Un mundo traslúcido entre lo real y lo digital

En ciberseguridad lo más importante es la protección del factor humano, pues es el primero que puede hacer algo contra un ciberataque y el último al ser él quien lo recibe. Tanto en el mundo digital, el llamado ciberespacio, como en el real, nos olvidamos de nuestra seguridad. Esta seguridad a día de hoy la estamos exponiendo por medio de nuestro mundo digital, de nuestro ‘mundo ciber’, nuestras redes sociales y un largo etcétera donde aparecen datos, los nuestros.

Pero si esta fina línea que los separa empieza a difuminarse y los agresores, ladrones y criminales quieren acercarse a nuestra supervivencia física, a nuestro día, nuestra calle, nuestros desplazamientos, ¿qué pasaría? El ávido lector de este artículo de reflexión (en ningún momento pretendo hacer algo científico), pensara que “no pasara nada”, “¿quién me va a conocer?” o “¿por qué me van hacer daño a mí?”.

Estas y otras preguntas/respuestas son las que nos pasan por la cabeza cuando no somos conscientes de lo que conlleva la ciberseguridad, la forma en la que actuamos cuando no pensamos, o pensamos que estamos protegidos. Cuando recibimos un ciberataque, siempre pensamos en robo de dinero mediante ‘phishing’, el perder los datos del smartphone (bloqueo del mismo incluido), nuestras fotos borradas o expuestas en sitios no permitidos por nosotros, fotos que tenemos en el teléfono móvil subidas a cuentas de redes sociales dudosas (pornográficas, pedófilas o en la ‘internet oculta’, entre otras).

Esto nos haría un daño económico o psicológico importante, pero no solo eso, ya que estamos expuestos a estos delitos y alguno más. Estos cibercriminales pueden pasar al mundo físico, al saber datos con información sensible y de ámbito físico: nuestra dirección, nuestros hijos, nuestra familia, nuestras salidas y entradas del hogar, etc.

Estos datos incluso los estamos proporcionado nosotros en redes sociales sin llegar a pensar en ello, lo que nos hace meditar en sí hace falta ser víctima de un ciberataque para estar expuestos a ser asaltados en el mundo físico (robo, acoso, homicidio) por culpa de no pensar en nuestra ciberseguridad.

Los datos que subimos a redes sociales puede hacer que un presunto atacante llegue a saber todos los movimientos que hacemos, como es nuestra casa, cuántas tenemos, a dónde vamos o venimos, incluso el nombre de nuestro hijo o mascota. ¿Por qué comento lo de estos nombres o lugares? Pues porque tenemos tendencias a crear nuestras contraseñas de los dispositivos con cosas que solemos poner en estas redes. De esta forma no hay que ser un experto criminal para poder llegar aún más lejos, saber claves (por defecto o inconsciencia solemos usar estos nombres).

Aquí damos a conocer que estamos expuestos a recibir un ciberataque y un ataque en un mundo físico. Somos personas y como tal nos comportamos, de forma inconsciente cuando no estamos más formados. Si veis la televisión (¡ojo!, ya no tenemos un ordenador) o vídeos en YouTube, observamos que las conexiones de algunos famosos por videoconferencia nos muestran sus casa y enseres, factibles de ser interesante para su robo.

Sí observamos bien y volvemos a los párrafos anteriores nos damos cuenta de que los usuarios, las personas, somos las víctimas, los que nos podemos proteger y los colaboradores inconscientes de estos criminales del ámbito ciber, real o duales, ya que estos mundos están interrelacionándose y cada vez es más traslúcido.

Con estas letras solo quiero mostrar, hacer pensar y meditar al usuario de ordenadores, móviles, dispositivos del ‘internet’ de las cosas, etcétera, que las consecuencias pueden ser graves, que van más allá de ser estafados o perder datos y dinero. Puede llevarnos a ataques físicos de índole o ámbito homicida, pues estamos informando de toda nuestra vida dual.

Es aquí donde vuelvo a realizar la pregunta haciéndola más larga. Si nosotros mismos no pensamos en nuestra ciberseguridad, utilizándolas con cabeza, pensando antes de actuar, formándonos en las tecnologías ¿qué pasaría si se termina de difuminar esta línea?

 

Autor: Juan José Carrillo Miranda, miembro del Grupo de Trabajo de Cibercriminología del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Deporte, familia y delincuencia juvenil: Acción – Reacción

La delincuencia juvenil es un concepto sobre el que, debido a su implicación social, es difícil establecer una acepción exacta que aborde todos los aspectos que incluye. Una de las definiciones más completas es la que establece la delincuencia juvenil como un fenómeno social constituido por un conjunto de infracciones penales cometidas contra las normas sociales, tipificadas por Ley y cometidas en un tiempo y lugar determinados, por personas mayores de 14 años y menores de 18. Se utiliza el término de fenómeno social a la hora de definirlo porque se encuentra relacionado de forma directa con la sociedad y la cultura, y el sujeto activo lo será en función de las características que delimiten a estas.

Como cualquier hecho, ha sufrido numerosos cambios relacionados con las modificaciones que se han llevado a cabo en la sociedad. La delincuencia juvenil ha evolucionado, no solo el fenómeno en sí, sino también la forma en la que se trabaja este desde las diferentes disciplinas que la abordan, incluida la Criminología.

En su momento cualquier trato judicial que se realizara sobre menores que habían cometido un hecho delictivo seguía una filosofía paternalista, en la que los tribunales ejercían como tutores de los menores. El menor era considerado una persona irresponsable, una persona enferma, un sujeto al que había que proteger, por lo que no se le hacía responsable de los hechos que cometía, a pesar de que fueran en contra del orden social y judicial. Era una persona que debido a su inmadurez cometía actos de los que no era lo suficientemente consciente como para hacerse responsable.

Así, al menor no se le pretendía educar, pues sería imposible debido a su incapacidad, por lo que no se le castigaba por sus acciones. Se creó una confusión en relación con cuál sería el método más correcto para tratar al menor delincuente. Como no se sabía qué hacer con ellos, se empezó a aplicar las denominadas medidas de seguridad por la peligrosidad, pues se determinó que este era el principal problema.

Con el paso del tiempo, dejó de considerarse al menor como una persona enferma e incapaz de ser consciente de los actos que realizaba; sino que, al contrario, se le hizo responsable de ellos y se pasó de aplicar una ley sancionadora a una ley educativa guiada por la filosofía de la reinserción. Al menor se le dio capacidad de decisión, tenía a pesar de no superar determinada edad, poder de decisión entre hacer lo bueno y legalmente aceptado o lo malo y hacerse cargo de sus acciones.

La delincuencia juvenil, al igual que otros fenómenos, se ve afectada por numerosos factores que pueden influir de forma negativa o positiva en el desarrollo de este. Estos factores pueden ser, por un lado, factores de riesgo que son aquellos que pueden aumentar la probabilidad de que un adolescente cometa una acción desviada o antisocial; y, por otro lado, factores de protección, que son los que disminuyen esa probabilidad, de forma que favorecen el desarrollo de una conducta prosocial.

Uno de los factores de riesgo que mayor repercusión está teniendo en los últimos tiempos, además de la influencia de los medios de comunicación que exponen de forma constante a los menores a actos desviados, es la influencia de la familia ya que es el principal agente socializador. Dentro de esto nos encontramos como factores que interrelacionan a la familia con comportamientos desviados: las actitudes negativas por parte de los padres e incluso la propia criminalidad de estos.

Hoy en día, uno de los actos desviados y/o delictivos que más se ha visto incrementado a lo largo del tiempo es la violencia en algunos deportes, y en el fútbol en especial. Con el paso de los años, las conductas negativas se han visto aumentados en el desarrollo de este deporte y en la mayor parte de los casos, es realizada por los padres.

Según técnicos que entrenan en categorías inferiores, las peleas en el fútbol surgen en muchos casos por la educación que los padres proporcionan a sus hijos. Los menores y los jóvenes se construyen atendiendo a los ‘inputs’ que recibe tanto de su entorno familiar, en la escuela y por otros aspectos ambientales.

Junto a esto, debemos de tener en cuenta las aportaciones de Bandura con relación al aprendizaje vicario que tiene como base el aprendizaje por observación. Según este, el individuo aprende observando los comportamientos de otros, siempre que las conductas funcionen, de manera que la exposición a hechos desviados y/o delictivos en el fútbol y su funcionalidad en este pueden generar en los menores una repetición de las acciones.

Son numerosas las conductas que estando fuera de los límites sociales pero que se desarrollan dentro de un terreno de juego (patada en la espinilla, escupitajos, entre otras), pues se encuentran reguladas por el ordenamiento deportivo. El problema surge cuando estos actos ven agravada la violencia y cuando se empieza a ejercer desde la grada.

A lo largo de los años, las noticias de la violencia en el fútbol cada vez son más habituales. El periodista Daniel Mateo recogió para un reportaje en el diario ’20 minutos’ la denuncia establecida por el Sindicato de Árbitros acerca de la violencia en el fútbol. El sindicato afirmó que la mayor parte del problema de esta se encuentra en la grada; hablando en porcentajes, se establecería que son el 80% del problema.

Muchos de los padres acaban teniendo un comportamiento de ultras en los partidos de sus hijos. En relación con esto, no solo se hablaría de los actos violentos vinculados con las agresiones físicas que se producen dentro del terreno de juego y sobre todo fuera, sino que es importante hacer referencia a la violencia verbal que se encuentra presente en todas las categorías. “En partidos de benjamines, infantiles o cadetes ya hay insultos, se escuchan barbaridades. Y hay que empezar por ahí, educar desde la base”, estableció Oscar Rubio, psicólogo deportivo, durante una entrevista para el periódico ABC.

De esta forma, nos damos cuenta la relevancia del papel de la familia dentro de los terrenos de juego, pues los pequeños aprenden a partir de estos comportamientos aún no entendiéndolos, pues al fin y al cabo son realizados por los encargados de su educación y su socialización.

De manera paralela, nos encontramos con el papel fundamental de los entrenadores, los cuales, debido a esta situación, no solo se encargan de enseñar a los más pequeños el fútbol, sino que también les ayudan a gestionar las respuestas emocionales que se dan durante los partidos. Les enseñan valores como el compañerismo y, además, les ayudan a progresar educativamente. Se podría hablar de los entrenadores como uno de los factores de protección frente a la delincuencia juvenil vinculada a la violencia en el deporte.

Según Schneider, esa “familiaridad” de los niños con la violencia “puede provocar comportamientos violentos y delictivos cuando son adolescentes y adultos”. La impresionabilidad y la capacidad emocional de reaccionar a la violencia disminuye y la agresividad se acepta como una pauta de comportamiento.

De esta forma, tenemos que enseñar a los deportistas desde pequeños los verdaderos valores del deporte, entre los que no se encuentran la violencia y la dureza extrema. Debemos concienciarles de que cualquier deporte, y en este caso el fútbol es un juego donde se ha de competir con diversión y donde no todo es ganar. Y no solo a los deportistas, sino a todos aquellos espectadores que se toman las competiciones deportivas como una lucha personal en la que solo vale ganar, sin importar los medios utilizados. Se debe empezar a establecer medidas que permitan la regulación de estos actos desviados y/o delictivos que cada día son más habituales en los diferentes terrenos de juego.

Una de las disciplinas que debido a sus características puede ser de gran utilidad en este escenario es la Criminología del Deporte debido a que se encarga de estudiar este fenómeno desde su visión interdisciplinar. Desde esta, se puede intentar conseguir que el deporte actúe como factor de protección regulando aquellos elementos de riesgos como los anteriormente mencionados, de ahí la importancia de darle una oportunidad a esta disciplina de la Criminología, la Criminología del Deporte.

 

Por Mª Isabel Durango López. Coordinadora del Grupo de Trabajo Criminología en el Deporte del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

ERTHEO. (s.f). ‘No a la violencia en el fútbol base’. Obtenido de Ertheo.com:

No a la violencia en el fútbol base

MATEO, D. (2016). ‘Las agresiones en el fútbol base señalan a los padres: “los niños se educan desde la violencia”. Obtenido del periódico ’20 minutos’: https://www.20minutos.es/deportes/noticia/violencia-futbol-base-senala-padres-jugadores-2686073/0/

SCHNEIDER, H. J. (1994). ‘Naturaleza y manifestaciones de la delincuencia infantil y juvenil’. RDPCrim nº 4, UNED, Madrid

YUNTA, E. (2014). ‘El fútbol, violento desde la base’. Obtenido del diario ‘ABC’: https://www.abc.es/deportes/futbol/20141205/abci-futbol-violencia-base-201412042225.html

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Animales domésticos como víctimas especiales.

     En estos tiempos de confinamiento y casi total aislamiento en los domicilios, desde la Criminología como ciencia social y multidisciplinar surge el interés por saber cómo va a evolucionar el crimen ante este nuevo escenario que se ha planteado. Desde distintas teorías criminológicas como la Teoría de las actividades rutinarias, Teoría de la elección racional, Teoría del patrón del delito, Teoría General de la delincuencia o del autocontrol, etc; se intenta analizar qué tipos delictivos van a aumentar, cuáles van a disminuir, cómo se van a adaptar los victimarios a las nuevas circunstancias sociales, qué tipo de víctimas van a surgir, y cómo van a poder convivir en el mismo domicilio victimario y víctima en muchos casos; así como si el control social va a ser adecuado o no para poder proteger a estas víctimas y adaptarse a los nuevos tipos delictivos que surjan.

Dentro de los tipos delictivos que pueden aumentar hay que prestar especial atención a los que se produzcan en la intimidad de los domicilios, la conocida como violencia intrafamiliar. Con el aislamiento se produce la convivencia dentro de los domicilios de varios miembros de la familia. En numerosos casos se dará la situación de que el núcleo familiar esté formado por muchas personas que tengan que compartir un espacio reducido, sin posibilidad de tener vías de escape como poder ir a trabajar, salir a la calle, etc. Imaginemos un núcleo familiar formado por una pareja con hijos pequeños y donde además convivan los abuelos, todo esto en un piso de pongamos 70 metros cuadrados con un único baño a compartir por toda la familia. La convivencia durante un mes o más tiempo en estas condiciones debe ser cuando menos complicada.

Si al ejemplo anterior le añadimos que un miembro de la familia ejerce violencia sobre otro u otros miembros, la combinación ya es explosiva de por sí. ¿Cuánto tiempo podrá transcurrir antes del estallido de la violencia, teniendo en cuenta cómo hemos dicho antes que no existen vías de escape?

Hemos nombrado a los distintos miembros que pueden formar el núcleo familiar, pero también debemos tener en cuenta todos y cada uno de los distintos modelos familiares que actualmente existen en la sociedad, y donde en cada uno de ellos, evidentemente, puede surgir también la violencia; pero se ha puesto este núcleo familiar como ejemplo más ilustrativo de confinamiento.

Desde la perspectiva de la Victimología, en la violencia intrafamiliar tenemos un victimario que es la persona que ejerce e impone su control a través de la violencia al resto de miembros de la familia. Y como víctimas, consideradas en este tipo delitos víctimas especiales, a los miembros más vulnerables del núcleo familiar, como son la mujer, los niños y las personas mayores/dependientes que puedan convivir en el domicilio. Llegados a este punto, hay que recordar que en la mitad de domicilios de España convive un miembro más en los núcleos familiares, como son los animales domésticos. Estos forman parte de las familias, conviven en el mismo espacio y sufren el mismo hacinamiento que el resto de miembros. Por lo tanto, si comparten espacio y comparten hacinamiento, también comparten y reciben la misma violencia que el resto de víctimas especiales ya mencionadas.

Los animales domésticos suelen ser una víctima olvidada en la violencia intrafamiliar. Aparecen en estos tiempos muchos artículos que hablan sobre este tipo particular de violencia, como por ejemplo el llevado a cabo por el Dr. Cesar San Juan titulado Daños colaterales en la guerra contra el coronavirus: la violencia intrafamiliar; mencionándose en todos ellos a las víctimas vulnerables sobre las que hay que prestar especial atención como son la mujer, los menores y las personas mayores/dependientes, pero muy pocos o ninguno menciona o tiene en cuenta a los animales como una víctima más.

Este miembro más de la familia debe ser considerado una víctima especial por sus peculiares características, es decir, es una víctima que necesita de la voz de un humano para poder denunciar el maltrato físico o psicológico que está sufriendo. Una vez hecha esta afirmación, alguien podrá pensar que cómo puede sufrir maltrato psicológico un animal de compañía, pues a continuación vamos a intentar explicar los distintos tipos de violencia que puede sufrir esta víctima.

Los animales de compañía son seres vivos sintientes y dependientes. Necesitan de los cuidados de una persona para poder sobrevivir. Deben recibir alimentación y cuidados básicos de higiene y sanitarios para poder desarrollar su vida física y psicológica de una manera adecuada. Como víctimas, pueden ser una víctima directa o una indirecta. Como víctima directa lo puede ser por acción o por omisión; por acción al recibir directamente la agresión por parte del victimario; y por omisión, al no recibir los cuidados y atenciones necesarias de sus necesidades básicas (no alimentarlo, no socializarlo adecuadamente, falta de cuidados veterinarios, falta de un lugar adecuado donde vivir, etc). Como víctima indirecta, al sufrir la persona que esté a su cargo la agresión por parte del victimario, esta deja de poder atender las necesidades básicas del animal, sufriendo este las consecuencias de esa agresión, y pasando a ser una víctima más.

Dentro de la violencia intrafamiliar, los animales de compañía pueden ser utilizados por los victimarios como método de control para imponer su criterio a través de la violencia al resto de miembros del núcleo familiar. Es decir, violencia hacia el animal, o se amenaza al resto de la familia con hacerle un daño al animal si no se cumple su voluntad. En este caso se estaría utilizando una violencia coercitiva, que le aporta como ventajas al victimario la menor pena que supone un delito de maltrato animal en comparación con un delito de violencia en el ámbito familiar, tener un poder a través de la violencia explícita sobre el resto de la familia y conseguir la sumisión de estos miembros.

Como consecuencias negativas en el resto de la familia se puede destacar un aprendizaje vicario por parte de los niños o menores que formen parte del núcleo familiar, interiorizando y dando como buena esta conducta violenta para conseguir todo aquello que quiera. También se puede producir la conocida como escalera de la violencia, donde la violencia ejercida por el miembro que ocupa el lugar jerárquico más alto se produce hacia el que ocupa el lugar inmediatamente inferior; este la realiza sobre el que se encuentra por debajo de él, así sucesivamente hasta que acaba con la violencia hacia el miembro más débil o vulnerable de la familia, siendo estos los menores y los animales domésticos.

Tal es la importancia de los animales domésticos dentro de los núcleos familiares que muchas mujeres víctimas de violencia de género o de violencia familiar no quieren abandonar su domicilio si no es en compañía de sus animales. Es una decisión muy dura el tener que abandonar el domicilio dejando a su ser querido con la persona que la está maltratando, sabiendo que puede hacer daño al animal para hacerla daño a ella.

En este sentido, la Dirección General de Derechos de los Animales, en coordinación con el programa VioPet, ha puesto a disposición de todas las personas víctimas de violencia intrafamiliar y violencia de género un número de teléfono al que poder dirigirse si se encuentran en la situación de tener un animal doméstico del que no se quieren separar o el cual no tienen con quien dejar para que lo cuiden adecuadamente. (Se aportan los distintos números de teléfono al final del artículo).

Desde la Criminología, donde en los últimos tiempos se ha devuelto la importancia y el protagonismo a la víctima, hay que dar solución a la problemática que surge con todas estas víctimas especiales que provoca la violencia intrafamiliar. Dentro de estas víctimas, nos encontramos a los animales domésticos, los cuales forman parte de las familias, pero no tienen la protección jurídica adecuada. Sufren las consecuencias negativas de toda la violencia que se puede ejercer dentro de un determinado domicilio, pero no están reconocidos como una víctima más, con sus especiales características.

Para finalizar este artículo, si eres víctima de violencia intrafamiliar o conoces algún caso donde se pueda estar dando esta situación, desde la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género se facilitan varios números de teléfono en los que asesorarse y denunciar, siendo estos el 016, como teléfono de información y asesoramiento ante la Violencia de Género; el 112 como teléfono de emergencias de la Comunidad de Madrid; y los números 682 91 61 36 y 682 50 85 07 como teléfonos donde poder recibir ayuda y apoyo psicológico.

De la misma manera, la Dirección General de Derechos de los Animales, en colaboración con el programa Viopet, pone a disposición el número de teléfono 673 76 53 30, habilitado para gestionar espacios seguros para los animales en casos de Violencia de Género.

 

Fdo: Grupo de trabajo sobre Maltrato Animal del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

Criminología y Estado de Alarma

Artículo publicado en el periódico ‘La Nueva España’ de Oviedo el 23 de marzo por Emilio Marqués Suárez, profesor-tutor de Criminología del Centro asociado de la UNED en Asturias y miembro del CPCM.

 

En numerosas ocasiones se utiliza el término «alarma social» para referirnos a la gravedad de un hecho delictivo y la respuesta judicial que este tiene. Hemos de señalar al respecto que la alusión al término «alarma social» ha desaparecido de los artículos 503 y 504 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LECrim) tras la modificación efectuada por la Ley Orgánica 13/2003, ya que anteriormente y por resumir, se podía decretar prisión provisional basada en la genérica»alarma social» ocasionada por el delito cometido y el Tribunal Constitucional en Sentencia del año 2000 (STC. 47/2000) ya había considerado que no era constitucionalmente válida esta fórmula por quebrar los principios y garantías jurídicas fundamentales al presuponer un juicio previo de culpabilidad, quedando vigentes el riesgo de fuga y de obstrucción al proceso.

Sin embargo, este estado de Alarma que vivimos hoy en nuestra sociedad obedece a otra situación, es un estado decretado por el Ejecutivo, al igual que el de Excepción o de Sitio. La diferencia es que; Alarma lo declara el Gobierno mediante decreto acordado por el Consejo de Ministros por un máximo de 15 días dando cuenta al Congreso; Sitio lo determina el Congreso por mayoría absoluta y Excepción lo acuerda el Consejo de Ministros previa autorización del Congreso de los Diputados. Todos estos «estados» están previstos en el art. 116 de la Constitución y se desarrollan en la Ley 4/1981 de 1 de junio.

Hoy la alarma tiene varias acepciones, entre ellas y la más destacable es la «intervención del orden social» por el Gobierno para movilizar recursos públicos y privados, sanitarios,económicos, civiles y militares, en aras de proteger a los ciudadanos de esa emergencia social a la que se enfrentan. Traduciéndose esto en la posibilidad de intervenir industrias farmacéuticas, hospitales privados y otros servicios de necesidad.

La mayor emergencia o la que más preocupa actualmente y así lo resaltan los medios de comunicación es la sanitaria, la salud de las personas, la pandemia, la atención hospitalaria y evitar el contagio del ciudadano para que el COVID-19 no se propague, sorteando así una alta tasa de mortalidad entre la población más vulnerable.

A nivel individual, el texto del BOE 14 de marzo de 2020 explica qué pueden hacer los ciudadanos y qué cosas no, durante la duración de este periodo de Alarma.

El comportamiento irresponsable de aquellos que incumplen las instrucciones dadas por las autoridades, de quedarse en sus casas durante el tiempo que dure esta situación, 14 días ahora prorrogados, no es el único comportamiento constitutivo de peligro social. Y el mero hecho de quedarse en casa tampoco garantiza la paz absoluta.

Las pandemias suelen traer consigo actuaciones incívicas de sujetos que causan atmósferas de conflicto y tensión, ciudadanos a los que el miedo les hace incurrir en conductas temerarias. Las agresiones por conseguir productos en supermercados y tiendas, los hostigamientos o provocar accidentes debido a determinadas imprudencias cuya raíz está en el pánico colectivo, son algunos de los peligros que atraen estos escenarios sociales.El miedo entendido como aquella percepción subjetiva de inseguridad que tienen las personas en un contexto concreto es un factor determinante en la calidad de vida.

En el momento en que las personas perciben peligro, su calidad de vida se ve amenazada,aparecen los cambios de hábitos, la ansiedad y con ello las temeridades o la truhanería que muchos sujetos agudizan, sacando lo peor del ser humano con el único fin de lucrarse con el mal ajeno. Descendiendo en igual medida que la moral de algunos, la «calidad de vida urbana».

Desde el sentido común podríamos pensar que cuando en un estado de Alarma las personas permanecen en sus casas, la tasa de delincuencia se reducirá a cero y habrá más sensación de seguridad en las calles, cometiéndose menor número de delitos. Nada más lejos. No solamente las urbes desiertas son un buen escenario para la «ocasión» que podrían aprovechar muchos delincuentes para hacer de estos lugares sus territorios de caza, sino que provocan una sensación de desamparo.

Existen además de los delitos expresamente recogidos en los artículos 550 a 556 del Código Penal y la Ley de Seguridad Ciudadana, otra tipología de estos que por su necesario modus operandi son más frecuentes cuando se dan condiciones como las que actualmente estamos viviendo. Nos referimos a delitos en las redes sociales, en el seno familiar o en determinados lugares en que confluyen intereses sociales contrapuestos.

La conducta del maltrato dentro de la familia conlleva la existencia de una serie de psicopatologías; carácter agresivo, falta de control de la ira, consumo de sustancias y estupefacientes o alcohol, un producto este último sobre el que hemos visto a numerosas personas proveerse de ingentes cantidades en tiendas y supermercados, aunque también el síndrome de abstinencia puede ser un factor concurrente en la comisión de determinados comportamientos delictivos. Asimismo, se investigan alteraciones de la personalidad en los problemas de violencia de género que puedan explicar tales reacciones.

Las teorías criminológicas basadas en la violencia dentro del núcleo familiar asumen que esta es el resultado de problemas derivados de una interacción inadecuada en la familia y de los patrones desadaptativos de resolución de conflictos de pareja o familiares. En situaciones de permanencia obligada y prolongada en el domicilio, estas patologías pueden aflorar con más virulencia.

La respuesta social es uno de los elementos fundamentales en la lucha orientada a erradicar el problema anteriormente expuesto. No se trata de pedir a los ciudadanos,como único medio de control informal, que estén alerta si saben que una familia está siendo maltratada o una mujer está siendo víctima de violencia de género, la Ley Integral de V.G. fue sin duda una herramienta necesaria para abordar este tema, pero no suficiente.

En estados excepcionales como el que estamos viviendo, se ha de movilizar a los Servicios Sociales al igual que se moviliza a los Servicios Sanitarios. La intervención Estatal ha de extenderse hacia la protección y bienestar de las familias o grupos con mayores necesidades, lo registros de maltrato familiar o VIOGEN han de cobrar especial importancia. Se ha de movilizar a los Trabajadores Sociales, Educadores Sociales,Psicólogos y Criminólogos para combatir determinados tipos de violencia de los que no se pueden encargar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad por estar inmersos en otro tipo de labores preventivas o combativas de delitos. No podemos depender únicamente del voluntariado espontáneo.

El control del problema que planteamos ha de estar en manos de profesionales no se ha de ver como un asunto de menor importancia olvidándonos de él, se han de realizar visitas domiciliarias, vigilancia y atención especializada, para dar cobertura a estas dificultades que atraviesa la población al igual que se hace con la atención psicológica ofrecida a las víctimas en casos de catástrofes o terrorismo.

Las conductas desviadas en la red son otra gran preocupación cuando aumenta el número de personas que permanecen conectadas a las redes sociales de forma masiva desde sus domicilios. Los delitos en este campo se pueden incrementar de manera exponencial ante una situación de Alarma en la que crece el número de usuarios que intercambia distintas opiniones, muchas veces controvertidas y con trasfondos político-sociales o raciales. Es un factor a tener en cuenta por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero también por esos medios de control informal a los que hacíamos alusión. Los padres o tutores son el primer filtro que deben tener los jóvenes en este momento, cuando la permanencia domiciliaria propicia el consumo de su tiempo frente al ordenador.

No podemos obviar que los depredadores de la red verán en este momento un territorio de caza propicio para sus fines.

Los medios de comunicación no deben instar al ocio en la red, hemos de entender que es un canal de información que no se puede colapsar, es necesario dejarlo libre para los profesionales, lo estamos saturando innecesariamente con memes y videos que ocupan demasiado espacio, dando lugar en muchos casos a la divulgación de noticias falsas. Paradójicamente se ha de volver a la difusión de información por los métodos tradicionales, televisión o radio y al consumo de publicaciones escritas.

En términos generales Asturias juega con cierta ventaja en lo que a la comisión de delitos se refiere y aunque los datos oficiales ofrecieron un incremento de la delincuencia producido en 2018, actualmente somos la comunidad con índices delictivos más bajos de España según fuentes del Ministerio del Interior publicadas por EpData en 2019.

En momentos así se echa de menos, no sólo la voluntad de enfrentarse con profesionalidad a circunstancias excepcionales, o la falta de previsión que evidencia la carencia de programas concretos para afrontar situaciones como las detalladas, sino la ausencia de un mensaje claro sobre la necesidad de solidaridad humana y sobre todo de empatía social, desde las instituciones hacia los ciudadanos. Informar y llegar a los jóvenes a través de sus redes de comunicación es tan fácil como beneficioso, sólo falta voluntad Institucional. Porque tenemos los medios y tenemos los profesionales que pueden hacerlo.

La criminología obliga a observar la empatía como uno de los argumentos más eficaces para combatir la violencia que pueda aparecer en determinados escenarios. Es un arma sobradamente conocida por aquellos profesionales que se enfrentan a la resolución de conflictos mediante la negociación. Nuestra especie es quizá la más violenta del planeta,porque somos capaces de asesinar en serie, de cometer genocidios y otras atrocidades en masa similares. Pero, por otro lado, los seres humanos somos también la especie más empática. Capaces de ponernos en el lugar de otros y actuar de manera altruista con personas que no pertenecen a nuestro entorno o familia. Si potenciamos la empatía entre las personas, para estas será mucho más difícil y complicado comportarse de modo violento. La educación dirigida a la empatía podría representar un camino efectivo para reducir los conflictos y actos agresivos.

Una vez más la educación se muestra como el método de combate más efectivo para afrontar situaciones difíciles.

Muchos de los técnicos que hemos señalado, pertenecen a una nueva era social, algunas son carreras universitarias de última generación y son tan necesarios en estos momentos como los profesionales sanitarios encargados de velar por la salud física de los hospitalizados. Muchos de ellos podrían estar en esa reserva activa necesaria para la ayuda domiciliaria de una población envejecida, afectada por el maltrato, con antecedentes de violencia de género u otras patologías personales o sociales que se deben auxiliar.

Un estado de Alarma no conlleva solamente la intervención de empresas, la militarización de la seguridad u ordenar el encierro domiciliario olvidándonos que tras él continúa habiendo personas con insuficiencias sociales.

Para lograr este objetivo hace falta que se eduque en la empatía, sí, pero también que se mapeen los problemas, se creen departamentos multidisciplinares, bases de datos y/o se realicen estudios criminológicos. Equipos de expertos dirigidos a la preparación de profesionales que llegado el momento puedan hacer frente a tan arduas situaciones. Porque nuestra sociedad es muy distinta a otras repartidas por la geografía europea mundial y sus necesidades también, por ello es preciso especificación.

El COVID-19 ha de servir para emprender un camino diferente. Ha de despertar en las personas e Instituciones esa solidaridad y empatía perdida, redundando todo ello en nuestra propia seguridad.

 

Suicidio, el riesgo latente del confinamiento

Emily Owen, una británica de 19 años, ha muerto hace unos días en el hospital después de un intento de suicidio en su casa. La chica había advertido a su familia que era incapaz de gestionar el hecho de estar encerrada en casa y no poder salir a la calle durante la emergencia sanitaria por el coronavirus. Emily, quien vivía en el norte de Londres, era autista y había manifestado su preocupación por los impactos en la salud mental que le podría causar el confinamiento, según The Sun. «Emily estaba muy preocupada. El virus y el aislamiento le provocaban mucho miedo e incertidumbre», aseguró Annabel, hermana de la víctima, en un post de Facebook que ya ha borrado.

En España, la Federación Andaluza de Salud Mental ha alertado de que en salud mental un confinamiento prolongado podría pasar mayor factura que el coronavirus, ya que puede originar nuevos trastornos por el aislamiento, mayor número de suicidios y un aumento de casos de violencia en el hogar. Así, avisan que las descompensaciones de las personas con problemas de salud mental conllevan un tiempo amplio de recuperación que suele venir acompañado por la aparición de otros problemas de salud. Por eso, han pedido al Gobierno que estos enfermos puedan acudir a centros sociales en pequeños grupos respetando todas las garantías “porque no se saben las consecuencias de un confinamiento prolongado».

De momento, el Gobierno no ha dado soluciones a este problemática. Generalmente, todos pensamos que el suicido es ajeno a nuestro entorno, que en nuestra familia no va a tocar, que podremos darnos cuenta de algún caso cercano a tiempo y ayudarle. Eso pensamos hasta que te toca o hasta que situaciones como la actual destapan casos latentes. Es difícil darse cuenta. Casi nadie va a comentarte sus intenciones autolíticas ni una profunda depresión. Y es que sigue siendo un tabú en la sociedad, aunque cada vez seamos más conscientes del problema. El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, con más de 3.500 fallecidos el año, con mayor incidencia en los hombres entre 30 y 54 años y cada vez más en adolescentes, según datos del INE.

Como apuntaba, es un asunto del que no nos gusta hablar y del que los medios ignoran para no generar efecto imitación, como descubrió Emile Durkheim, uno de los pioneros estudiosos de la materia. Además, los suicidas tienen a ser estigmatizados como enfermos mentales y simplificadas sus causas, cuando son múltiples y en muchos casos complejas. Normalmente hay un desencadenante, la gota que colma el vaso, de un proceso generalmente largo y angustioso. Las cuestiones económicos y sociales son fundamentales. Está demostrado que en periodos de crisis hay más personas que se quitan la vida y en sociedades o núcleos con más individualismo y espíritu competitivo, también, como en Japón. Esos son los llamados factores precipitantes. Habrá que estudiar las estadísticas cuando acabe esta crisis del Covid-10.

Pero los factores determinantes siguen siendo los personales, sentimentales, psicológicos y ambientales que predisponen a alguien a plantearse morir o no pasarle esa idea nunca por la cabeza, por muy mal que lo esté pasando económica o físicamente. Porque efectivamente también hay un porcentaje de suicidios cuya intención es precisamente acabar con el dolor físico que provoca una larga, incurable o degenerativa enfermedad. Pero son los menos. Los más proclives a su autodestrucción son las personas con depresión, los drogadictos de exceso, los separados y viudos, los ‘sin techo’, las víctimas de violencia de género o acoso laboral o sexual, los presos y aislados de la sociedad, las pacientes de estrés postraumático y los enfermos psiquiátricos.

Conocer los motivos de un suicida para neutralizarlos y poner obstaculizar los medios para lograrlo son los esfuerzos que la Psiquiatría y la Criminología tiene que poner en marcha para prevenir estos fallecimientos. Los criminólogos hemos de conocer, a través de entrevistas estructuradas y no estructuradas con familiares, vecinos, amigos y compañeros de trabajo del suicida, los detalles más relevantes y las circunstancias que le llevaron a alguien a intentar matarse o a llevarlo a efecto.

La Administración también debe poner de su parte a través de la Escuela, que ha de dotar a los alumnos de una actitud comprensiva hacia el suicidio y los trastornos mentales con el fin de erradicar el tabú y el estigma que rodea estas cuestiones; de la Sanidad, para facilitar tratamientos médicos o psicoterapéuticos precisos y no solo pastillas a los enfermos depresivos; y de Políticas Laborales y de Protección Social encaminadas a ayudar a personas en riesgo.

Por Julio de la Fuente Blanco, periodista, criminólogo y responsables de Comunicación del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

El momento de los animales

Nos encontramos en un momento muy ilusionante para todos aquellos que defendemos los derechos de los animales. Estamos ante muchos cambios, la concienciación por el bienestar animal en particular, y por el medio ambiente en general, es cada vez mayor; estamos viendo la movilización masiva de la gente joven a nivel mundial, reclamando un cambio drástico ya.

Desde el púlpito de los Oscars, el galardonado como mejor actor Joaquin Phoenix realizó un discurso/alegato en defensa de los derechos de todos los animales, urgiendo a los políticos a tomar medidas excepcionales en la protección del medio ambiente.

En España, esta concienciación social se ha visto reflejada en la creación, por primera vez en la Historia, de la Dirección General de Derechos de los Animales, la cual depende del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030. Es un hecho histórico que muestra el interés y la preocupación que existe en la sociedad por el bienestar animal.

Esta preocupación también se ha visto reflejada en los distintos Colegios Profesionales, con la creación de grupos de trabajo y áreas específicas sobre protección animal. Destacables son las áreas de protección animal de los distintos Colegios de Abogados, especializándose en Derecho Animal; asociaciones interprofesionales por la defensa de los animales; y, como en el caso del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid, un Grupo de Trabajo sobre Maltrato Animal, siendo pioneros en este aspecto entre los distintos Colegios Profesionales de Criminología de España. La Criminología, como en otros ámbitos de la sociedad, tiene mucho que aportar a la defensa de los derechos de los animales.

Las primeras medidas que se quieren tomar por parte de la Dirección General de Derechos de los Animales aparecen reflejadas en este artículo https://www.cuartopoder.es/espana/2020/02/28/de-la trazabilidad-de-las-mascotas-a-endurecer-el-maltrato-las-lineas-maestras-de-la-direccion-de-proteccion-animal/.

Entre estas medidas se encuentra la elaboración de una Ley Estatal de Bienestar Animal, la modificación del Código Civil para que los animales dejen de ser considerados meras ‘cosas’ y pasen a tener la consideración de ‘seres sintientes’: modificación esta que ya se llevó al Congreso de los Diputados en el año 2018 mediante una Proposición de Ley que contaba con el apoyo de todos los Grupos Parlamentarios, pero que no salió adelante por los distintos cambios de gobierno que hubo en el año 2019. Este punto de la modificación del Código Civil es muy importante desde el punto de vista criminológico por lo que se retomará más adelante.

Otras medidas que se quieren adoptar son el tener en cuenta a los animales como parte del núcleo familiar, la reducción del IVA veterinario, la prohibición de animales en los circos, la creación de un registro nacional de animales de compañía, la creación de mesas de trabajo con las distintas comunidades autónomas, el endurecimiento del Código Penal, y, sobre todo, estudiar la caza, la tauromaquia y otros debates, cuyo primer paso será “recopilar datos, informes y estudios científicos para poder tener una fotografía fiable y concreta” (Montero, 2020).

Desde la Criminología se podría añadir la necesidad de crear un Registro Nacional de Maltratadores de Animales, así como la realización de un Perfil Criminológico de los mismos, lo cual hasta ahora no existe e impide que se puedan realizar estudios científicos con datos fiables. Así mismo se puede abordar la problemática de los Perros Potencialmente Peligrosos, contemplando una forma de descriminalizar a este tipo de razas, y poner el foco de atención en las aptitudes y antecedentes de los propietarios.

Otro tema sobre el que se puede incidir desde la Criminología es el de las peleas de animales,con cierta tradición en algunas regiones de España. Entre estas peleas destacan las que se realizan con gallos y con perros. Este tipo de conducta tiene unas especiales características,tanto por el tipo de victimario que las lleva a cabo, como por el público y aficionados que las siguen; pasando de padres a hijos, siendo habitual encontrar a ambos en estos «espectáculos salvajes». Esta actividad se caracteriza también por tener otros tipos delictivos que puedan guardar relación, como puedan ser la sustracción de animales domésticos para utilizarlos como sparring, con las terribles consecuencias emocionales que ello conlleva tanto para dichos animales como para sus legítimos dueños, de igual forma que las apuestas ilegales, asociación ilícita..etc. Por lo tanto, esta es una conducta, que tanto por su tradición, continuada en distintas generaciones, como por las múltiples víctimas que genera, merece una especial atención por parte de la Criminología.

-Volviendo al punto de la modificación del Código Civil, y sin entrar en mucho detalle, el nuevo estatus legal que van a pasar a tener los animales como «seres sintientes», llevará a lao bligación de modificar varias leyes importantes. Desde el punto de vista de la Criminología,los animales van a pasar a tener una gran importancia en la perspectiva victimológica, y por lo tanto también de su pareja el victimario. Si los animales pasan a ser considerados como parte del núcleo familiar, su protección legal aumentará, con lo que habrá que considerar la realización de un estatuto propio que los proteja como víctimas.

-Desde el Grupo de Trabajo sobre Maltrato Animal del Colegio Profesional de Criminología dela Comunidad de Madrid, consideramos que, por todo lo expuesto con anterioridad, nos encontramos en el «momento de los animales» no pudiendo dejar escapar esta oportunidad única para los Criminólogos y Criminólogas, los cuales tenemos mucho que aportar en la protección y bienestar animal. Por último, no podemos sino manifestar la firme voluntad de este Colegio Profesional por abordar este desafío que se nos presenta y en el que sin duda la Criminología tiene mucho que aportar.

Fdo. Grupo de Trabajo Maltrato Animal CPCM.

Comunicado de la Junta de Gobierno del CPCM ante la crisis del COVID19

Madrid, a 15 de marzo de 2020

 

La Junta de Gobierno del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid (CPCM) quiere con este comunicado agradecer, en primer lugar, el trabajo de los sanitarios de la región y de toda España y la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, entre otros colectivos, en la encarnizada lucha contra el coronavirus Covid-19. También aplaudimos la responsabilidad de la inmensa mayoría de la comunidad criminóloga, que con sus mensajes en medios de comunicación y redes sociales están ayudando a la contención de la epidemia.

En segundo lugar, la institución respalda e insiste en las recomendaciones de higiene, salud y movilidad marcadas por las autoridades científicas y sanitarias y apela al efectivo cumplimiento de las órdenes decretadas por las entidades gubernativas. Y es que los criminólogos y criminólogas, especializados en situaciones de crisis, conocen muy bien la importancia de seguir los protocolos marcados en caso de emergencia, de hacer caso omiso a bulos y situaciones de histeria, y el objetivo de trabajar en coordinación y unidad de acción entre todos los efectivos.

Desde el CPCM llevamos desde nuestro nacimiento hace dos años defendido con contundencia la incorporación de expertos criminólogos en gabinetes de crisis de administraciones y también dentro de los Cuerpos de Seguridad, ya que nuestros profesionales pueden aportar mucho conocimiento en la materia. En ese difícil camino, recientemente firmamos las bases para colaborar en la formación del Plan de Protección Civil en atentados terroristas de la Comunidad de Madrid. No comprometemos, en esa línea, a seguir dando los pasos oportunos para incorporar a los criminólogos en las labores de seguridad, prevención y tratamiento de víctimas para los que están preparados, también en situaciones como las presentes.

Por ello, en el momento actual, el Colegió de la Criminología madrileña se abre a la ayuda y colaboración con las autoridades y a difundir sus indicaciones, al igual que se suma a las comunicaciones lanzadas por la Unión Profesional de la Comunidad de Madrid y el resto de Colegios Oficiales que, como el de Psicólogos, son un ejemplo en la ayuda a paliar los efectos negativos de la enfermedad y del confinamiento de la población en sus domicilios.

Por nuestra parte, siguiendo las órdenes y recomendaciones de las autoridades, hemos suspendido la Asamblea colegial que estaba prevista para el sábado 14 de marzo y la reunión mensual de la Junta de Gobierno y, a la vista de los acontecimientos, decidiremos las fechas más adecuadas para la celebración del Congreso sobre Concepción Arenal y la II Jornada de Mujeres y Criminólogas, previstos para esta primavera. También hemos anulado los encuentros, asistencias y entrevistas que teníamos fijadas para las próximas semanas dentro de nuestra marcada agenda para lograr el reconocimiento profesional de los criminólogos.

Respecto a los trámites colegiales y precolegiales, hemos cerrado el despacho y la atención presencial al público, pero sigue abierta sin merma la atención telefónica (644 57 54 96), por correo electrónico (info@colegiocriminologosmadrid.es) y redes sociales (Twitter, Facebook y Linkedin). Asimismo, conminamos a los interesados a que se informen y, si lo requieren, se colegien, como viene siendo habitual, en el área virtual de nuestra web: www.cpcm.es. Una web que aprovechamos para recomendar, especialmente los apartados Noticias y Blog, donde pueden ponerse al día de las últimas noticias de la institución y de interesantísimos y variados artículos sobre Criminología. También recordamos a todos los miembros del CPCM que está a su disposición el catálogo bibliográfico de Tirant Lo Blanc.

Por último, el Colegio Profesional de la Criminología de Madrid reitera su apoyo a las medidas gubernativas y a los homenajes ciudadanos a favor de la unidad y del reconocimiento de los profesionales sanitarios. Y vuelve a llamar a la responsabilidad y conciencia de todo la población para que minimicen la progresión del virus y se comporten cívicamente en supermercados, domicilios y puestos de trabajo. Todo juntos derrotaremos al virus.

Balance y análisis de la Criminalidad de 2019 en la Comunidad de Madrid, al detalle

   Hace unos días el Ministerio del Interior publicaba el Balance de Criminalidad de toda España, dividido por autonomías, provincias y ciudades de más de 35.000 habitantes. La estadística apunta que el número de delitos registrados en la Comunidad de Madrid ha subido un 4,8 por ciento, encadenando así cuatro años de ascensos, y cada vez más pronunciados, favorecidos por el aumento de los delitos de tráfico de drogas, los que atentan contra la libertad e indemnidad sexual y, especialmente, los ciberdelitos.

   En 2018 la criminalidad subió un 2,3 por ciento en la región, un 2,1 en 2017 y un 2,5 en 2016. En los años anteriores había bajado, concretamente en 2015, un 0,2 por ciento.

   Concretamente, el 2019 la Policía Nacional, la Guardia Civil y las Policías Locales colaboradoras registraron un total de 408.632 infracciones penales en la comunidad, frente a las 389.914 de 2018. El delito más grave, el de homicidios, ha caído un 11 por ciento, hasta los 32 asesinatos consumados, cuatro menos que en 2018, el segundo mejor dato de este siglo. En cambio, las tentativas de homicidios se han mantenido en 78.

   De esta forma, la criminalidad en la región sigue la tendencia a estabilizarse entre 30 y 40 fallecidos en los últimos años. Según los balances de Interior, en 2011 hubo 42 homicidios, 47 en 2012, 37 en 2013, 40 en 2014, 30 en 2015, 33 en 2016, 39 en 2017 y 36 en 2018. Lejos, por tanto, de las cifras de finales de la década de los 90 y principios de este siglo, que rondaban el centenar, derivados en gran parte por ajustes de cuentas relacionadas con drogas y bandas organizadas y de trifulcas en el entorno de zonas de fiesta.

   Siguiendo con la estadística, la tercera parte de los fallecidos en la región madrileña el año pasado son extranjeros y la mitad mujeres, principalmente víctimas de la violencia de género (7). Hubo 7 por robos, 6 por violencia intrafamiliar y 6 por reyertas, entre otros. Respecto a la forma de morir, 18 homicidios fueron por puñaladas, 5 por disparos, 5 por golpes, 2 por asfixia, 1 por atropello y 1 por posible envenenamiento.

 

AUMENTAN LAS AGRESIONES SEXUALES PERO BAJAN LAS VIOLACIONES

   Por su parte, los delitos graves y menos graves de lesiones y riñas tumultuarias ascendieron un 10,6 por ciento, hasta las 2.402 infracciones. Los secuestros denunciados pasaron de 12 a 16, un tercio más.

   Uno de los datos más preocupantes de la estadística es el importante aumento de delitos contra la libertad e indemnidad sexual, que ya se incrementaron respecto el año precedente. En 2019 se registraron 2.221 delitos de este tipo, un 10,3 por ciento más. De ellos, 243 fueron agresiones sexuales con penetración, 9 menos que en 2018.

   Las autoridades ponen en relación este aumento con las activas políticas de concienciación social que han provocado una mayor disposición de las víctimas a denunciar estos delitos y a poner sus casos en manos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, reduciendo de esta forma los niveles de ‘cifra negra’ o delito oculto existentes en estos tipos penales.

  

LA ESCALADA DEL TRÁFICO DE DROGAS EN ESPAÑA

   Por otra parte, el tráfico de drogas, en un año caracterizado por el fenómeno de los ‘narcopisos’, volvieron a subir, en esta ocasión un 24,1 por ciento, hasta los 2.427 anotados por Policía y Guardia Civil en la región. Los planes especiales policiales han aflorado una buena parte de estos delitos, que también tienen alto grado de infradenuncia.

   Además, el mercado de la cocaína en Europa está en alza, con una mayor disponibilidad de esta droga, a precio estable y con el nivel de pureza más elevado en la última década, según ha alertado el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías. Un año más, España sigue a la cabeza de la Unión Europea tanto en consumo de cocaína como de cannabis, aunque la prevalencia de ambas sustancias ha bajado en los últimos diez años. También ha aumentado sobremanera entre la juventud el consumo de GHB, más conocido como ‘éxtasis líquido’.

   Por su parte, los robos con violencia e intimidación subieron un 9,2 por ciento, hasta los 15.586. En cambio, los robos con fuerza en domicilios, establecimientos y otras instalaciones se redujeron un 5,5 por ciento (18.255) y concretamente los robos en viviendas cayeron un 10,5 por ciento, hasta anotar los 11.484. Los hurtos, que son los delitos que más se cometen en toda España, se incrementaron un 1 por ciento, hasta llegar a los 154.217. El robo de vehículos descendió un 6,2 por ciento, hasta los 8.086 coches sustraídos el año pasado en la región.

   Estos datos reflejan, según la Policía, la “efectividad” del Plan Wagen puesto en marcha por la Jefatura Superior de Madrid en 2017 para frenar la sustracción de vehículos y el Plan Domus contra el robo en viviendas. Este plan permite hacer frente a la complejidad de este tipo delictivo, siendo una prioridad la lucha contra los grupos organizados itinerantes.

   El resto de infracciones penales en la región el año pasado aumentaron un 8,8 por ciento y ya llegan hasta las 205.312. Y es que aumento de este tipo de denuncias ha aumentado más de un 30 por ciento en el último año, por lo que ya son más del 10 por ciento de los delitos que se denuncia en todo España (221.000), por lo que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad piden precaución a los ciudadanos a la hora de comprar objetos y servicios en Internet y redes sociales.

 

LA CRIMINALIDAD EN LA CAPITAL TAMBIÉN AUMENTAL

   En la capital también aumentó la criminalidad el año pasado, concretamente 5,4 por ciento, hasta alcanzar las 252.873 infracciones penales, más de la mitad del conjunto de la región. El dato positivo es que hubo cuatro asesinatos consumados menos (16) y otros cuatro intentos de homicidios menos (42) que en 2018. De esa manera, Madrid se consolida como la capital europea, junto a Viena, con menos crímenes.

   Por otro lado, se registraron 1.426 delitos de lesiones y riñas tumultuarias, un 15,8 por ciento menos; mientras que se anotaron 9 secuestros (2 en 2018). Los delitos contra la libertad sexual también subieron un 4,7 por ciento en la capital (1.218 denuncias), aunque las violaciones bajaron un 14,8 por ciento, con un total de 138. Las denuncias por violencia de género han subido un 1,90 por ciento y los detenidos por esta causa han aumentado un 12,20. En 2019 se recibieron 6.311 denuncias por violencia de género.

   Los robos con violencia e intimidación aumentaron casi un10 por ciento (10.939). En cambio, los robos con violencia en viviendas, tiendas y otras instalaciones bajaron un 3,1 por ciento (8.797). Los hurtos subieron un 1,7 por ciento (11.748 en total), los robos en coches bajaron un 6,9 por ciento (5.020). Durante el año pasado ha habido también un aumento de operaciones en las actuaciones contra las bandas juveniles (de 82 a 87 operaciones y de 211 a 247 detenidos).

   Como ocurre en toda la región, el delito que más ha subido es del tráfico de drogas, con 1.839 infracciones registradas, un 25,4 por ciento más que en 2018. La Guardia Civil detuvo a 450 personas en el aeropuerto de Barajas con la incautación, a lo largo de todo el año, de 3.652 kilogramos de droga, más del doble de los 1.716 kilos requisados en 2018. En cuanto a los ‘narcopisos’, las operaciones en inmuebles aumentaron en un 59,18 por ciento en la capital (al pasar de 49 a 78 en 2019) y los detenidos por esta causa subieron de 128 a 144, lo que representa un 12,50 por ciento.

   Además, el resto de infracciones penales sube un 10,1 por ciento, hasta alcanzar los 11.819. Igualmente, aumentaron las estafas informáticas un 31,67 por ciento en 2019 con respecto a 2018; 25.340 estafas en 2019 frente a 19.384 de 2018. “Estos delitos telemáticos son un problema nacional e internacional que están relacionados con el incremento del número de usuarios del comercio electrónico” explicó el jefe Superior de Policía de Madrid, Jorge Manuel Martí, durante la Junta de Seguridad de la capital celebrada en febrero.

 

BALANCE DE CRIMINALIDAD EN MUNICIPIOS GRANDES Y MEDIANOS

   El Balance de la Criminalidad del Ministerio del Interior también recoge las infracciones penales en localidades medianas y grandes de la región y de toda España. El año pasado la delincuencia subió en muchos de estos municipios.

   Los que encabezaron esta estadística y se situaron por encima de la media fueron Galapagar (+31,8 por ciento), Arganda del Rey (+20,7 por ciento), San Sebastián de los Reyes (+14,3 por ciento), Rivas-Vaciamadrid (+13,9 por ciento), Torrejón de Ardoz (+10,5 por ciento), Arroyomolinos (+9,2 por ciento), Alcobendas (+8,8 por ciento), Pozuelo de Alarcón (+8,2 por ciento) y Alcalá de Henares (+7,5 por ciento), San Fernando de Henares (+5,7 por ciento), Coslada (+5,1 por ciento) y Majadahonda (+4,9 por ciento).

   En cambio, los municipios en donde descendió la delincuencia en 2019 fueron Collado Villalba (-3,6 por ciento), Getafe (-3,4 por ciento), Tres Cantos (-3,3 por ciento), Las Rozas (-3,2 por ciento), Fuenlabrada (-2,7 por ciento), Pinto (-2,5 por ciento), Boadilla del Monte (-1,5 por ciento), Leganés (-1,4 por ciento), Parla (-0,9 por ciento) y Móstoles (-0,1 por ciento).

 

Pueden ver con detalle todos los datos del Balance de Criminalidad de 2018 del Ministerio del Interior en el siguiente botón:

Balance de criminalidad 2019

(Datos de Madrid en las páginas 264 a 291)

Propuesta de proyecto contra el abuso sexual en centros educativos

JUSTIFICACIÓN

La presente publicación se elabora con la finalidad de dar posibles alternativas de solución al problema del abuso sexual al menor, donde debe intervenir el criminólogo colaborando con el trabajo de otros profesionales. Empezaremos con promover y concienciar a los padres de familia para la adaptación de sus hijos en la sociedad, así como para ayudarlos a superar el daño físico y mental que han sufrido, para prever y mejorar una calidad de vida mejor que les permita a ellos llevar una vida normal y feliz dentro de la sociedad. Este problema está enfocado a todos aquellos niños que han sido víctimas de un abuso sexual y que se sienten socialmente marginados.

Esta justificación para su estudio completo, tanto en teoría como en práctica, es el resultado del gran problema que existe en la sociedad, en la que se pretende ayudar a los niños victimizados sexualmente y para su adaptación al medio social al que pertenecen. haciéndolo útil así mismo y a la sociedad. En algunas familias de niños victimatizados se ha observado que hay decepción y autodiscriminación que van vinculados con sentimientos de temor, dolor, duda, culpabilidad y confusión.

Cuando situaciones de este tipo no son superadas se obstaculiza el proceso socio-adaptativo del niño al no brindarle la ayuda que necesita para encontrar un lugar en la familia.

 

OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL

Con esta Propuesta de proyecto contra el abuso en centros educativos lo que se pretende fundamentalmente es: aportar información sobre el maltrato entre iguales al profesorado, familias, alumnado y sociedad en general; sensibilizar y concienciar al alumnado y a los profesores de los centros educativos sobre la necesidad de la prevención; y estimular el establecimiento de políticas escolares sobre futuros abusos.

Se propone que los alumnos y los profesores:

  • Adquieran los conceptos básicos sobre el abuso sexual entre iguales, aprendan a detectar y denunciar signos de abusos e intimidación. Los centros educativos deben implicarse en la enseñanza de nuevos valores de convivencia y respeto para prevenir el abuso.

La finalidad es que los chicos y chicas:

  • Aprendan a reconocer, evitar y controlar situaciones de riesgo o de maltrato y/o abuso, deben concienciarse de que tienen que informar y dar a conocer situaciones de abuso físico, psicológico que les sucedan y las que observen o sepan de alguno de sus compañeros/as.
  • Desarrollen habilidades interpersonales de respeto y cooperación entre compañeros, se impliquen en una cultura de habilidades sexuales para el fomento del desarrollo.
  • Sean conscientes de la importancia de mantener relaciones interpersonales cordiales, positivas y mutuamente satisfactorias entre iguales.

 

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

Con esta propuesta de proyecto se pretende perseguir los siguientes objetivos:

  1. Sacar a la luz la mayor cantidad de casos de abusos que puedan existir en los colegios e institutos.
  2. Fomentar la intervención de padres y profesores en manifestaciones de acoso escolar.
  3. Crear un ambiente de respeto entre escolares.
  4. Reconocer la importancia y magnitud de este problema.
  5. Localizar el foco del problema.
  6. Dar solución a los casos de abusos sexuales.
  7. Conseguir la involucración del profesorado en los sucesos que tienen lugar en el centro.
  8. Informar a los padres de la conducta de sus hijos en las aulas.
  9. Revisar que el centro actúe adecuadamente.
  10. Valorar las cualidades de cada alumno sin discriminación alguna.
  11. Evitar y prevenir el incremento de agresiones entre iguales.

 

METODOLOGÍA

Las acciones que se deben llevar a cabo para implantar la prevención en los centros educativos son los siguientes:

  • Acción Nº 1. Contactar con el director y el equipo docente del centro escolar para explicarles el programa de prevención de acoso escolar en el ámbito educativo que queremos poner en marcha en el centro.
  • Acción Nº 2. Una vez aceptado nuestro proyecto, se requiere un equipo interdisciplinar que colabore con los criminólogos en transmitir la información pertinente y sobre cómo el abuso puede afectar a todos los miembros de la comunidad escolar.
  • Acción Nº 3. Concretar las tareas a desempeñar.

 

 

IMPLEMENTACIÓN

Dirigido a los alumnos:

  • Folletos informativos. Descripción de varios casos de abuso escolar sufrido por adolescentes. Plantear interrogantes sobre el tema a los que deben responder los adolescentes.
  • Actividades con medios audiovisuales. En las distintas aulas del centro se mostrará a los alumnos diversos vídeos sobre simulación de abuso escolar para concienciar al alumnado. En estos vídeos se mostrará la situación del agresor y del agredido, al igual que sus respectivas consecuencias.
  • Tests de integración del alumno en el aula. Repartir cuestionarios para intentar detectar posibles casos de abuso. Y también, posibles agresores, víctimas y todos aquellos que lo presencien en silencio.
  • El equipo interdisciplinar planteará el tema del abuso, intentando sensibilizar, aconsejar y prevenir a los alumnos.

 

Dirigido a las familias de los alumnos:

  • Charlas para detectar y prevenir el abuso sexual. Serán dirigidas por el equipo interdisciplinar en el salón de actos del centro y tienen como finalidad sensibilizar a padres y madres de este fenómeno. Se presentarán unos conceptos básicos y se les orientara sobre el tema, además de indicarles una serie de pautas a seguir en caso de que su hijo/a sean abusadores o víctimas.

 

EVALUACIÓN

La finalidad de hacer una evaluación es la comprobación de la propia eficacia de la prevención con la pretensión de garantizar la misma, de tal modo que sea posible la futura implantación del Programa contra los Abusos Sexuales en centros educativos.

Se evaluará:

  1. Si el programa cumple los objetivos específicos.
  2. Explorar si el programa produce efectos no intencionales en los menores.
  3. Analizar la valoración que realizan los propios usuarios sobre la eficacia del programa.
  4. Comprobar si el programa produce un incremento de revelaciones de abuso sexual por parte de los menores.
  5. Identificación de las audiencias. Las audiencias que van a participar en el proceso evaluativo y sus respectivas implicaciones en el mismo son:
    • Los alumnos
    • Los profesores
    • Los padres
    • La dirección de los centros educativos
    • Juzgado de protección del menor.

 

Los criterios de evaluación serán:

  1. Recursos materiales, se evaluará la fiabilidad y validez de los instrumentos utilizados (cuestionarios, escalas…)
  2. Recursos humanos, se evaluará:
    • Interés y predisposición a participar en el programa.
    • El porcentaje de individuos implicados.
    • Su grado de implicación.
  3. Proceso de intervención: se evaluará el propio proceso de intervención, es decir, se evaluará el propio programa por si fuera necesario realizar modificaciones en su diseño y desarrollo.

 

Además, se llevará a cabo una evaluación mixta (cualitativa y cuantitativa).

  • Cualitativa: centrada en el proceso, se basará en el análisis de los datos registrados, a través de observación participante, sobre la conducta de los menores durante el proceso de aplicación del programa. Para eliminar el sesgo que supone en la observación participante la presencia de un agente extraño en el grupo, en este caso, los propios profesores desempeñarán el rol de observadores.
  • Cuantitativa: se desarrollará en tres momentos: evaluación inicial, evaluación final y evaluación a largo plazo. Se utilizará un diseño cuasi experimental de medidas repetidas, con evaluación ore-post intervención y evaluación a largo plazo, utilizando dos grupos controles.

 

RECOMENDACIONES

Para finalizar, se muestran una serie de recomendaciones para prevenir el abuso sexual a menores:

  • Ser conscientes de dónde está el niño/a y qué está haciendo: su atenta supervisión es su mejor protección contra el abuso sexual.
  • Conocer a los amigos de sus hijos. Especialmente aquellos que puedan ser un poco mayores que ellos.
  • Enseñar a los niños/as a velar por su propia seguridad, por ejemplo:
  • Enseñar a no aceptar dinero o favores de extraños.
  • Advertirles de que no aceptan nunca pasear con alguien a quien no conocen.
  • Aconsejarles sobre lo que deben hacer si alguien se les acerca.
  • Comunicar a los niños/as que busquen ayuda inmediatamente cuando un adulto les hace sentir incómodos o los asusta.
  • Explicarles que no tienen por qué estar de acuerdo con mantener contacto físico estrecho con otras personas, tanto conocidas como desconocidas.
  • Es importante hablarles del tema sin asustarles. Existen reglas apropiadas para cada edad del niño/a y ellas cambian a medida que el niño/a crece. Por ello, se deben usar palabras que el menor comprenda.
  • Explicarles que algunos adultos pueden actuar de una forma que hace que ellos/as se sientan incómodos.
  • Fomentar la comunicación, haciéndoles sentir que pueden acudir a sus familiares, profesores o amigos en cualquier momento para hablar acerca de cualquier cosa que resulte enigmática, inquietante, o preocupante para ellos/as.

 

Es cierto que el tema de los abusos sexuales no es fácil de hablar. El contexto más adecuado es el de la educación sexual. Pero el hecho es que la educación sexual sigue siendo la gran ausente, no sólo en el marco educativo escolar, sino también en el ámbito familiar.

No obstante, hablar de ello es el primer paso para actuar. Ello ha permitido esbozar una línea interesante de debate y de reflexión, como es la necesidad de formar, de educar y de informar a los menores en la sexualidad. Tanto la familia como la escuela son los dos grandes pilares sobre los que descansa la labor de educar en la sexualidad como dimensión humana que nos permite la comunicación, el cariño, el disfrute y aportar una visión positiva y confiada entre adultos y niños, dentro y fuera de la familia.

En definitiva, esta propuesta de Proyecto debe servir como prevención real ante el abuso sexual de los menores en los centros educativos, que dejen de ser víctimas de este delito violento, estando muy bien informadas todas las partes implicadas para que sepan cómo intervenir o a quién acudir y así evitar el daño inmenso que ocasiona a los menores, muchas veces, irreparables que les pueden dejar huellas psicológicas y criminológicas para toda la vida (esto último sería cuestión en otro artículo).


Por Víctor García Ramos, Licenciado en Criminología, Técnico en Educación Social y Especialista en maltrato infantil, tratamiento de menores, bandas y delincuencia juvenil y Miembro del Grupo Víctimología en Delitos Violentos del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid (CPCM).