impacto que ha tenido el virus en comunidades musulmanas ha sido mucho menor hasta el momento que en otras zonas del planeta, con un total de 270.748 contagios, 9.078 muertes y 132.034 recuperados en todo el conjunto de países que conforman la zona del Mediterráneo Oriental, atendiendo a los datosaportados por los propios países. Esto ha favorecido que los grupos salafistas se hayan hecho eco de este factor alegando la pandemia como un castigo divino de Alá a todos los infieles.

Los autores (Sergio Altuna Galán y Carola García-Calvo) coinciden en que las medidas tomadas por algunos Gobiernos están sirviendo para orientar las estrategias de los grupos radicales, no solo para operar dentro de los países occidentales (un ataque terrorista que golpearía duramente un sistema sanitario ya sobrepasado), sino en los propios Estados en los que hasta hace poco tenían bajo su dominio extensas zonas (por medio de la reconquista de los territorios perdidos a causa de un repliegue de las tropas extranjeras en las zonas de conflicto y la merma de determinados ejércitos de países de estas zonas a consecuencia del virus).

El problema, no obstante, también se vislumbra dentro de los mismos países musulmanes. Algunas de las medidas sanitarias que se han tomado para evitar el aumento de contagios han incluido el cierre de mezquitas públicas. Ello ha provocado una reorganización de los encuentros para los rezos en un ámbito mucho más privado y lejos del control de las autoridades, un hecho que puede favorecer el aumento de los procesos de captación y radicalización. Por otro lado, la situación de excepción que se está viviendo por la pandemia puede llevar a estos grupos radicales a actuar y operar de forma que se legitimen4 mediante acciones de solidaridad como tareas de desinfección, entrega de mascarillas o material sanitario, etc.

El discurso salafista no ha cambiado, simplemente se ha adaptado a las nuevas circunstancias. El abatimiento psicológico y la visión de un futuro cuanto menos incierto fortifican los preceptos religiosos sugestionando a sus simpatizantes, los cuales se ven cada vez más involucrados y, aunque no representen un papel decisivo dentro de la organización, no dejan de ser importantes a la hora de crear contenido propagandístico que puede ser fácilmente distribuido a través de las redes. Ámbito que, por otra parte, está ganando peso durante este confinamiento: la imposibilidad de salir del domicilio, durante el estado de alarma y en la fase 0, si nos referimos a España, potencia el número de horas que las personas pasan en Internet, haciendo factible un mayor acercamiento entre identificadores, reclutadores y reclutados.

En este aspecto, desde este grupo de trabajo se lanzó en el mes de abril una serie de recomendaciones. Qustodio5 , empresa dedicada al control parental en las nuevas tecnologías, elaboraba un informe indicando que durante este periodo los jóvenes y menores habían aumentado en un 180% su actividad online. Internet, redes sociales, aplicaciones de mensajería, videojuegos y comunicaciones en general son caladeros de los grupos terroristas en la búsqueda de nuevos adeptos, sobre todo en cuanto a la búsqueda de perfiles entre los jóvenes y los menores.

Es recomendable extremar la “vigilancia” del uso de nuestros menores en Internet, el tiempo dedicado, con quién se relaciona, posibles cambios de conducta, etc. Precisamente, el pasado mes de noviembre Europol lanzó una operaciónjunto con Telegram para clausurar miles de cuentas de propaganda de etiología yihadista, lo que hizo que los terroristas “abandonaran” esta aplicación de mensajería hacia otras como Riot o TamTam. En las últimas semanas de confinamiento se observa de nuevo un repunte de canales de propaganda terrorista en Telegram con la clausura de nuevo de casi sesenta mil canales gracias a las herramientas de referencia de contenido disponible para el seguimiento de estos canales tras el acuerdo alcanzado entre Europol y la propia aplicación de mensajería.

En cuanto a nivel operativo de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de los Servicios de Inteligencia, cabe destacar varias detenciones en España dentro del confinamiento y del estado de alarma, como fue la detención en Almería por la Policía Nacionalde uno de los Foreign Terrorist Fighters de Daesh más buscados de Europa; o la detención en Madrid por la Guardia Civil8 de un individuo simpatizante de Daesh por amenazas contra el Rey y contra diversas instituciones del Estado, así como la detención9 de un individuo en Barcelona, profundamente radicalizado, que había jurado fidelidad a Daesh y presentaba la voluntad inminente de llevar a cabo una acción terrorista según los investigadores. Esta última detención se hizo, además, de manera conjunta con la Dirección General de Seguridad del Territorio – DGST marroquí y con la participación destacada del FBI estadounidense.

España debe seguir en alerta, manteniendo las medidas de control oportunas dentro del actual Nivel de Alerta Antiterrorista, Nivel 4. Las manifestaciones emitidas desde los canales oficiales de las organizaciones de etiología yihadistas demuestran un aprovechamiento inusitado de las circunstancias actuales. Desde una página de suplantación de un grupo feminista saharaui en la red social Facebook 10 han estado emitiendo una serie de mensajes en los que al inicio del Ramadán se instaba a no seguir las recomendaciones hechas por la OMS y a salir a la calle. No se debe caer en la idea de su inactividad, pues las amenazas pueden llegar a convertirse en un hecho objetivo y real. La cooperación a nivel nacional y, por supuesto a nivel internacional, debe prevalecer. Más aún cuando el distanciamiento social por el Covid-19 provoca un individualismo muy peligroso.

 

Artículo firmado por el Grupo de Trabajo de Prevención de la Radicalización Violenta del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid

 

1  Altuna Galán, S. y García-Calvo, C. (2020). ¡Castigo de Alá! El movimiento yihadista global ante la crisis del Covid19. ARI. Real Instituto Elcano, 52.

2  Carrión, F. (11 abril 2020). El Estado Islámico aprovecha el coronavirus para recrudecer sus ataques en Irak. El Mundo. Recuperado de: https://www.elmundo.es/internacional/2020/04/11/5e91b0a5fdddff4b378b458b.html

3  Centro de Documentación Europea de Almería (12 de mayo de 2020). Coronavirus. Situación actual en Asia, Oceanía y Mediterráneo Oriental. Recuperado en 13 de mayo de 2020 de https://www.cde.ual.es/coronavirus-situacion-actual-en-asia-oceania-y-mediterraneo-oriental/

4  López, C. (15 de abril de 2020). Así funciona el terrorismo en los tiempos del coronavirus. Atalayar. Recuperado de: https://atalayar.com/content/as%C3%AD-funciona-el-terrorismo-en-los-tiempos-del-coronavirus

5  2020. Qustodio. [PDF] Recuperado de: https://qweb.cdn.prismic.io/qweb/d6bffee3-b2dd-4198-933b 8d65e7289cbd_200324+NP_Tras+el+cierre+de+los+colegios+el+consumo+de+Internet+de+los+menore+espa%C3%B1oles+ha+aumentado+un+180%25.pdf

6  25 de noviembre 2019. Europol. Recuperado de: https://www.europol.europa.eu/newsroom/news/europol-and-telegram-take-terrorist-propaganda-online.

7  21 de abril de 2020.Policía Nacional. Recuperado de: https://www.policia.es/prensa/20200421_2.html 8 30 de abril de 2020. Guardia Civil. Recuperado de: https://www.guardiacivil.es/es/prensa/noticias/7393.html

9  8 de mayo de 2020. Ministerio del Interior. Recuperado de: http://www.interior.gob.es/web/interior/noticias/detalle/-/journal_content/56_INSTANCE_1YSSI3xiWuPH/10180/11850488/?redirect=http%3A%2F%2Fwww.interior.gob.es%2Fprensa%2Fnoticias%3Fp_p_id%3D101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg%26p_p_lifecycle%3D0%26p_p_state%3Dnormal%26p_p_mode%3Dview%26p_p_col_id%3Dcolumn-2%26p_p_col_count%3D1%26_101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg_advancedSearch%3Dfalse%26_101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg_keywords%3D%26_101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg_delta%3D10%26p_r_p_564233524_resetCur%3Dfalse%26_101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg_cur%3D2%26_101_INSTANCE_GHU8Ap6ztgsg_andOperator%3Dtrue

10  Amnat Thawra. (22 de abril de 2020). Ellos son secularismo; No a la cuarentena. Facebook. https://www.facebook.com/113951253589860/photos/a.114117120239940/125166465801672/?type=3&theater

Estado de alarma y la importancia del cumplimiento de las normas de tráfico

Introducción

El pasado día 14 de marzo mediante Real Decreto 463/2020 se declaró el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19. “El artículo cuarto, apartado b), de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio, habilita al Gobierno para, en el ejercicio de las facultades que le atribuye el artículo 116.2 de la Constitución, declarar el estado de alarma, en todo o parte del territorio nacional, cuando se produzcan crisis sanitarias que supongan alteraciones graves de la normalidad” (Democráticas, 2020).

Estado de alarma que afecta a todo el territorio nacional, y que contiene medidas imprescindibles para poder hacer frente a la grave situación. “Y que no suponen la suspensión de ningún derecho fundamental tal y como prevé el artículo 55 de la Constitución” (Democraticas, 2020) El artículo 7 de este real decreto limita la libertad de circulación de personas, que solo podrán hacerlo en las circunstancias que se determinen.

Por otro lado, el Ministerio del Interior podrá acordar el cierre a la circulación de carreteras o tramos de ellas por razones de salud pública, seguridad o fluidez del tráfico o la restricción en ellas del acceso de determinados vehículos por los mismos motivos. Así lo establece el artículo 37 del Reglamento General de Circulación. Situación de emergencia que requiere la adopción de medidas extraordinarias que limiten la circulación de vehículos por las vías públicas. Medidas restrictivas que a día de hoy han supuesto una reducción de los desplazamientos tanto por vías urbanas como en vías interurbanas.

Este pasado Miércoles Santo han descendido un 90% los desplazamientos por carretera de vehículos ligeros. Según los datos registrados por la Dirección General de Tráfico, se han producido 295.000 desplazamientos de los cuales más de la mitad fueron de vehículos pesados (Tráfico D. G., Actualidad COVID-19, 2020) Según esta misma fuente el día 14 de abril del 2020, “el COVID y las limitaciones de los desplazamientos hace que se registren 13 días con 0 fallecidos en carretera. Y es que el confinamiento ha tenido su reflejo en la carretera como así lo afirma la Dirección General de Tráfico.

 

La importancia del cumplimiento de las normas de tráfico

Los números de desplazamientos y accidentes aumentaran, así como las víctimas de los accidentes de tráfico, cuando se salga del confinamiento y se vuelva a la normalidad del tráfico. De ahí la importancia del cumplimiento de las normas de tráfico. Normas de convivencia y de respeto que organizan el tránsito de las personas y de vehículos por las vías públicas. Reglas de conducta que establecen determinados comportamientos y que obligan a comportarse de una forma determinada ante una situación de tráfico. Deberes y obligaciones que si son incumplidos pueden dar lugar a una sanción o un accidente de tráfico.

Estas normas de convivencia deben ser aprendidas por todos los ciudadanos, de aquí la importancia de la formación y la formación continua en materia de tráfico. También deben ser válidas y en ningún caso ambiguas. Deben estar escritas, concretas y pensadas para crear armonía y convivencia entre los ciudadanos usuarios de las vías públicas. Respetar a los demás es fundamental para la convivencia y para relacionarse en el entramado del tráfico, ya que aquí los conflictos que surjan pueden tener consecuencias muy graves.

En consecuencia, el tráfico puede ser concebido desde cuatro puntos de vista: Físico, Técnico, Social y Jurídico. Físico porque se refiere al desplazamiento de personas y animales por las vías públicas. Desde el punto de vista técnico, los avances tecnológicos logrados en la fabricación de vehículos, el diseño y construcción de los mismos han facilitado los desplazamientos de personas y de vehículos que están sometidos a las leyes físicas del movimiento. Pero la circulación de personas y de vehículos también es un fenómeno Social, porque las vías públicas son compartidas por una  amplia comunidad de usuarios que conviven y se relacionan compartiendo un espacio público.

Por consiguiente, es necesario que se establezcan normas que regulen la convivencia de los conductores. De esta manera se garantizará el buen uso de las vías públicas y la protección de todos sus usuarios. Por lo tanto, deben existir normas sociales que regulen esta convivencia y que compatibilicen los desplazamientos que se realizan por las vías públicas tanto como peatones, como conductores de vehículos. ‘Un ejemplo de convivencia social’ (González, y otros, 2014).

Como consecuencia de todo lo anterior el tráfico también es un hecho Jurídico. Las normas de tráfico garantizan los derechos de las personas que intervienen en la circulación. La libertad, los derechos individuales, terminan allí donde empiezan la libertad y los derechos de otras personas. El derecho a circular libremente es uno de los derechos fundamentales del hombre recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas (art. 13.1) :

 

  1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado.
  1. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y regresar a su país.

 

Así lo afirma nuestra Constitución en el Artículo 19: “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos” (Generales, 1978).

Por lo tanto, es necesario la existencia de una regulación jurídica que garantice los derechos de las personas a la libre circulación protegiéndolos cuando se produce algún conflicto, sobre todo cuando afecta a la vida y seguridad. “El Trafico es un fenómeno físico y técnico, pero también un hecho social y jurídico. Sin unos principios y unos valores dirigidos a garantizar la convivencia en las vías públicas y a la seguridad en la circulación, o sin una adecuada regulación legal y penal, el sistema de tráfico seria caótico y extremadamente peligroso para todos” (González, y otros, 2014)

 

Los principios en los que se basa la circulación vial son según (González, y otros, 2014):

  1. El principio en la confianza en la normalidad del tráfico.
  2. El principio de responsabilidad.
  3. El principio de la precaución o defensa.
  4. El principio de la seguridad en la conducción.

 

Cuando circulamos necesitamos conocer que los demás usuarios van a cumplir las normas de tráfico, este es el ‘Principio de la Normalidad del tráfico’. Necesitamos saber cómo será su comportamiento. Por ello, el cumplimiento de las normas de tráfico nos da certeza del comportamiento de los demás usuarios ante las diferentes situaciones del tráfico. El no respetar las normas de tráfico supone un aumento de las posibilidades de que se produzca un accidente de tráfico. Accidente que si se produce tendrá un responsable, es decir, todo usuario de las vías públicas será responsable de sus actos y consecuencias. Este es el ‘Principio de responsabilidad’, salvo cuando el daño no sea atribuible al conductor sino a otros elementos que conforman el tráfico. Responsabilidad que pudiera derivarse en acciones administrativas o penales (González, y otros, 2014).

La sociedad debe ser consciente de la responsabilidad que tiene cuando se conduce un vehículo por las vías públicas o se transita como peatón y del incumplimiento de las normas pudiera derivarse responsabilidades administrativas o penales, o accidentes de tráfico que en muchas ocasiones podrían haberse evitado si se hubiera actuado con diligencia.

Pero, aunque circulemos pensando en que los demás usuarios van a respetar las normas, en ocasiones esto no será así, bien por desconocimiento o por una incorrecta interpretación de las mismas. Podemos suponer que los demás van a cumplir las normas, pero, aunque confiemos en ello debemos de aplicar el ‘Principio de Precaución o Defensa’ y estar preparados para cualquier situación que pudiera aumentar las situaciones de riesgo o accidente. Pero además debemos ser tolerantes con los demás usuarios; al igual que nosotros podemos cometer errores, ellos también pueden hacerlo.

Debemos comprender, esta una de las claves para una conducción segura. Debemos confiar que los demás conductores cumplirán con las normas, pero siempre con la debida precaución de que a veces esto no será así. Pero, además, para que se produzca una normalidad en la circulación es necesario que los usuarios de las vías públicas conductores, peatones, se encuentre en unas adecuadas condiciones psicofísicas, ‘Principio de Seguridad en la Conducción’. Aptitudes psicofísicas que garanticen nuestras capacidades para conducir con seguridad (González, y otros, 2014)

 

Estado psicofísico del conductor

El cumplimiento de las normas ayuda a salvar vidas. Las normas de tráfico son indispensables para la convivencia y todos los usuarios tenemos la obligación de conocerlas y cumplirlas. Muchas personas por el confinamiento nos hemos visto obligadas a dejar de conducir, hemos estado muchos días sin coger nuestros vehículos, por lo que la incorporación a la tarea de conducción debe ser progresiva, extremando la precaución, ya que nuestras aptitudes psicofísicas pueden haberse visto mermadas por la inactividad. Y es que para conducir un vehículo de motor o ciclomotor con las debidas garantías de seguridad además de estar en posesión de la autorización administrativa habilitante es necesario que el conductor reúna los requisitos psicofísicos de capacidad, conocimientos y habilidades necesarias para conducir el vehículo de que se trate.

Cuidado con las distracciones y el uso del móvil, solo usarlo con manos libre pero lo indispensable, ya que aunque se disponga de manos libres aumenta la distracción. Nada de alcohol, drogas o medicamentos que puedan afectar a la conducción. El alcohol es un factor de riesgo para la conducción y su combinación con la conducción aumenta las posibilidades de tener un accidente de tráfico. Se estima que el alcohol está implicado entre el 30 y el 50% de los accidentes mortales y entre el 15-35% de los accidentes con lesiones graves, está presente en uno de cada tres accidentes y multiplica por tres la posibilidad de accidente, lo que se traduce en que el alcohol estaba presente en el 30% de los accidentes con muertos.

El alcohol genera problemas personales sociales y de salud, altera las capacidades psicofísicas para conducir y las lesiones tras un accidente son mucho más graves porque existe una menor respuesta orgánica al trauma. El alcohol es una droga psicoactiva del sistema nervioso central, un euforizante que provoca desinhibición conductual. Bajo sus efectos se pueden tener también brotes eufóricos y no se valora el riesgo adecuadamente, (Álvarez, 2019).

Las drogas tienen un gran impacto en la seguridad vial ya que pueden alterar el estado psicofísico del conductor aumentando las posibilidades de tener un accidente. “El 10% de los accidentes de mayor gravedad, están relacionados con el consumo a de algún tipo de sustancias. Las drogas más consumidas en España son: el cannabis, la cocaína y el éxtasis” (Tráfico, 2018).

Muchos problemas de salud requieren un tratamiento médico y farmacológico. Estos problemas de salud van a disminuir las capacidades para conducir y son un factor de riesgo para la conducción, la salud y la seguridad vial. La enfermedad puede alterar nuestras capacidades psicofísicas y hay que ser conscientes y pensar si estamos en condiciones óptimas para conducir.

Muchos de los medicamentos que tomamos pueden alterar nuestras condiciones psicofísicas y alguno de ellos presentan efectos secundarios sobre el organismo (Álvarez, 2019). Los que más pueden afectar a la conducción son los tranquilizantes, los ansiolíticos y los antidepresivos. En España alrededor del 17%  según la fuente citada son consumidores habituales de medicamentos de manera crónica y el 61% toman más de un medicamento a la vez. Pero poca importancia se le da al hecho de conducir bajo la acción de determinados fármacos y es que esta conducción puede ser peligrosa.

Especial atención merece el sueño, ya que es el factor de riesgo más asociado a los siniestros de tráfico. Podemos afirmar que es el mayor enemigo del conductor junto con el alcohol, las distracciones y los excesos de velocidad. Estos factores de riesgo aún permiten un cierto manejo del vehículo, algo que no ocurre con el sueño. El sueño está detrás de muchos accidentes con resultados muy graves para las víctimas. Según la Dirección General de Tráfico, sus principales síntomas son: bostezos frecuentes, estiramientos, visión borrosa, esfuerzos para mantener la atención, cambios de postura, poner la radio, abrir la ventanilla. Lo grave que muchos conductores no valoran adecuadamente este estado y siguen conduciendo (Trafico, 2018).

Otro enemigo del conductor que puede favorecer la aparición de la somnolencia es la fatiga que está presente en muchos accidentes de tráfico. Hay que diferenciar la fatiga de la somnolencia, ya que son fenómenos distintos. “La somnolencia es la sensación de la necesidad de dormir bien; la fatiga es en general una falta de energía y de motivación, una sensación de agotamiento y cansancio” (Álvarez, 2019).

Podemos decir que el estrés es la enfermedad del siglo XXI. Vivimos en un mundo muy exigente que demanda de nosotros gran cantidad de recursos psicofísicos. El trabajo, la familia, los horarios, factores que van a influir indudablemente en la manera de conducir y el aumento de las tasas de accidente. “Según un estudio realizado por Intras, el 7% de los conductores reconocen que conducen bajo estados de estrés” (Tráfico, 2018).

 

Normas de tráfico

Se deberá extremar la precaución y respetar las velocidades tanto en vía urbana como interurbana, debiendo reducir la velocidad cuando pueda haber peatones o ciclistas, al llegar a los pasos a nivel, glorietas, estrechamientos, pasos para peatones no regulados, autobuses en situación de parada. Recordemos que la velocidad en autopista y autovía para un automóvil es de 120 km/h. y que esta velocidad no se puede superar en ningún caso ni para adelantar. En carreteras convencionales es de 90 km/h., pudiendo los turismos y las motocicletas superar esta velocidad en 20km/h. para adelantar, siempre y cuando no haya una señal de velocidad máxima que esté por debajo de la genérica. En todas las ocasiones mantendremos las distancias de seguridad con el vehículo que nos precede, así como las separaciones laterales.

No debemos olvidar la utilización del cinturón de seguridad y recuerda que el número de personas transportadas no podrá superar jamás al número plazas (atenderemos a las restricciones por el Covid-19). Los menores de 1,35 metros de altura deberán viajar en los asientos traseros con su dispositivo de retención homologado. Solo se les permite ir en asientos delanteros en estos casos: cuando todos los asientos traseros estén ocupados por menores de 1,35 metros con dispositivo, cuando el vehículo sea biplaza, cuando no se puedan anclar los dispositivos de retención.

Como ya hemos señalado, todo conductor tiene la obligación de señalizar las maniobras que vaya a realizar y advertir con suficiente antelación con los indicadores de dirección las maniobras, aplicando la regla R = retrovisor (cerciorarme de que puedo realizar la maniobra) S = señalizar a los demás mi intención (y hacerlo con suficiente antelación) m = realizar la maniobra. También deberemos extremar la precaución en los adelantamientos, sobre todo cuando circulemos por una vía interurbana de un carril para cada sentido de la circulación y siempre que nos adelanten facilitar la maniobra. En los carriles de aceleración cederemos el paso a los vehículos que circulen por la vía principal.

 

Mantenimiento del vehículo

      También es de vital importancia el mantenimiento del vehículo. Pensemos que hemos dejado el vehículo estacionado durante un largo periodo de tiempo; pues bien, antes de volver a circular con él se realiza una revisión del automóvil. Además del ahorro en averías costosas contribuiremos a la reducción de siniestralidad vial, reducción de consumo de carburante y menos contaminación medioambiental. La mayor parte de los gastos que surgen durante la vida de un automóvil son de mantenimiento, ruedas, frenos, suspensión, etc.

De vital importancia es la obligación de llevar en el turismo los siguientes repuestos y herramientas. Los vehículos de motor y los conjuntos de vehículos en circulación deben llevar los siguientes accesorios, repuestos y herramientas:

  1. Los turismos, así como los vehículos mixtos y los automóviles destinados al transporte de mercancías, estos dos últimos de masa máxima autorizada no superior a 3.500 kg, excepto los vehículos de tres ruedas y cuatriciclos llevarán la siguiente dotación:

a) Dos dispositivos portátiles de preseñalización de peligro, que cumplan las condiciones establecidas en el anexo XI.

b) Un chaleco reflectante de alta visibilidad, certificado según el Real Decreto 1407/1992, de 20 de noviembre, por el que se regulan las condiciones para la comercialización y libre circulación intracomunitaria de los equipos de protección individual, que exige el marcado CE, y que deberá ser conforme con la norma UNE EN 471, mínimo clase 2 (tanto en superficie mínima de materiales como en nivel de retrorreflexión de las bandas). En el caso de que se realicen funciones de vehículo piloto de protección y acompañamiento, se deberán llevar chalecos tanto para el conductor como para cada uno de los miembros del personal auxiliar.

c) Una rueda completa de repuesto o una rueda de uso temporal, con las herramientas necesarias para el cambio de ruedas, o un sistema alternativo al cambio de las mismas que ofrezca suficientes garantías para la movilidad del vehículo. En estos casos se circulará respetando las limitaciones propias de cada alternativa (Interior, 2020).

 

Conclusiones

      Conducir un vehículo de motor es una tarea compleja en la que intervienen diversos factores (factor humano, factor vehículo, factor vía), factores que si no se conjugan adecuadamente pueden dar lugar a incidentes (la antesala de los accidentes) o accidentes. Durante el estado de alarma estamos comprobando como nuestro derecho fundamental a circular libremente por las vías públicas se ha visto restringido como consecuencia de la grave crisis sanitaria. Por ello cuando las limitaciones a circular con nuestros vehículos desaparezcan deberemos cumplir con las normas sociales y normas de tráfico que regulan la convivencia de los conductores y peatones en las vías públicas.

También deberemos extremar la precaución, ya que nuestras capacidades psicofísicas pueden haber disminuido, por lo que puede aumentar las posibilidades de tener un accidente de tráfico, incorporándonos a la circulación de forma progresiva.

Respetar las normas de circulación, no molestar, no sorprende, advertir y comprender se constituyen en los principios básicos de una conducción segura. “Si todos cumplimos las normas de tráfico y tomamos las medidas de seguridad adecuadas a cada circunstancia conseguiremos un sistema de tráfico eficaz y seguro” (González, y otros, 2014, pág. 40) y una reducción de los accidentes de tráfico.

 

Autor del artículo: Ricardo Calderón Rodríguez.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Álvarez, J. (24 de septiembre de 2019). http://revista.dgt.es/es/salud-vial/2019/1001-Salud-Vial-como-influye-el-alcohol-en-la-conduccion.shtml.

Democráticas, M. d. (14 de marzo de 2020). Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el Covid-19. Madrid, España: BOE.

Generales, C. (29 de diciembre de 1978). Constitución Española. Constitución Española. Madrid, España: BOE.

González, L. M., Puchades Villarrreal, R., Martí-Belda Bertolín, A., Bosó Seguí, P., Escamilla Robla, C., Lijarcio Carcel, J. I., Seguí Gómez, M. (2014). Programa de intervención, sensibilización y reeducacion vial. Madrid: Dirección General de Tráfico.

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Unidas, N. (s.f.). https://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/. Obtenido de https://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

El deporte en tiempos de pandemia y confinamiento

En estas últimas semanas el mundo se ha parado. La pandemia de Covid-19 ha hecho que muchos Estados confinen a su población, con mayores o menores restricciones. Se han parado todos  los sectores productivos excepto los indispensables, y la ciudadanía ha debido quedarse en su casa la mayor parte del tiempo, con contadas excepciones tasadas. Y eso tiene consecuencias para el individuo (psicológicas, físicas, sociales, de salud) y sociales (económicas, políticas, ideológicas, entre otras).

Ahí es donde entra la práctica de actividad física o deportiva, que puede ser un elemento protector, un factor criminógeno o un sector económico que se considera necesario reactivar rápidamente. En las siguientes líneas desarrollaremos la relación entre el deporte, el individuo y las consecuencias del confinamiento.

 

El deporte como factor de protección

La recomendación de la práctica de actividad físico-deportiva como factor de protección frente a la criminalidad y la desviación social es reconocido y extenso en el tiempo, existiendo ejemplos de iniciativas que, desde la Criminología, buscan aprovechar los valores transmitidos y asociados a la práctica de actividad físico-deportiva en la sociedad para prevenir o intervenir sobre la desviación social.

¿Cuáles son los elementos del deporte que permiten usarlo de esta manera? ¿Es el deporte capaz de generar beneficios psicológicos y sociales suficientes para considerarlo un factor de protección? ¿Puede ayudar la práctica de actividad físico-deportiva en el contexto del confinamiento actual? En las siguientes líneas se desarrollarán los principales elementos que hacen del deporte y su práctica un elemento, en muchos casos fundamental, para ayudar a sobrellevar la situación de confinamiento y aislamiento social.

La salud física y psicológica de los individuos puede verse afectada por el confinamiento. El encierro, el aislamiento, la rutina imposible de cambiar, la falta de contacto social, la frustración por no poder ayudar, son ejemplos de estresores sobre la psique humana en estos momentos. Pero el estado físico también se deteriora: la mayor parte de la actividad física medianamente exigente se realiza al aire libre, y la salud física se resiente al bajar la intensidad de la actividad físico-deportiva realizada o, prácticamente, eliminarla. Por ello, intentar mantener un cierto nivel de práctica deportiva puede ayudar a mejorar la salud físico-psicológica de los individuos, previniendo cuadros médicos que les fuercen a acudir al sistema sanitario ya sea debido a problemas de salud física o psicológica.

El deporte como vector social de prevención frente a la desviación social. La práctica de actividad deportiva se asocia a la transmisión de una serie de valores positivos para la socialización y el respeto por la norma social y legal. Por ello, su el deporte puede ser una herramienta para intervenir en las poblaciones de riesgo, para prevenir que cometan actos desviados.

En el presente estado de confinamiento permitiría gastar energía, desconectar del encierro y aislamiento, y, para quienes formen parte de equipos en disciplinas deportivas, también sigue cumpliendo la función de establecer vínculos sociales y facilitar la sociabilidad, que tan necesaria es para el ser humano. El tener vínculos y personas que hacen importante el respeto de la norma, a través del deporte, puede ser un factor de protección frente al incumplimiento de la regulación vigente en el momento.

 

El deporte como factor criminógeno

Pero el deporte, como negocio y como actividad, también puede ofrecer un campo para que aparezcan la deviación social y la criminalidad. Ya sean la violencia en las gradas o las agresiones entre deportistas y aficionados, o la comisión de delitos de cuello blanco por parte de deportistas o gestores del deporte, lo cierto es que, al igual que sucede con la sociedad en general, el deporte y su entorno no son ajenos a la desviación social y la delincuencia. Además, con las restricciones que operan durante el estado de Alarma, nos encontramos en un contexto en que el deporte y su práctica están (híper)regulados y limitados, pudiendo dar lugar a infracciones y sanciones asociadas a esta nueva situación.

En el presente texto nos centraremos en este segundo apartado, en cómo prevenir la comisión de ilícitos asociados a la práctica de actividad físico-deportiva con las restricciones que operan sobre la movilidad de la ciudadanía en época de (des)confinamiento.

Como se puede apreciar, la posibilidad de regresar a la práctica de actividad física en el exterior puede generar riesgos. Mencionaremos unos pocos:

  • A- Salud: tras un parón prolongado, el estado físico puede verse resentido, con lo que una práctica no escalonada o precipitada podría poner en riesgo la salud de los deportistas, y sobrecargar el sistema sanitario actualmente podría resultar pernicioso para toda la sociedad, además de los individuos afectados.

 

  • B- Criminógeno: el abandono de los hogares, el uso de vehículos para llegar al lugar donde realizar la práctica deportiva, la irritabilidad o estado emocional alterado de algunos ciudadanos debido al encierro pueden provocar que quienes salgan a hacer deporte sean víctimas de distintos tipos de delitos como el vandalismo, los delitos asociados al honor e imagen pública o infracciones de las regulaciones y limitaciones del uso de vehículos para el transporte durante el estado de alarma, sin olvidar el uso de las zonas comunes para la práctica de actividad deportiva, que podría conllevar discusiones en las comunidades de vecinos. Y todo ello debiendo compartir espacio con otros usuarios de las vías públicas. Por ello es importante ser prudente, tomar medidas de protección y tener claro cuáles son los derechos y deberes de cada quien.

 

  • C- Legal: existen, aún ahora, requisitos y restricciones de movilidad y horarios preestablecidos para la salida a la calle de la ciudadanía. Incumplir las distancias de seguridad, el uso de instalaciones deportivas, salir a hacer deporte en grupo, saltarse los horarios marcados, son ejemplos de actitudes que podrían conllevar sanciones derivadas de la regulación del estado de alarma. ¿Alguien se había planteado esto? ¿Qué pasará si aumentan los ilícitos o se da un repunte de contagios debido a una mala comprensión o aplicación de la posibilidad de practicar deporte en el exterior del domicilio?

 

Deporte, desescalada y violencia en el hogar

Una de las grandes preocupaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad durante el confinamiento ha sido -y seguirá siendo- la violencia en el ámbito de la pareja, si bien podríamos extender esta situación a otras formas de violencia en el ámbito doméstico. Queda así reflejado en estadísticas como el aumento del 60% de las llamadas al 016 en el mes de abril respecto al mismo mes en 2019 –informado por la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género– o los datos ofrecidos por la Fundación ANAR, en relación a avisos por violencia contra menores, datos que han variado entre el 36 y el 48% del total de avisos sobre violencia intrafamiliar desde el mes de marzo.

Desde la Criminología las explicaciones son claras: mayor coincidencia en tiempo y espacio de un agresor motivado, una víctima propicia y la ausencia de guardianes efectivos, da como resultado una mayor oportunidad delictiva. Ésta se refuerza con las condiciones del confinamiento, ya comentadas (aislamiento, dificultad en la gestión emocional, etc.). La suma de oportunidad y factores de riesgo favorece un aumento cuantitativo y/o cualitativo de la violencia en el entorno doméstico.

Mención especial merece el elemento de la “ausencia de guardianes efectivos”. Si bien el confinamiento incrementa la posibilidad de detección de algunas situaciones violentas –por ejemplo, mayor coincidencia de vecinos en sus casas hace más probable la denuncia de gritos, golpes y otros ruidos asociados–, dificulta otras vías de detección, como puede ser el contacto directo entre vecinos y víctimas. Los agresores no solo pasan más tiempo con la víctima sino también, según el caso, con hijos, otros familiares o mascotas, teniendo posibilidades de someter psicológicamente a las víctimas sin necesidad de desplegar violencia física, dificultando la detección en las circunstancias actuales.

Con esto dicho, ¿qué tiene que ver el deporte con todo esto? Pues bien, hemos hablado sobre los beneficios del deporte y su contribución como factor de protección frente a la violencia. La ausencia de actividad física puede facilitar la aparición, o potenciación, de factores de riesgo conductuales. Hay que considerar que estos factores –a priori controlables y modificables con la ayuda de la práctica deportiva– pueden sumarse y retroalimentarse con otros factores como el consumo y/o abuso de sustancias, o las condiciones socioeconómicas del momento, entre las que se encuentra el aumento del desempleo. Todos ellos son factores de riesgo específicos de la violencia contra la pareja, así incluidos en las herramientas y protocolos de evaluación y gestión del riesgo, siendo un ejemplo de ellos, S.A.R.A.

Aun pudiendo realizar deporte -dentro del hogar- se seguiría careciendo de algunas ventajas de su realización en espacios abiertos, diferenciados del hogar, y, sobre todo, en contacto con otras personas. Con todo ello, se forma un caldo de cultivo perfecto para la escalada de conductas violentas y la aceleración de los ciclos de violencia característicos de entornos domésticos y familiares. ¿Qué ocurre entonces con la desescalada? ¿Qué nos proporciona la posibilidad de realizar deporte fuera del hogar? Pues los beneficios pueden ser varios, tanto directos –incidiendo sobre los factores de riesgo de los que hemos hablado– como otros que no son inherentes a la práctica deportiva pero que, no obstante, pueden relacionarse con las posibilidades que ofrece la  reducción de restricciones.

Por ejemplo, podría disminuir el tiempo en el que se coincide en la vivienda. Aunque esta disminución sea mínima, digamos de una hora aproximadamente, pueden influir en la conducta del agresor los beneficios de la actividad, mitigando o ralentizando el ciclo de violencia. A su vez, la víctima puede conseguir un periodo de alivio. Puede parecer poco tiempo, pero puede ser suficiente para que la víctima se sienta con confianza necesaria para pedir ayuda, sobre todo si logra identificar una rutina concreta o si convive con otros individuos vulnerables como pueden ser los hijos. Tengamos en cuenta que puede darse el caso de víctimas que, teniendo un plan de salida previo al confinamiento, vieron su escapada frustrada.

Por otro lado, si la propia víctima puede salir, incluso siendo acompañada por el agresor, el mayor contacto con otras personas puede ofrecer oportunidades de auxilio y detección: aumentaría de esta forma el contacto con guardianes. Hablando de guardianes, no podemos olvidar que estas salidas aumentan las probabilidades de entrar en contacto directo con agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, nuevamente suponiendo una oportunidad de denuncia y auxilio.

Resta decir que, aunque se ha comentado todo lo anterior en relación a la violencia contra la pareja, muchas de las cuestiones son aplicables a otras dinámicas violentas en el hogar, como las mencionadas entre padres e hijos. Más allá de la violencia interpersonal, debemos recordar la aplicabilidad de todo esto a casos de violencia autoinfligida, dinámica a menudo olvidada socialmente y sobre la que los criminólogos sin duda podemos aportar.

 

El deporte, la sociedad y la economía: ¿reactivación peligrosa?

Es también menester señalar que el deporte es uno de los grandes sectores económicos en nuestro país, y, como tal, se quiere intentar, por parte de las distintas autoridades retomar la actividad tan pronto como sea posible con unas ciertas garantías de salud y seguridad. ¿Esto podría generar riesgos para deportistas? ¿Cómo afectaría un reinicio precoz a este sector económico? ¿Qué efectos podría tener en la sociedad que se reiniciara la actividad deportiva (efecto ‘panem et circenses’)?

Cuando los motivos para reiniciar una actividad no se basan necesariamente en argumentos o postulados científicos, crea controversia. Cuando, además, ni sus propios participantes entienden qué pasa y qué consecuencias puede llegar a tener, crea caos. Y, habiendo tantos intereses en juego (industria, sociedad y ánimo común, economía, Gobierno, deportistas y gestores deportivos, entre otros), nunca se podrá complacer a todos.

¿Existen riesgos en la activación del deporte de nuevo? Sí, evidentemente, pero en las presentes circunstancias, seguridad absoluta no la encontraremos. ¿Son las medidas tomadas oportunas? Al parecer, los estamentos deportivos han elaborado e implementado un protocolo adecuado, y aceptado por las autoridades para retomar la actividad deportiva profesional en varias disciplinas; también se ha conseguido poder comprobar que los deportistas están en buen estado de salud.

¿Cuestión de género? Pues también. Al parecer, no se van a retomar las competiciones deportivas de más alto nivel estatal en todas las disciplinas deportivas. Las deportistas, en muchos casos, desconocen si se retomará, o se han encontrado con decisiones distintas de las de sus homólogos masculinos.

Pero, en este caso, se han valorado también otros elementos que hacen deseable la vuelta del deporte de masas. En primer lugar, el aspecto económico: sólo el fútbol representa casi un 2% del PIB nacional, entre deportistas, trabajadores de las entidades deportivas y otros negocios asociados. En segundo lugar, se sostiene que la vuelta del deporte a la televisión puede generar una mejoría en el estado de ánimo de la ciudadanía, al proporcionar entretenimiento a un gran número de personas.  En tercer lugar, la recuperación de una sensación de normalidad, empezando por algunos sectores específicos y extendiéndose a los demás, puede beneficiar a la gestión de la pandemia.

Así, pues, ponderando pros y contras, lo cierto es que no parece aventurado sostener que la vuelta del deporte de masas puede ser positiva para la ciudadanía si se realiza con responsabilidad, tal y como parece que se está haciendo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Aguiar, I (2020) ‘Las competiciones oficiales no profesionales ya no son función pública delegada, según el CSD’. Disponible en: https://iusport.com//art/105882/las-competiciones-oficiales-no-profesionales-ya-no-son-funcion-publica-delegada-segun-el-csd

EFE (2020) ‘149 detenidos y 16409 denuncias el primer día de deporte en la calle’. Disponible en: https://iusport.com/art/105808/119-detenidos-y-16409-denuncias-el-primer-dia-de-deporte-en-la-calle

EFE (2020) ‘La FERugby rectifica y proclama campeón al Corterva Cocos femenino’. Disponible en: https://iusport.com/art/105830/ferugby-rectifica-y-proclama-campeon-al-corteva-cocos-femenino

Europa Press (2020) ‘Las llamadas al 016 aumentan un 60% en abril respecto a 2019 y un 37% respecto a marzo’. Disponible en: https://www.europapress.es/epsocial/igualdad/noticia-llamadas-016-aumentan-60-abril-respecto-2019-376-respecto-marzo-20200505191857.html

Fouto, I (2020) ‘La RFEF decide esta semana el desenlace del fútbol no profesional’. Disponible en: https://iusport.com//art/105798/la-rfef-decide-esta-semana-el-desenlace-del-futbol-no-profesional

Loinaz, I. (2017). ‘Manual de evaluación del riesgo de violencia. Metodología y ámbitos de aplicación’. Madrid: Ediciones Pirámide.

Sellés, J (2020) ‘Los deportistas podrán ejercitarse en la fase 0’. Disponible en: https://iusport.com/art/105826/los-deportistas-que-podran-ejercitarse-en-la-fase-0

Valiño, A (2020) ‘Sobre la orden para el deporte profesional y federado’. Disponible en: https://iusport.com/art/105834/sobre-la-orden-de-sanidad-relativa-al-deporte-profesional-y-federado

Yanke, R. (2020) ‘Crece la violencia contra menores en el hogar por el aislamiento: Mi familia no me habla, me siento sola y me he acabado cortando” Disponible en: https://www.elmundo.es/papel/historias/2020/05/07/5eb2ebc821efa029508b462e.html

 

Artículo firmado por el Grupo de trabajo de Criminología en el Deporte del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Un mundo traslúcido entre lo real y lo digital

En ciberseguridad lo más importante es la protección del factor humano, pues es el primero que puede hacer algo contra un ciberataque y el último al ser él quien lo recibe. Tanto en el mundo digital, el llamado ciberespacio, como en el real, nos olvidamos de nuestra seguridad. Esta seguridad a día de hoy la estamos exponiendo por medio de nuestro mundo digital, de nuestro ‘mundo ciber’, nuestras redes sociales y un largo etcétera donde aparecen datos, los nuestros.

Pero si esta fina línea que los separa empieza a difuminarse y los agresores, ladrones y criminales quieren acercarse a nuestra supervivencia física, a nuestro día, nuestra calle, nuestros desplazamientos, ¿qué pasaría? El ávido lector de este artículo de reflexión (en ningún momento pretendo hacer algo científico), pensara que “no pasara nada”, “¿quién me va a conocer?” o “¿por qué me van hacer daño a mí?”.

Estas y otras preguntas/respuestas son las que nos pasan por la cabeza cuando no somos conscientes de lo que conlleva la ciberseguridad, la forma en la que actuamos cuando no pensamos, o pensamos que estamos protegidos. Cuando recibimos un ciberataque, siempre pensamos en robo de dinero mediante ‘phishing’, el perder los datos del smartphone (bloqueo del mismo incluido), nuestras fotos borradas o expuestas en sitios no permitidos por nosotros, fotos que tenemos en el teléfono móvil subidas a cuentas de redes sociales dudosas (pornográficas, pedófilas o en la ‘internet oculta’, entre otras).

Esto nos haría un daño económico o psicológico importante, pero no solo eso, ya que estamos expuestos a estos delitos y alguno más. Estos cibercriminales pueden pasar al mundo físico, al saber datos con información sensible y de ámbito físico: nuestra dirección, nuestros hijos, nuestra familia, nuestras salidas y entradas del hogar, etc.

Estos datos incluso los estamos proporcionado nosotros en redes sociales sin llegar a pensar en ello, lo que nos hace meditar en sí hace falta ser víctima de un ciberataque para estar expuestos a ser asaltados en el mundo físico (robo, acoso, homicidio) por culpa de no pensar en nuestra ciberseguridad.

Los datos que subimos a redes sociales puede hacer que un presunto atacante llegue a saber todos los movimientos que hacemos, como es nuestra casa, cuántas tenemos, a dónde vamos o venimos, incluso el nombre de nuestro hijo o mascota. ¿Por qué comento lo de estos nombres o lugares? Pues porque tenemos tendencias a crear nuestras contraseñas de los dispositivos con cosas que solemos poner en estas redes. De esta forma no hay que ser un experto criminal para poder llegar aún más lejos, saber claves (por defecto o inconsciencia solemos usar estos nombres).

Aquí damos a conocer que estamos expuestos a recibir un ciberataque y un ataque en un mundo físico. Somos personas y como tal nos comportamos, de forma inconsciente cuando no estamos más formados. Si veis la televisión (¡ojo!, ya no tenemos un ordenador) o vídeos en YouTube, observamos que las conexiones de algunos famosos por videoconferencia nos muestran sus casa y enseres, factibles de ser interesante para su robo.

Sí observamos bien y volvemos a los párrafos anteriores nos damos cuenta de que los usuarios, las personas, somos las víctimas, los que nos podemos proteger y los colaboradores inconscientes de estos criminales del ámbito ciber, real o duales, ya que estos mundos están interrelacionándose y cada vez es más traslúcido.

Con estas letras solo quiero mostrar, hacer pensar y meditar al usuario de ordenadores, móviles, dispositivos del ‘internet’ de las cosas, etcétera, que las consecuencias pueden ser graves, que van más allá de ser estafados o perder datos y dinero. Puede llevarnos a ataques físicos de índole o ámbito homicida, pues estamos informando de toda nuestra vida dual.

Es aquí donde vuelvo a realizar la pregunta haciéndola más larga. Si nosotros mismos no pensamos en nuestra ciberseguridad, utilizándolas con cabeza, pensando antes de actuar, formándonos en las tecnologías ¿qué pasaría si se termina de difuminar esta línea?

 

Autor: Juan José Carrillo Miranda, miembro del Grupo de Trabajo de Cibercriminología del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Deporte, familia y delincuencia juvenil: Acción – Reacción

La delincuencia juvenil es un concepto sobre el que, debido a su implicación social, es difícil establecer una acepción exacta que aborde todos los aspectos que incluye. Una de las definiciones más completas es la que establece la delincuencia juvenil como un fenómeno social constituido por un conjunto de infracciones penales cometidas contra las normas sociales, tipificadas por Ley y cometidas en un tiempo y lugar determinados, por personas mayores de 14 años y menores de 18. Se utiliza el término de fenómeno social a la hora de definirlo porque se encuentra relacionado de forma directa con la sociedad y la cultura, y el sujeto activo lo será en función de las características que delimiten a estas.

Como cualquier hecho, ha sufrido numerosos cambios relacionados con las modificaciones que se han llevado a cabo en la sociedad. La delincuencia juvenil ha evolucionado, no solo el fenómeno en sí, sino también la forma en la que se trabaja este desde las diferentes disciplinas que la abordan, incluida la Criminología.

En su momento cualquier trato judicial que se realizara sobre menores que habían cometido un hecho delictivo seguía una filosofía paternalista, en la que los tribunales ejercían como tutores de los menores. El menor era considerado una persona irresponsable, una persona enferma, un sujeto al que había que proteger, por lo que no se le hacía responsable de los hechos que cometía, a pesar de que fueran en contra del orden social y judicial. Era una persona que debido a su inmadurez cometía actos de los que no era lo suficientemente consciente como para hacerse responsable.

Así, al menor no se le pretendía educar, pues sería imposible debido a su incapacidad, por lo que no se le castigaba por sus acciones. Se creó una confusión en relación con cuál sería el método más correcto para tratar al menor delincuente. Como no se sabía qué hacer con ellos, se empezó a aplicar las denominadas medidas de seguridad por la peligrosidad, pues se determinó que este era el principal problema.

Con el paso del tiempo, dejó de considerarse al menor como una persona enferma e incapaz de ser consciente de los actos que realizaba; sino que, al contrario, se le hizo responsable de ellos y se pasó de aplicar una ley sancionadora a una ley educativa guiada por la filosofía de la reinserción. Al menor se le dio capacidad de decisión, tenía a pesar de no superar determinada edad, poder de decisión entre hacer lo bueno y legalmente aceptado o lo malo y hacerse cargo de sus acciones.

La delincuencia juvenil, al igual que otros fenómenos, se ve afectada por numerosos factores que pueden influir de forma negativa o positiva en el desarrollo de este. Estos factores pueden ser, por un lado, factores de riesgo que son aquellos que pueden aumentar la probabilidad de que un adolescente cometa una acción desviada o antisocial; y, por otro lado, factores de protección, que son los que disminuyen esa probabilidad, de forma que favorecen el desarrollo de una conducta prosocial.

Uno de los factores de riesgo que mayor repercusión está teniendo en los últimos tiempos, además de la influencia de los medios de comunicación que exponen de forma constante a los menores a actos desviados, es la influencia de la familia ya que es el principal agente socializador. Dentro de esto nos encontramos como factores que interrelacionan a la familia con comportamientos desviados: las actitudes negativas por parte de los padres e incluso la propia criminalidad de estos.

Hoy en día, uno de los actos desviados y/o delictivos que más se ha visto incrementado a lo largo del tiempo es la violencia en algunos deportes, y en el fútbol en especial. Con el paso de los años, las conductas negativas se han visto aumentados en el desarrollo de este deporte y en la mayor parte de los casos, es realizada por los padres.

Según técnicos que entrenan en categorías inferiores, las peleas en el fútbol surgen en muchos casos por la educación que los padres proporcionan a sus hijos. Los menores y los jóvenes se construyen atendiendo a los ‘inputs’ que recibe tanto de su entorno familiar, en la escuela y por otros aspectos ambientales.

Junto a esto, debemos de tener en cuenta las aportaciones de Bandura con relación al aprendizaje vicario que tiene como base el aprendizaje por observación. Según este, el individuo aprende observando los comportamientos de otros, siempre que las conductas funcionen, de manera que la exposición a hechos desviados y/o delictivos en el fútbol y su funcionalidad en este pueden generar en los menores una repetición de las acciones.

Son numerosas las conductas que estando fuera de los límites sociales pero que se desarrollan dentro de un terreno de juego (patada en la espinilla, escupitajos, entre otras), pues se encuentran reguladas por el ordenamiento deportivo. El problema surge cuando estos actos ven agravada la violencia y cuando se empieza a ejercer desde la grada.

A lo largo de los años, las noticias de la violencia en el fútbol cada vez son más habituales. El periodista Daniel Mateo recogió para un reportaje en el diario ’20 minutos’ la denuncia establecida por el Sindicato de Árbitros acerca de la violencia en el fútbol. El sindicato afirmó que la mayor parte del problema de esta se encuentra en la grada; hablando en porcentajes, se establecería que son el 80% del problema.

Muchos de los padres acaban teniendo un comportamiento de ultras en los partidos de sus hijos. En relación con esto, no solo se hablaría de los actos violentos vinculados con las agresiones físicas que se producen dentro del terreno de juego y sobre todo fuera, sino que es importante hacer referencia a la violencia verbal que se encuentra presente en todas las categorías. “En partidos de benjamines, infantiles o cadetes ya hay insultos, se escuchan barbaridades. Y hay que empezar por ahí, educar desde la base”, estableció Oscar Rubio, psicólogo deportivo, durante una entrevista para el periódico ABC.

De esta forma, nos damos cuenta la relevancia del papel de la familia dentro de los terrenos de juego, pues los pequeños aprenden a partir de estos comportamientos aún no entendiéndolos, pues al fin y al cabo son realizados por los encargados de su educación y su socialización.

De manera paralela, nos encontramos con el papel fundamental de los entrenadores, los cuales, debido a esta situación, no solo se encargan de enseñar a los más pequeños el fútbol, sino que también les ayudan a gestionar las respuestas emocionales que se dan durante los partidos. Les enseñan valores como el compañerismo y, además, les ayudan a progresar educativamente. Se podría hablar de los entrenadores como uno de los factores de protección frente a la delincuencia juvenil vinculada a la violencia en el deporte.

Según Schneider, esa “familiaridad” de los niños con la violencia “puede provocar comportamientos violentos y delictivos cuando son adolescentes y adultos”. La impresionabilidad y la capacidad emocional de reaccionar a la violencia disminuye y la agresividad se acepta como una pauta de comportamiento.

De esta forma, tenemos que enseñar a los deportistas desde pequeños los verdaderos valores del deporte, entre los que no se encuentran la violencia y la dureza extrema. Debemos concienciarles de que cualquier deporte, y en este caso el fútbol es un juego donde se ha de competir con diversión y donde no todo es ganar. Y no solo a los deportistas, sino a todos aquellos espectadores que se toman las competiciones deportivas como una lucha personal en la que solo vale ganar, sin importar los medios utilizados. Se debe empezar a establecer medidas que permitan la regulación de estos actos desviados y/o delictivos que cada día son más habituales en los diferentes terrenos de juego.

Una de las disciplinas que debido a sus características puede ser de gran utilidad en este escenario es la Criminología del Deporte debido a que se encarga de estudiar este fenómeno desde su visión interdisciplinar. Desde esta, se puede intentar conseguir que el deporte actúe como factor de protección regulando aquellos elementos de riesgos como los anteriormente mencionados, de ahí la importancia de darle una oportunidad a esta disciplina de la Criminología, la Criminología del Deporte.

 

Por Mª Isabel Durango López. Coordinadora del Grupo de Trabajo Criminología en el Deporte del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

ERTHEO. (s.f). ‘No a la violencia en el fútbol base’. Obtenido de Ertheo.com:

No a la violencia en el fútbol base

MATEO, D. (2016). ‘Las agresiones en el fútbol base señalan a los padres: “los niños se educan desde la violencia”. Obtenido del periódico ’20 minutos’: https://www.20minutos.es/deportes/noticia/violencia-futbol-base-senala-padres-jugadores-2686073/0/

SCHNEIDER, H. J. (1994). ‘Naturaleza y manifestaciones de la delincuencia infantil y juvenil’. RDPCrim nº 4, UNED, Madrid

YUNTA, E. (2014). ‘El fútbol, violento desde la base’. Obtenido del diario ‘ABC’: https://www.abc.es/deportes/futbol/20141205/abci-futbol-violencia-base-201412042225.html

Descuentos especiales ‘yomequedoencasa’ para colegiados en cursos de Behavior & Law

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Los receptores del curso aprenderán de manera práctica y aplicada los factores de riesgo/protección, la reincidencia y varias herramientas para medir el riesgo en población adulta, menores y psicópatas: (HCR-20, SVR-20, SARA, ERASOR, PCL-­‐R, PCL:YV…).

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El alumno prenderá a realizar perfiles criminales según el método VERA, que es el que usa actualmente la Policía Nacional.

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Animales domésticos como víctimas especiales.

     En estos tiempos de confinamiento y casi total aislamiento en los domicilios, desde la Criminología como ciencia social y multidisciplinar surge el interés por saber cómo va a evolucionar el crimen ante este nuevo escenario que se ha planteado. Desde distintas teorías criminológicas como la Teoría de las actividades rutinarias, Teoría de la elección racional, Teoría del patrón del delito, Teoría General de la delincuencia o del autocontrol, etc; se intenta analizar qué tipos delictivos van a aumentar, cuáles van a disminuir, cómo se van a adaptar los victimarios a las nuevas circunstancias sociales, qué tipo de víctimas van a surgir, y cómo van a poder convivir en el mismo domicilio victimario y víctima en muchos casos; así como si el control social va a ser adecuado o no para poder proteger a estas víctimas y adaptarse a los nuevos tipos delictivos que surjan.

Dentro de los tipos delictivos que pueden aumentar hay que prestar especial atención a los que se produzcan en la intimidad de los domicilios, la conocida como violencia intrafamiliar. Con el aislamiento se produce la convivencia dentro de los domicilios de varios miembros de la familia. En numerosos casos se dará la situación de que el núcleo familiar esté formado por muchas personas que tengan que compartir un espacio reducido, sin posibilidad de tener vías de escape como poder ir a trabajar, salir a la calle, etc. Imaginemos un núcleo familiar formado por una pareja con hijos pequeños y donde además convivan los abuelos, todo esto en un piso de pongamos 70 metros cuadrados con un único baño a compartir por toda la familia. La convivencia durante un mes o más tiempo en estas condiciones debe ser cuando menos complicada.

Si al ejemplo anterior le añadimos que un miembro de la familia ejerce violencia sobre otro u otros miembros, la combinación ya es explosiva de por sí. ¿Cuánto tiempo podrá transcurrir antes del estallido de la violencia, teniendo en cuenta cómo hemos dicho antes que no existen vías de escape?

Hemos nombrado a los distintos miembros que pueden formar el núcleo familiar, pero también debemos tener en cuenta todos y cada uno de los distintos modelos familiares que actualmente existen en la sociedad, y donde en cada uno de ellos, evidentemente, puede surgir también la violencia; pero se ha puesto este núcleo familiar como ejemplo más ilustrativo de confinamiento.

Desde la perspectiva de la Victimología, en la violencia intrafamiliar tenemos un victimario que es la persona que ejerce e impone su control a través de la violencia al resto de miembros de la familia. Y como víctimas, consideradas en este tipo delitos víctimas especiales, a los miembros más vulnerables del núcleo familiar, como son la mujer, los niños y las personas mayores/dependientes que puedan convivir en el domicilio. Llegados a este punto, hay que recordar que en la mitad de domicilios de España convive un miembro más en los núcleos familiares, como son los animales domésticos. Estos forman parte de las familias, conviven en el mismo espacio y sufren el mismo hacinamiento que el resto de miembros. Por lo tanto, si comparten espacio y comparten hacinamiento, también comparten y reciben la misma violencia que el resto de víctimas especiales ya mencionadas.

Los animales domésticos suelen ser una víctima olvidada en la violencia intrafamiliar. Aparecen en estos tiempos muchos artículos que hablan sobre este tipo particular de violencia, como por ejemplo el llevado a cabo por el Dr. Cesar San Juan titulado Daños colaterales en la guerra contra el coronavirus: la violencia intrafamiliar; mencionándose en todos ellos a las víctimas vulnerables sobre las que hay que prestar especial atención como son la mujer, los menores y las personas mayores/dependientes, pero muy pocos o ninguno menciona o tiene en cuenta a los animales como una víctima más.

Este miembro más de la familia debe ser considerado una víctima especial por sus peculiares características, es decir, es una víctima que necesita de la voz de un humano para poder denunciar el maltrato físico o psicológico que está sufriendo. Una vez hecha esta afirmación, alguien podrá pensar que cómo puede sufrir maltrato psicológico un animal de compañía, pues a continuación vamos a intentar explicar los distintos tipos de violencia que puede sufrir esta víctima.

Los animales de compañía son seres vivos sintientes y dependientes. Necesitan de los cuidados de una persona para poder sobrevivir. Deben recibir alimentación y cuidados básicos de higiene y sanitarios para poder desarrollar su vida física y psicológica de una manera adecuada. Como víctimas, pueden ser una víctima directa o una indirecta. Como víctima directa lo puede ser por acción o por omisión; por acción al recibir directamente la agresión por parte del victimario; y por omisión, al no recibir los cuidados y atenciones necesarias de sus necesidades básicas (no alimentarlo, no socializarlo adecuadamente, falta de cuidados veterinarios, falta de un lugar adecuado donde vivir, etc). Como víctima indirecta, al sufrir la persona que esté a su cargo la agresión por parte del victimario, esta deja de poder atender las necesidades básicas del animal, sufriendo este las consecuencias de esa agresión, y pasando a ser una víctima más.

Dentro de la violencia intrafamiliar, los animales de compañía pueden ser utilizados por los victimarios como método de control para imponer su criterio a través de la violencia al resto de miembros del núcleo familiar. Es decir, violencia hacia el animal, o se amenaza al resto de la familia con hacerle un daño al animal si no se cumple su voluntad. En este caso se estaría utilizando una violencia coercitiva, que le aporta como ventajas al victimario la menor pena que supone un delito de maltrato animal en comparación con un delito de violencia en el ámbito familiar, tener un poder a través de la violencia explícita sobre el resto de la familia y conseguir la sumisión de estos miembros.

Como consecuencias negativas en el resto de la familia se puede destacar un aprendizaje vicario por parte de los niños o menores que formen parte del núcleo familiar, interiorizando y dando como buena esta conducta violenta para conseguir todo aquello que quiera. También se puede producir la conocida como escalera de la violencia, donde la violencia ejercida por el miembro que ocupa el lugar jerárquico más alto se produce hacia el que ocupa el lugar inmediatamente inferior; este la realiza sobre el que se encuentra por debajo de él, así sucesivamente hasta que acaba con la violencia hacia el miembro más débil o vulnerable de la familia, siendo estos los menores y los animales domésticos.

Tal es la importancia de los animales domésticos dentro de los núcleos familiares que muchas mujeres víctimas de violencia de género o de violencia familiar no quieren abandonar su domicilio si no es en compañía de sus animales. Es una decisión muy dura el tener que abandonar el domicilio dejando a su ser querido con la persona que la está maltratando, sabiendo que puede hacer daño al animal para hacerla daño a ella.

En este sentido, la Dirección General de Derechos de los Animales, en coordinación con el programa VioPet, ha puesto a disposición de todas las personas víctimas de violencia intrafamiliar y violencia de género un número de teléfono al que poder dirigirse si se encuentran en la situación de tener un animal doméstico del que no se quieren separar o el cual no tienen con quien dejar para que lo cuiden adecuadamente. (Se aportan los distintos números de teléfono al final del artículo).

Desde la Criminología, donde en los últimos tiempos se ha devuelto la importancia y el protagonismo a la víctima, hay que dar solución a la problemática que surge con todas estas víctimas especiales que provoca la violencia intrafamiliar. Dentro de estas víctimas, nos encontramos a los animales domésticos, los cuales forman parte de las familias, pero no tienen la protección jurídica adecuada. Sufren las consecuencias negativas de toda la violencia que se puede ejercer dentro de un determinado domicilio, pero no están reconocidos como una víctima más, con sus especiales características.

Para finalizar este artículo, si eres víctima de violencia intrafamiliar o conoces algún caso donde se pueda estar dando esta situación, desde la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género se facilitan varios números de teléfono en los que asesorarse y denunciar, siendo estos el 016, como teléfono de información y asesoramiento ante la Violencia de Género; el 112 como teléfono de emergencias de la Comunidad de Madrid; y los números 682 91 61 36 y 682 50 85 07 como teléfonos donde poder recibir ayuda y apoyo psicológico.

De la misma manera, la Dirección General de Derechos de los Animales, en colaboración con el programa Viopet, pone a disposición el número de teléfono 673 76 53 30, habilitado para gestionar espacios seguros para los animales en casos de Violencia de Género.

 

Fdo: Grupo de trabajo sobre Maltrato Animal del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Criminología y Estado de Alarma

Artículo publicado en el periódico ‘La Nueva España’ de Oviedo el 23 de marzo por Emilio Marqués Suárez, profesor-tutor de Criminología del Centro asociado de la UNED en Asturias y miembro del CPCM.

 

En numerosas ocasiones se utiliza el término «alarma social» para referirnos a la gravedad de un hecho delictivo y la respuesta judicial que este tiene. Hemos de señalar al respecto que la alusión al término «alarma social» ha desaparecido de los artículos 503 y 504 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim) tras la modificación efectuada por la Ley Orgánica 13/2003, ya que anteriormente y por resumir, se podía decretar prisión provisional basada en la genérica»alarma social» ocasionada por el delito cometido y el Tribunal Constitucional en Sentencia del año 2000 (STC. 47/2000) ya había considerado que no era constitucionalmente válida esta fórmula por quebrar los principios y garantías jurídicas fundamentales al presuponer un juicio previo de culpabilidad, quedando vigentes el riesgo de fuga y de obstrucción al proceso.

Sin embargo, este estado de Alarma que vivimos hoy en nuestra sociedad obedece a otra situación, es un estado decretado por el Ejecutivo, al igual que el de Excepción o de Sitio. La diferencia es que; Alarma lo declara el Gobierno mediante decreto acordado por el Consejo de Ministros por un máximo de 15 días dando cuenta al Congreso; Sitio lo determina el Congreso por mayoría absoluta y Excepción lo acuerda el Consejo de Ministros previa autorización del Congreso de los Diputados. Todos estos «estados» están previstos en el art. 116 de la Constitución y se desarrollan en la Ley 4/1981 de 1 de junio.

Hoy la alarma tiene varias acepciones, entre ellas y la más destacable es la «intervención del orden social» por el Gobierno para movilizar recursos públicos y privados, sanitarios,económicos, civiles y militares, en aras de proteger a los ciudadanos de esa emergencia social a la que se enfrentan. Traduciéndose esto en la posibilidad de intervenir industrias farmacéuticas, hospitales privados y otros servicios de necesidad.

La mayor emergencia o la que más preocupa actualmente y así lo resaltan los medios de comunicación es la sanitaria, la salud de las personas, la pandemia, la atención hospitalaria y evitar el contagio del ciudadano para que el COVID-19 no se propague, sorteando así una alta tasa de mortalidad entre la población más vulnerable.

A nivel individual, el texto del BOE 14 de marzo de 2020 explica qué pueden hacer los ciudadanos y qué cosas no, durante la duración de este periodo de Alarma.

El comportamiento irresponsable de aquellos que incumplen las instrucciones dadas por las autoridades, de quedarse en sus casas durante el tiempo que dure esta situación, 14 días ahora prorrogados, no es el único comportamiento constitutivo de peligro social. Y el mero hecho de quedarse en casa tampoco garantiza la paz absoluta.

Las pandemias suelen traer consigo actuaciones incívicas de sujetos que causan atmósferas de conflicto y tensión, ciudadanos a los que el miedo les hace incurrir en conductas temerarias. Las agresiones por conseguir productos en supermercados y tiendas, los hostigamientos o provocar accidentes debido a determinadas imprudencias cuya raíz está en el pánico colectivo, son algunos de los peligros que atraen estos escenarios sociales.El miedo entendido como aquella percepción subjetiva de inseguridad que tienen las personas en un contexto concreto es un factor determinante en la calidad de vida.

En el momento en que las personas perciben peligro, su calidad de vida se ve amenazada,aparecen los cambios de hábitos, la ansiedad y con ello las temeridades o la truhanería que muchos sujetos agudizan, sacando lo peor del ser humano con el único fin de lucrarse con el mal ajeno. Descendiendo en igual medida que la moral de algunos, la «calidad de vida urbana».

Desde el sentido común podríamos pensar que cuando en un estado de Alarma las personas permanecen en sus casas, la tasa de delincuencia se reducirá a cero y habrá más sensación de seguridad en las calles, cometiéndose menor número de delitos. Nada más lejos. No solamente las urbes desiertas son un buen escenario para la «ocasión» que podrían aprovechar muchos delincuentes para hacer de estos lugares sus territorios de caza, sino que provocan una sensación de desamparo.

Existen además de los delitos expresamente recogidos en los artículos 550 a 556 del Código Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana, otra tipología de estos que por su necesario modus operandi son más frecuentes cuando se dan condiciones como las que actualmente estamos viviendo. Nos referimos a delitos en las redes sociales, en el seno familiar o en determinados lugares en que confluyen intereses sociales contrapuestos.

La conducta del maltrato dentro de la familia conlleva la existencia de una serie de psicopatologías; carácter agresivo, falta de control de la ira, consumo de sustancias y estupefacientes o alcohol, un producto este último sobre el que hemos visto a numerosas personas proveerse de ingentes cantidades en tiendas y supermercados, aunque también el síndrome de abstinencia puede ser un factor concurrente en la comisión de determinados comportamientos delictivos. Asimismo, se investigan alteraciones de la personalidad en los problemas de violencia de género que puedan explicar tales reacciones.

Las teorías criminológicas basadas en la violencia dentro del núcleo familiar asumen que esta es el resultado de problemas derivados de una interacción inadecuada en la familia y de los patrones desadaptativos de resolución de conflictos de pareja o familiares. En situaciones de permanencia obligada y prolongada en el domicilio, estas patologías pueden aflorar con más virulencia.

La respuesta social es uno de los elementos fundamentales en la lucha orientada a erradicar el problema anteriormente expuesto. No se trata de pedir a los ciudadanos,como único medio de control informal, que estén alerta si saben que una familia está siendo maltratada o una mujer está siendo víctima de violencia de género, la Ley Integral de V.G. fue sin duda una herramienta necesaria para abordar este tema, pero no suficiente.

En estados excepcionales como el que estamos viviendo, se ha de movilizar a los Servicios Sociales al igual que se moviliza a los Servicios Sanitarios. La intervención Estatal ha de extenderse hacia la protección y bienestar de las familias o grupos con mayores necesidades, lo registros de maltrato familiar o VIOGEN han de cobrar especial importancia. Se ha de movilizar a los Trabajadores Sociales, Educadores Sociales,Psicólogos y Criminólogos para combatir determinados tipos de violencia de los que no se pueden encargar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por estar inmersos en otro tipo de labores preventivas o combativas de delitos. No podemos depender únicamente del voluntariado espontáneo.

El control del problema que planteamos ha de estar en manos de profesionales no se ha de ver como un asunto de menor importancia olvidándonos de él, se han de realizar visitas domiciliarias, vigilancia y atención especializada, para dar cobertura a estas dificultades que atraviesa la población al igual que se hace con la atención psicológica ofrecida a las víctimas en casos de catástrofes o terrorismo.

Las conductas desviadas en la red son otra gran preocupación cuando aumenta el número de personas que permanecen conectadas a las redes sociales de forma masiva desde sus domicilios. Los delitos en este campo se pueden incrementar de manera exponencial ante una situación de Alarma en la que crece el número de usuarios que intercambia distintas opiniones, muchas veces controvertidas y con trasfondos político-sociales o raciales. Es un factor a tener en cuenta por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero también por esos medios de control informal a los que hacíamos alusión. Los padres o tutores son el primer filtro que deben tener los jóvenes en este momento, cuando la permanencia domiciliaria propicia el consumo de su tiempo frente al ordenador.

No podemos obviar que los depredadores de la red verán en este momento un territorio de caza propicio para sus fines.

Los medios de comunicación no deben instar al ocio en la red, hemos de entender que es un canal de información que no se puede colapsar, es necesario dejarlo libre para los profesionales, lo estamos saturando innecesariamente con memes y videos que ocupan demasiado espacio, dando lugar en muchos casos a la divulgación de noticias falsas. Paradójicamente se ha de volver a la difusión de información por los métodos tradicionales, televisión o radio y al consumo de publicaciones escritas.

En términos generales Asturias juega con cierta ventaja en lo que a la comisión de delitos se refiere y aunque los datos oficiales ofrecieron un incremento de la delincuencia producido en 2018, actualmente somos la comunidad con índices delictivos más bajos de España según fuentes del Ministerio del Interior publicadas por EpData en 2019.

En momentos así se echa de menos, no sólo la voluntad de enfrentarse con profesionalidad a circunstancias excepcionales, o la falta de previsión que evidencia la carencia de programas concretos para afrontar situaciones como las detalladas, sino la ausencia de un mensaje claro sobre la necesidad de solidaridad humana y sobre todo de empatía social, desde las instituciones hacia los ciudadanos. Informar y llegar a los jóvenes a través de sus redes de comunicación es tan fácil como beneficioso, sólo falta voluntad Institucional. Porque tenemos los medios y tenemos los profesionales que pueden hacerlo.

La criminología obliga a observar la empatía como uno de los argumentos más eficaces para combatir la violencia que pueda aparecer en determinados escenarios. Es un arma sobradamente conocida por aquellos profesionales que se enfrentan a la resolución de conflictos mediante la negociación. Nuestra especie es quizá la más violenta del planeta,porque somos capaces de asesinar en serie, de cometer genocidios y otras atrocidades en masa similares. Pero, por otro lado, los seres humanos somos también la especie más empática. Capaces de ponernos en el lugar de otros y actuar de manera altruista con personas que no pertenecen a nuestro entorno o familia. Si potenciamos la empatía entre las personas, para estas será mucho más difícil y complicado comportarse de modo violento. La educación dirigida a la empatía podría representar un camino efectivo para reducir los conflictos y actos agresivos.

Una vez más la educación se muestra como el método de combate más efectivo para afrontar situaciones difíciles.

Muchos de los técnicos que hemos señalado, pertenecen a una nueva era social, algunas son carreras universitarias de última generación y son tan necesarios en estos momentos como los profesionales sanitarios encargados de velar por la salud física de los hospitalizados. Muchos de ellos podrían estar en esa reserva activa necesaria para la ayuda domiciliaria de una población envejecida, afectada por el maltrato, con antecedentes de violencia de género u otras patologías personales o sociales que se deben auxiliar.

Un estado de Alarma no conlleva solamente la intervención de empresas, la militarización de la seguridad u ordenar el encierro domiciliario olvidándonos que tras él continúa habiendo personas con insuficiencias sociales.

Para lograr este objetivo hace falta que se eduque en la empatía, sí, pero también que se mapeen los problemas, se creen departamentos multidisciplinares, bases de datos y/o se realicen estudios criminológicos. Equipos de expertos dirigidos a la preparación de profesionales que llegado el momento puedan hacer frente a tan arduas situaciones. Porque nuestra sociedad es muy distinta a otras repartidas por la geografía europea mundial y sus necesidades también, por ello es preciso especificación.

El COVID-19 ha de servir para emprender un camino diferente. Ha de despertar en las personas e Instituciones esa solidaridad y empatía perdida, redundando todo ello en nuestra propia seguridad.