Category: Artículo de Criminología

Muerte en Vallecas

Era un día normal de finales del pasado mes de marzo. Antes de cenar, Paco bajaba con su hijo a pasear con sus perros por su barrio, el del Pozo del Tío Ramiundo, en el que siempre había vivido. Alguna vez ya había tenido alguna discusión.

La calle de Esteban Carros, en Puente de Vallecas, se convirtió ayer en el epicentro del pánico. Un hombre de 64 años murió, alrededor de las 19.25 horas, tras sufrir una herida por arma blancaen el cuello durante una discusión provocada por unos perros. En el suceso también resultaron heridos otras tres personas, familiares de la víctima.

La familia de Paco D.C., el fallecido, sostiene que no se trató de una reyerta sino de un asesinato. «Estábamos celebrando un cumpleaños. Por la tarde, decidió bajar a los perros con su hermano y un sobrino. Se encontraron con una familia de gitanos y a una de las mujeres le molestaron los animales», cuenta Jessy, sobrina del finado: «Nos dijo que a ver si limpiábamos las cacas». Según el relato de la familia, Paco decidió llevarse a los perros a un parque cercano para evitar conflicto alguno. Pero cuando volvió, un grupo de «15 o 2o personas» estaba esperándolo.

Fue entonces cuando se desató la violencia y empezó la tragedia. El clan, sostienen los familiares, agredió con palos y cuchillos al hermano y al sobrino de Paco. «Uno le dio a mi padre con un palo en la cabezay otro sacó un cuchillo o un pincho y apuñaló a mi hermano», continúa Jessy. Cuando el agresor le iba a dar la segunda puñalada, Paco intentó pararlo. Evitó la cuchillada a su sobrino, pero no pudo frenar la pelea: «Mi tío se cruzó y el otro lo apuñaló en el cuello».

Los familiares bajaron inmediatamente de la vivienda, situada en el número 12 de la calle, al escuchar los gritos pero no pudieron hacer nada por salvarle la vida.

Cuando los sanitarios llegaron al lugar del suceso se encontraron a la víctima en parada cardiorrespiratoria, debido a la herida que presentaba en el cuello con abundante sangrado. Tras treinta minutos de maniobras de reanimación, Samur-Protección Civil sólo pudo confirmar el fallecimiento.

Además, en el lugar de los hechos atendieron a otros dos hombres, los familiares, uno de ellos presentaba una contusión en la cabeza y el otro un «pinchazo», en principio también por arma blanca y también en la cabeza. Ambos fueron trasladados con pronóstico leve al hospital Infanta Leonor. El tercer atendido sufrió una herida en un dedo y ha sido dado de alta.

 

El vecino es un caníbal

Hay crímenes con una particularidades concretas que conmocionan a la sociedad. Un parricidio, que un hijo mate a una madre, es ya de por si duro e impactante. Pero si luego éste se come el cadáver es espeluznante. Eso es lo que ha ocurrido recientemente en Madrid. Los agentes que llegaron a un piso cercano a la plaza de toros de Las Ventas, para investigar la desaparición de una señora, no dieron crédito a lo que vieron, lo más atroz en sus muchos años de carrera policial. Y es que no solo el hijo, de nombre Alberto, reconoció que había matado a su madre sino que la había troceado en pequeñas partes y distribuido en táperes en la nevera, que estaban devorando él y su perro.

La Criminología, en el continuo estudio de la mente y el comportamiento criminal, recoge varios tipos de antropofabia. El más antiguo es el ritual, espiritual o religioso, en el que se caníbal se come a sus víctimas para tomar su energía o como sacrificio a un Dios. Hay muchos relatos de expedicionarios sobre tribus perdidas de África con este tipo de rituales. En la conquista de América, los españoles relataron impactantes casos de canibalismo. De hecho, la palabra viene de una tribu caribeña lamada ‘caniva’ que se daban festines de carne humana. Los testimonios oculares de Hernán Cortes o Bernal Díaz tampoco dejan duda de la voracidad de algunos aztecas, que comían los corazones y otras partes de los sacrificados y bebían su sangre.

El segundo tipo de canibalismo es el nutricional, por pura hambre. Todos recordamos la tragedia en la que se convirtió el accidente aéreo en Los Andes en 1972, en el que algunos de los supervivientes tuvieron que alimentarse de sus compañeros para poder sobrevivir. El tercer tipo es el sexual, en el que el asesino satisface sus deseos sexuales o fantasías excéntricas ingiriendo parte de sus víctimas. Son casos muy insólitos, como el de Armin Meiwes, más conocido como el caníbal de Rotemburgo que puso un anuncio en Internet para encontrar alguien a quien comerse y a los pocos días un tal Bernd Brandes se ofreció. Tras cortar y cocinar el miembro viril de éste, ambos se lo comieron y luego Armin lo asesinó y descuartizó para ir poco a poco comiéndoselo.

El cuarto tipo es el canibalismo de agresión, que mata a una persona en medio de un brote violento y se lo come como acto supremo de poder, por algún tipo de patología mental o por puro sadismo, como Hannibal Lecter, un personaje de ficción cinematográfico por todos conocidos pero basado en varios casos de británicos del siglo XXI.

Este tipo de casos es el que más nos ocupan como criminólogos. Volviendo a Madrid, Alberto, de 26 años, ya tenía problemas con su madre desde hacía mucho tiempo. De hecho, ella le había denunciado por agresiones y tenía una orden de alejamiento pero al final le dejaba volver a casa. El joven además había estado internado en varias ocasiones por problemas psiquátricos pero sin acabar el tratamiento pedía el alta voluntaria y volvía con su progenitora. Poco se ha desvelado de la enfermedad mental que padece, solo que una vez fue ingresado con manía y delirIos persecutorios y otras veces por dependencias a las drogas y el alcohol. Una mezcla explosiva. También que los agentes advirtieron durante la detención un comportamiento muy ajeno a la realidad, un individuos por tanto con fuertas rasgos disociativos y sádicos.

El Grupo VI de Homicidios de la Policía Nacional está investigando los ingresos hospitalarios, sus crípticos mensajes en redes sociales y espera la evaluación psicológica que le están realizando en la cárcel. Todo para responder a la pregunta quea todos nos asalta: ¿Qué llevó a un chico más o menos normal en pleno siglo XXI en un país como España a matar y luego comerse el cadáver de su madre? A la espera de los resultados forenses, con los datos que tenemos podemos lanzar alguna hipótesis. Varios expertos ya han hablado de que el parricida podía sufrir una esquizofrenia, bipolaridad y/o trastorno psicótico. Las drogas que tomaba podían haber hecho desvanecer los frenos morales al acto criminar o empeorar sus brotes violentos, en uno de los cuales supuestamente acabó con la vida de su madre.

Algunas voces relacionan los impulsos atropofágicos de Alberto al consumo de metilendioxipirovalerona (MDPV), la llamada ‘droga canibal’, que comenzó a tomar cuando estuvo de Erasmus en Grecia. A pesar del nombre y del fuerte efecto estimulante, esta droga no convierte a nadie en una bestia caníbal. Un individuo que no tenga personalidad agresiva por mucho que tome esta sustancia no va a empezar a matar y descuartizar. Podrá estar más irascible y perturbado, pero no va a morder a alguien pase por la calle hasta desgarrarlo. Eso sí, si tiene predisposiciones violentas y patologías psiquiátricas puede servir, como hemos dicho, de acelerante.

El componente parricida y caníbal de Alberto está relacionado, como la mayoría de los casos, con sus condicionamientos psiquiátricos y personales. El asesino de Ventas tenía una relación agresiva (habría que analizar las causas y antecedentes) con su madre y en un momento dado la mató. Además, sufre una enfermedad mental con delirios persecutorios, en los que probablemente creía que su madre le vigilaba todo el tiempo o le ridiculizaba. Ya fuera totalmente de la realidad, troceó y se comió parte de su madre para conseguir así acabar con ella definitivamente, como signo de asimilación y de que el poder y control de su vida lo detentaba por fin él. Algo totalmente patológico, pero de momento solo una hipótesis. La mente criminal es muy compleja.

Julio de la Fuente Blanco es periodista, criminólogo y miembros de la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid.

El criminólogo, ¿nace o se hace?

– ¿Qué quieres ser de mayor hija mía? – Mamá, papá, quiero ser criminóloga. – ¿Y eso qué es? ¿Eso es ser policía? ¿Qué tendrías que estudiar? ¿Tiene salidas profesionales?

Esta conversación se produjo en mi casa hace ya algunos años cuando, al finalizar mis estudios de Bachillerato, mis padres me hicieron la inevitable pregunta de qué quería ser en la vida.

Sin embargo, las respuestas a las preguntas que me hicieron mis padres no eran tan sencillas como lo son hoy en día ante esas mismas preguntas (os recuerdo que faltaban 4 años para que llegara la serie CSI a España, que tanto hizo, bueno y malo, por la Criminología en nuestro país) . Cuando yo tenía 17 años y debía escoger mi siguiente paso (académico o profesional), la carrera de Criminología no existía como tal en España. Yo nací en 1980, haced cálculos, no hace tanto tiempo. Para poder acceder a algo parecido, alguien que tuviera vocación criminológica y no tuviera interés o, como era mi caso, no pudiera acceder a las fuerzas de seguridad del Estado (mi estatura no me permite acceder a estos organismos) tenía un camino largo que recorrer. En España, los estudios relacionados con la Criminología pertenecían a, lo que se hacía llamar, estudios de segundo ciclo. Es decir, tenías que estudiar una Licenciatura (para los más jóvenes, una carrera universitaria de 5 años) para poder acceder a estos estudios que, normalmente, se componían de tres años o, como mínimo, de dos. Siendo así, para ser criminólogo tenías que emplear alrededor de 8 años de tu vida  y sumarle a esta circunstancia la realidad de que dicha titulación de segundo ciclo, estaba fuertemente orientada, y basada, en temas relacionados con el ejercicio de la abogacía.

Hasta hace bien poco que apareció la Licenciatura y, actual Grado, en Criminología, el criminólogo nacía, pero también tenía que hacerse un poco a sí mismo.

Para mí, uno de los ejemplos de personas nacidas bajo la vocación de la Criminología que tuvieron que hacerse a sí mismas en este campo es, el triste y recientemente desaparecido, Francisco Pérez Abellán.

Francisco Pérez Abellán nace en una España en la que la Criminología no existe como tal. La crónica negra se hace llegar a los ciudadanos a través de las páginas de sucesos de los periódicos o de periódicos enteramente especializados en crímenes y actos delictivos como «El Caso» , así como a través de las noticias de la radio o del famoso noticiario que se proyectaba antes de las películas en los cines, el NO-DO.  Lejos quedaban todavía los estudios especializados en el área de la Criminología cuyo conocimiento quedaba en manos de los miembros de las fuerzas de seguridad o dispersos en otras áreas de conocimiento o disciplinas.

Sin embargo, el joven periodista que empezó colaborando con el diaro «El Pueblo» y que formó parte en los inicios del periódico «Diario 16», medio en el cual se hizo responsable de la creación del área de sucesos, hogar de la divulgación periodística de la Criminología, tenía un alma de criminólogo.

Y digo que tenía alma de criminólogo porque creo que tenía claro que la Criminología, entendida como área de conocimiento, existía, era útil y debía ser divulgada y, también, que la narración de los sucesos acontecidos en nuestra sociedad, tras un profundo análisis de los mismos, podría ser un magnífico vehículo. La titulación como tal no existía pero, en mi opinión, Francisco Pérez Abellán se convirtió en criminólogo el mismo día que dijo que para poder prevenir el crimen de sangre había que analizarlo y conocerlo.

Su pasión por la Criminología le llevó a escribir más de una veintena de libros relacionados con los sucesos de la España negra de ayer y hoy y a colaborar con múltiples Universidades y medios de comunicación como periodista experto en esta materia.

Así pues, hoy en día tenemos la tremenda suerte de poder realizar estudios en Criminología en casi cualquier Universidad de España. De hecho, todos los años se cubren todas las plazas disponibles, tal es el tirón de nuestra ciencia. Es más, también contamos, los más afortunados, con Colegios Profesionales, como el de Madrid, que nos respaldan y allanan el camino en nuestra profesión. Sin embargo, no todos tuvieron esta suerte y, personas como D. Francisco, tuvieron que nacer y hacerse en Criminología.

Os dejo, para los que os pueda interesar, la posibilidad de disfrutar de la tesis doctoral de Francisco Pérez Abellán, publicada por la Universidad Complutense de Madrid, Universidad que le vio defender su tesis versada en la «Indagación del asesino en serie en Pascual Duarte«.

Sólo me queda agradecerle a Francisco Pérez Abellán todo su trabajo, su amor por la Criminología, su fortaleza y tesón a la hora de dignificar esta profesión dándola a conocer a los miembros de nuestra sociedad. Porque la Criminología se nace, se hace, se vive y se comparte.

Victoria Pascual, criminóloga.

 

Referencias:

http://perezabellan.webcindario.com/ 03/01/2019

http://eprints.ucm.es/16216/1/T33841.pdf 03/01/2019

http://www.sabedoriaglobal.com.br/historia-da-criminologia-etapas/ IMAGEN 03/01/2019

 

 

Crímenes en blanco y negro

«Ahora llega el mejor momento, el descuartizamiento» estos son los 50 caracteres que, entre otros, conmocionaron a la sociedad española hace unas semanas. Patrick Nogueira, brasileño de 21 años, escribía frases como ésta para contarle en directo a un amigo, a través de una conocida aplicación de mensajería, cómo asesinaba a sus tíos de 39 años y primos de 1 y 4 años, respectivamente. A España le aterrorizó el crimen y, sobre todo, la sangre fría de su autor.

Hace no mucho más tiempo, el 27 de febrero del presente año, desaparecía en la localidad Almeriense de Las Hortichuelas un niño llamado Gabriel de apenas 8 años de edad. Numerosos efectivos policiales y de la guardia civil, sumados a vecinos de toda la región se volcaron en su búsqueda mientras, su padre y la actual pareja sentimental de éste, lloraban comprensiblemente desconsolados en nuestras pantallas de televisión. Días más tarde, el 11 de marzo, esa mujer que nos había conmocionado con sus lágrimas, era detenida infraganti mientras transportaba el cadáver del niño desde la supuesta escena del crimen hacia otro enclave donde poder esconderlo. Ana Julia Quezada (44 años, República Dominicana) lo había matado el mismo día del secuestro mediante asfixia y lo había enterrado en otra finca que la familia tenía en una zona cercana, Rodalquilar. Sin embargo, ser la autora del crimen, no le impidió pasearse por todas las televisiones pidiendo que las personas que tuvieran a su hijastro retenido lo pusieran en libertad. A España le horrorizó el crimen y, sobre todo, el cinismo de la asesina.

Son las 2:43 de la madrugada del 22 de agosto de 2016 y la joven Diana Quer envía el último mensaje de su vida a un amigo de Madrid. Después de eso, el silencio. Esa noche no volvió a casa porque José Enrique Abuín, alias «El Chicle» la secuestró y la estranguló esa misma noche. Sin embargo, el sufrimiento de sus familiares y amigos duró meses, dado que no se encontró el cadáver de Diana hasta un año y medio después, el 31 de diciembre de 2017, sumergido en un medio acuoso. Al parecer, el asesino confeso tenía ya un largo historial de agresiones y delitos a sus espaldas.  A España le impactó el crimen y, sobre todo, el sufrimiento de la familia durante su desaparición que tantos meses duró.

Pensando en los posibles temas sobre los que podía hablar en este crimiblog me acordaba de estos casos recientes que nos han ido emocionando en los últimos años y, mientras leía sobre ellos, me ha surgido una pregunta ¿Qué crímenes conmocionaron a la España en blanco y negro?

Dejadme que tire de archivo, de NoDo, y que os cuente la inquietante historia del asesino José María Manuel Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris, más conocido como Jarabo. 

Jarabo era un hombre de dinero y de mundo. Nació en una familia adinerada que se muda a Puerto Rico al terminar la guerra civil española. En su posterior estancia en Estados Unidos, el español cumple condena por delitos relacionados con las drogas y con la pornografía y, al salir de la cárcel de Nueva York, decide volver a instalar su residencia en España. Aquí Jarabo lleva una vida disoluta, con múltiples amantes y siempre en ambientes de alta sociedad. Derrocha dinero a espuertas y mantiene los caros gustos de sus novias y acompañantes. Una de sus amantes más apreciadas decide volver con su marido y le pide de vuelta una joya de mucho valor a Jarabo, el cual, había empeñado con anterioridad.

El 19 de julio de 1958, mientras los españoles iban a ver al cine el estreno de «Las chicas de la Cruz Roja», o entonaban canciones de Machín por los patios de vecinos mientras tendían la ropa, Jarabo quedó con los dueños de la tienda de empeños para, supuestamente, negociar la re-compra del anillo. Sin embargo, Jarabo tenía otros planes para ese día y no se dirigió a la tienda, sino a la casa de uno de los socios, Emilio. Haciendo alarde de conciencia forense, Jarabo ya procura no dejar huellas por donde pasa y sube a la casa donde, una de las versiones dice que encuentra a Emilio y le descerraja un tiro en el baño. Al oír el ruido, la mujer que cuida de la casa acude a ver el origen del estruendo,  Jarabo le arrebata el cuchillo con el que ella cortaba judías verdes, y se lo clava en el corazón. Tras el doble crimen, el asesino quiere manipular la escena  pero, de forma imprevista, llega a la casa la mujer embarazada de Emilio, la cual acaba también con un disparo en la nuca tras intentar ser convencida, con mucho cinismo, de que su marido y la sirvienta habían salido a hacer algunos recados.

Jarabo se queda atrapado en la casa porque en la España de 1950 los portales eran cerrados por el sereno y no podías salir sin tener las llaves del portal, o avisando al propio sereno. Así que, desplegando toda su sangre fría, pasa la noche con los tres cadáveres, organizando la escena del crimen para que pareciera un delito de origen sexual.

Al día siguiente, se presentó, ya cambiado y habiendo llevado su camisa ensangrentada a la tintorería (motivo por el cual puso sobre su pista a la policía madrileña) en la tienda de empeños. Sin mediar palabra descerrajó un tiro al otro socio y, sin encontrar el anillo, se fue a la tintorería a recoger su camisa, lugar donde le esperaba la policía para detenerle. Pablo de la Cruz Jarabo Pérez Morris Tras el juicio Jarabo fue condenado a pena de muerte y ejecutado con garrote vil, el cual, debido a la fortaleza del cuello del condenado, le supuso 25 minutos de lenta agonía hasta su muerte.  

Imagino que la sociedad española de finales de 1950 se vio afectada por este horrendo crimen, cuyo autor, con mucho cinismo, grandes dosis de sangre fría e inflingiendo un gran sufrimiento a los allegados de las víctimas, pertrechó en la calurosa capital madrileña. Hace no tanto tiempo, este crimen ocurrió en la España que fue de blanco y negro.

Victoria Pascual Cortés, Criminóloga 

 

 

Referencias:

https://cuadernosdecriminologia.blogspot.com/2015/02/asesinos-en-serie.html 22/11/2018

https://elpais.com/politica/2018/10/30/actualidad/1540923826_320567.html 22/11/2018

https://elpais.com/politica/2018/03/11/actualidad/1520777639_708400.html 22/11/2018

https://elpais.com/politica/2017/12/29/actualidad/1514544485_578661.html 22/11/2018

https://www.esquire.com/es/coches/a13116638/la-ley-sobre-ruedas-historia-y-evolucion-de-los-coches-de-policia-de-espana/ 22/11/2018 IMAGEN

En casa del herrero, cuchillo de palo

«Soy criminóloga, no asesina». Esta es la respuesta que muchos de nosotros, los criminólogos, estamos tentados de dar ante determinados comentarios que nos hacen al conocerse nuestra profesión. «¿Cuál es la forma de matar más efectiva?» «¿Cuál es el veneno que no deja rastro?» «¿Cuál es tu asesino en serie favorito?» o «Si quisieras matar a alguien, ¿cómo lo harías?» Son algunas de las muchas preguntas a las que nos enfrentamos.

Algunas personas consideran que un criminólogo, por el mero hecho de serlo, a parte de ser un morboso empedernido, es el perfecto asesino. Y, aunque sé que con esta afirmación voy a  decepcionar a un gran sector de amantes de la Criminolgía, voy a decirlo: no, los criminólogos no tenemos la clave para cometer el asesinato perfecto. Ya lo siento. Es más, probablemente, tendríamos tantos datos complejos en cuenta, tantas teorías en la cabeza, tanto conocimiento psicológico, criminalístico, médico forense, etc.,  que nunca llegaríamos a cometer el asesinato por no tener el tiempo, ni las ganas,  de controlar todas las posibles variables.

Sin embargo, hay veces que la realidad se empeña en desdecirnos y nos muestra que la vida siempre nos sorprende o, mejor dicho que, por lo esperado, no nos sorprende en absoluto.

Hace unos días saltaba la noticia de que una famosa novelista norteamericana, especializada en novela de suspense romántica, era acusada de asesinar a su marido. En alguna de sus novelas, la autora había incluido tramas en las que una mujer asesinaba a su marido; historias en las que otra mujer imaginaba múltiples formas de asesinar al suyo o finos argumentos basados  en el hecho de que alguna señora estaba a punto de acabar con la vida de su esposo.

«Una pistola es ruidosa, sucia y requiere cierta habilidad. Un cuchillo exige contacto: es algo muy personal y te llenas de sangre. Contratando a un sicario te arriesgas a que te delate o te chantajee. ¿Y quién conoce a uno? Recurrir a un amante es una idea peor aún. En cuanto al veneno, lleva uno o dos meses matar a alguien, y la víctima estará enferma todo ese tiempo. ¿Quién desea estar con un marido enfermo?» (El País digital, 13/09/18) Y todo esto no lo digo yo, lo dijo Nancy Crampton-Brophy» en el blog «See Jane Publish» en su entrada «Cómo asesinar a tu marido» (por favor, no dejéis de leerlo. Es francamente revelador) del pasado 4 de noviembre de 2011, hace siete años. Hace a penas unos días era acusada de matar a su propio marido.

Nancy, al parecer, se decantó por la primera opción: el arma de fuego. Encontraron a su marido, el cual era chef en un Instituto Culinario del estado Norteamericano de Oregón, en el suelo de una de las cocinas del instituto sobre un charco de sangre, la cual manaba de varias heridas de bala. Nancy debió pensar que, aunque la «pistola era sucia y ruidosa», ella tenía la habilidad suficiente para manejarla. Y, estaba en lo cierto. Habilidad con el arma tenía porque consiguió deshacerse de su pareja para siempre pero no, desde luego, cometiendo el asesinato perfecto, porque no han tardado mucho en finalizar la investigación y acusarla de asesinato. Todo su conocimiento sobre el tema, no le ha permitido salir impune.

Hace no mucho, otro escritor de novela negra, esta vez de nacionalidad china, salía en todos los medios de comunicación porque había sido arrestado acusado de asesinar a cuarto personas en 1995. Junto con un cómplice el acusado asesinó a una persona en un hostal para robarle unas pertenencias y, para ocultar el crimen, también asesinaron al matrimonio que regentaba el local y a su nieto de tan sólo 13 años. En esa fecha, el crimen sí prometía ser perfecto porque la ausencia de evidencias y la imposibilidad de cotejar unas pruebas de ADN hicieron que el caso se diera por cerrado.

Y aquí está Liu Yongbiao, que así se llama el escritor chino protagonista de esta historia, 15 años después de los hechos. Corre el año 2010 y se siente tranquilo y relajado, fuera de peligro. Tanto es así, que decide escribir un libro basado en el asesinato que su cómplice y él habían cometido, supuestamente, tantos años atrás («El secreto culpable»)

Es más, en el prólogo el autor indicaba que «quería escribir acerca de una bella novelista que ha matado a mucha gente sin que se hayan resuelto los crímenes». Y eso hizo, pero el avanzado estado en el que se había encontrado la investigación, más las pistas con las que fue regando su libro, fueron suficientes para poder reabrir el caso y arrestarlo a él y a su cómplice.

Así pues, en casa del herrero, cuchillo de palo. Ser criminólogo, o tener una profesión relacionada con el mundo del crimen, no nos habilita para cometer el crimen perfecto.

O quizá sí. Es tan perfecto que nunca lo sabremos.

Victoria Pascual. Criminóloga. 

 

Referencias:

https://elpais.com/internacional/2018/09/13/mundo_global/1536790648_248018.html (15/09/18)

https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/detienen-famoso-escritor-chino-asesinato-mato-cuatro-personas-plasmo-crimen-novela_20170816599435c80cf2e2ea354fa19c.html (15/09/18)

http://archive.is/D1s2X (15/09/18)

https://fineartamerica.com/featured/hogue-grips-hang-gun-drawing-art-kim-wang.html (IMAGEN 15/09/18)

 

 

Miradas que mienten

«Espero que estén en algún lugar seguro y si alguien las tiene y no están seguras, las quiero de vuelta ahora mismo»

Estas palabras eran pronunciadas el pasado 18 de agosto (2018) por Chris Watts, trabajador de la empresa petrolera norteamericana Anadarko Petroleum y padre de dos niñas de 3 y 4 años, en una entrevista realizada por un conocido canal de noticias norteamericano. Su mujer Shanann Watts, embarazada de varias semanas de gestación, y sus dos hijas habían desaparecido sin dejar rastro.

La investigación policial comenzó cuando un amigo de la familia denunció la desaparición de las tres mujeres, llevando el pasado miércoles a la policía de Colorado (EEUU),  a detener al padre y marido de las desaparecidas.

El propio Watts, una vez detenido, confesó haber matado a su esposa. Según su propia confesión, sufrió un acceso de ira tras haber visto a su esposa estrangulando hasta la muerte a una de sus hijas a través de un intercomunicador  de bebés dotado de vídeo. En su camino, siempre según él, hacia el lugar de los hechos para intentar salvar a su hija pequeña, pudo comprobar que también había muerto su hija mayor. Según él, estos acontecimientos lo enajenan de tal forma que asesina a su mujer. Tras esta confesión, el presunto homicida, indica el lugar donde escondió los cuerpos: dos localizaciones distintas dentro del terreno perteneciente a la empresa petrolífera donde trabajaba.

La posterior realización de la autopsia  muestra que algo no cuadra en la historia contada por Watts. Los cadáveres de las niñas revelan que fueron asesinadas, al menos, un día antes que la madre.

Ésta y otras evidencias llevan a la policía a arrestar a Watts, el cual está actualmente acusado de triple homicidio y se enfrenta a una posible, aunque poco probable, pena de muerte.

Este suceso ha levantado revuelo en la sociedad norteamericana y mucha sorpresa entre los más allegados a la familia que, de confirmarse la acusación, nunca creyeron capaz de una atrocidad así al acusado de los homicidios.

A este lado del charco, aparte del rechazo que supongo habrá provocado la noticia entre los enterados de la misma, este acto ha inspirado a la psicóloga y blogera del diario «20 minutos», Alicia Martos, para publicar una interesante entrada al respecto sobre comunicación no verbal.

En su post, cuya lectura recomiendo, analiza los 7 minutos de vídeo (abajo) en los que el presunto asesino reclama la vuelta a casa de su mujer y sus hijas. En el momento de la entrevista ya había asesinado a su mujer, según su propia confesión y, supuestamente, a sus dos hijas. Es decir, en ese vídeo es muy posible que mienta.

Alicia destaca su falta de expresividad y la ausencia de gestos que acompañan a emociones típicas que sufren las personas que están viviendo la desaparición de sus familias tales como la tristeza, la desesperación o la ansiedad. Contrario a esto, Chris denota gestualmente (a mi entender) una anómala seguridad en sí mismo dadas las circunstancias, con una reveladora desconexión emocional con los hechos que está relatando y adoptando, según la autora, una postura corporal de autoabrazo, lo cual puede indicar una necesidad de «reforzarse a sí mismo y autoproporcionarse confianza y ánimo emocional»

Alicia invita a sus lectores a buscar más gestos propios de la comunicación no verbal que estén relacionados con la mentira. En mi búsqueda de dichos gestos recordé que hay autores relacionados con la PNL (Programación Neurolingüística) que afirman que cuando recordamos (o fingimos recordar) algo que nunca sucedió (es decir, mentimos), dirigimos siempre la mirada hacia arriba y hacia la izquierda ( si somos diestros) y hacia arriba y hacia la derecha (si somos zurdos)

Así pues, me he entretenido en analizar el vídeo de nuevo deteniéndome en los momentos en los que el entrevistador le pregunta al acusado sobre hechos acontecidos en el pasado y sobre los que, según parece, miente. Sin embargo, no he sido capaz de relacionar el movimiento de los ojos del entrevistado con los momentos en los que supuestamente está mintiendo. 

Esto me ha llevado a la siguiente pregunta, ¿es cierto que nuestros ojos pueden delatar nuestras mentiras?

Según un estudio publicado en la revista científica digital «Plos One» , no es así. Al parecer, publicaron un estudio, del cual también recomiendo su lectura,  en el que grababan para su posterior análisis los movimientos oculares a personas que mentían y decían la verdad y no se detectaron diferencias entre ellas. Además, hicieron otro experimento en el que informaban a la mitad del grupo sobre las teorías relativas a la detección del engaño a través de los movimientos oculares y a la otra mitad no. Tras esto se le pedía al grupo entero que detectara las mentiras en las grabaciones del experimento anterior. El porcentaje de acierto en ambos grupos, en el conocedor de las técnicas de detección del engaño a través del movimiento de los ojos y en el grupo que no las conocía, fue prácticamente igual, ascendiendo en ambos casos al 50% de acierto aproximadamente.

Por lo tanto, la controversia está servida: quizá las miradas también mienten, juzguen ustedes mismos.

Victoria Pascual, Criminóloga

 

Referencias: 

https://blogs.20minutos.es/comunicacion-no-verbal-lo-que-no-nos-cuentan/ 24/08/18

http://www.elmundo.es/internacional/2018/08/21/5b7bdc6dca47411f6f8b465c.html 24/08/18

http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0040259 24/08/18

http://www.atemooch.cl/colores-de-ojos-los-5-mas-sorprendentes/ IMAGEN 24/08/18

La criminalización (o no) de usar el teléfono móvil durante la conducción

Hoy en día es fácil ver a un conductor utilizando su teléfono móvil, ya sea para realizar una llamada, mandar un Whatsapp o ver Facebook, y se realiza sabiendo de los peligros que conlleva, porque por falta de campañas de publicidad no será. Por citar algún estudio, la Doctora en Psicología por la Universidad de Columbia, Mark, describe en su estudio “Concentrados, despiertos, pero tan distraídos: una perspectiva temporal de la multitarea y las comunicaciones”, realizado en 2015 mediante el seguimiento detallado de 32 trabajadores, reveló que consultaban el correo electrónico 74 veces al día (de media) y entraban en Facebook una media de 21 veces (con un máximo de 264 visitas diarias). Y estas acciones se extrapolan, en un porcentaje alto de personas, cuando conducimos.

 

El informe #StopChatear, elaborado por el RACE en el año 2014, ofrecía ya datos alarmantes al respecto. Casi 3.900.000 conductores habrían utilizado el móvil durante la conducción, y 260.000 admitirían utilizar “muchas veces” o “siempre” el Smartphone mientras conducen. En el año 2016, otro estudio del RACC reveló que uno de cada cuatro conductores usa el móvil “a menudo” o “siempre” mientras circula, mientras que este porcentaje se dispara hasta el 47% en el caso de los peatones.

 

Las distracciones al volante suponen un poco más del 30% de los siniestros viales según fuentes de la DGT, y estas distracciones en su mayoría son por la utilización de los teléfonos móviles.

 

Queda demostrado que se utiliza el teléfono móvil al volante y la gran mayoría de los conductores saben que es una conducta desviada en el tráfico rodado y que causa y puede causar víctimas viales; pero sabiendo de sus consecuencias, ¿Por qué seguimos utilizando el móvil mientras conducimos?. La respuesta a esta pregunta ya se ha comentado al principio y es la “adicción” que se tiene por las redes sociales, principalmente.

 

Hay que recordar que hace tiempo con la llegada de los teléfonos móviles se vio el peligro que corría el conductor y los demás usuarios de las vías cuando se atendía una llamada de teléfono, y por eso con el paso del tiempo aparecieron los “manos libres” para combatir este problema y así el conductor puede atender a la llamada sin desatender los mandos del vehículo, pero se ha demostrado, por investigaciones inglesas, que mantener una conversación telefónica, ya sea mediante el manos libres o no, es equivalente a conducir con una tasa de alcoholemia de 0,8g/l mientras dure la conversación.

 

Pero hoy en día, utilizamos el teléfono móvil principalmente para consultar las redes sociales, email, whatsapp, etc. incluso se han diseñado artilugios para poder poner el móvil en el volante y poder escribir mientras manejamos el volante.

 

La utilización del teléfono móvil está recogida como una sanción grave en nuestra legislación de tráfico que conlleva una sanción de 200 euros y la detracción de 3 puntos del permiso de conducción. Hace ya 10 años que entró en vigor el permiso por puntos y con ello ha ido desapareciendo el miedo que produjo en principio a poder perder puntos y eso fue uno de los factores que ayudó a disminuir la utilización del móvil durante la conducción.

 

Pasado ese tiempo, y visto que no es muy frecuente que puedas ser sancionado por este hecho, ya que es una sanción difícil de controlar por los agentes encargados de la vigilancia del tráfico, se está convirtiendo en una práctica habitual, la de conducir e interactuar con tu teléfono.

 

Hay que buscar medidas para intentar erradicar esta actividad durante la conducción, y una posible medida es la criminalización de este hecho, medida que por ciertos foros se está contemplando, pero que tendría un fin parecido a la sanción administrativa, en un principio si rebajaría la utilización del teléfono móvil durante la conducción, pero por miedo a verse en un juicio penal por ello.

 

Desde la óptica de la Criminología Vial hay que buscar la mejor solución para la evitación  de la acción desviada al volante y hay que establecer medidas preventivas (primarias) antes que sancionar –penalmente- la conducta infractora (prevención secundaria y terciaria).

 

La medida para la prevención del uso del teléfono móvil al volante pasa por un cambio tecnológico en los vehículos, que prohíba la utilización del mismo e inhiba la señal, dejando solamente realizar llamadas de emergencias (112) y amparado por una Ley, ya que es necesario que se obligue a ello. Pero para ese cambio tiene que haber primero un cambio de concienciación por parte de los legisladores que obliguen a los fabricantes de vehículos a incorporar esta tecnología.

Sobre esto existe una APP ‘Ponle Freno Mutting’, que es un estilo “modo avión” para para usarlo en los vehículos, pero claro, quien la usa es el conductor que está concienciado de los peligros que hay…y por eso hay que buscar que el mecanismo sea obligatorio y nos ayude a evitar la distracción del móvil al volante, ya que la sanción no resuelve el problema.

 

1. Ver: http://compromiso.atresmedia.com/ponlefreno/noticias/ponle-freno-mutting-app-que-evita-distracciones-volante_20170621594a8cf70cf2194a9d3870d9.html

 

José María González, Director del Observatorio Criminológico de la Seguridad Vial

Un delito ¿una víctima?

Una joven de 23 años, consumidora habitual de heroína con síndrome de abstinencia, empuja a una mujer de 45 que va por la calle de noche, la tira al suelo y, tras robarle el bolso, sale corriendo. Un delito, robo, una víctima.

Un hombre, de 35 años, mete a una mujer de 25 en su vehículo a la fuerza, la intimida, la amenaza con un cuchillo y la viola. Tras la comisión del delito, la deja en la cuneta de una carretera secundaria. Un delito, violación (y alguno más, como secuestro), una víctima. 

Las anteriormente descritas, son situaciones muy claras en las que se puede comprobar, casi a simple vista, que existe un victimario que comete un delito el cual convierte a una persona en víctima. Pero sigamos exponiendo casos un poco más complejos.

Un hombre de 61 años golpea brutalmente a su mujer, de 57, hasta dejarla inconsciente en el suelo con lesiones de diversa gravedad. No es un hecho aislado puesto que lleva amenazando y maltratando a su esposa  más de 30 años. Muchas de las ocasiones en las que se ha producido el maltrato ha sido delante de los tres hijos de la pareja. Un delito, violencia doméstica, una víctima.

Una mujer de 32 años, perteneciente al comando terrorista ETA, pone una bomba lapa en el coche de una mujer, concejala de un partido político conservador de un pueblo de Vitoria-Gasteiz. Al arrancar el coche, la bomba explosiona.  Dicha explosión provoca graves lesiones, con resultado de muerte,  tras varias horas siendo atendida en un hospital. Un delito, homicidio, una víctima.

Todos estos casos tienen como denominador común que son delitos contra víctimas individuales. Son víctimas claras de delitos que pueden definirse de una manera simple. Por supuesto, todos ellos conllevan complejidades a nivel jurídico y de otras áreas de especialización pero, para alguien no versado en Criminología, Derecho u otra disciplina relacionada con la comisión de delitos, podrían ser casos bastante claros.

Sin embargo, permitidme hacer la siguiente pregunta: ¿Realmente hablamos en todos esos casos de una única víctima? Directa quizá sí, pero hagamos una segunda reflexión y miremos más allá.

La mujer que es robada en plena calle sufre, todavía meses después, un trastorno por estrés post-traumático y no quiere salir a la calle sola. Esta mujer era la cuidadora principal de su madre dependiente, la cual, al no poder ser atendida por su hija (que no se atreve a salir de noche a la calle sola y que no tiene recursos para contratara una persona especializada para cuidar de su madre), ha pasado a estar gravemente desatendida. La anciana sufre malnutrición, hacinamiento y depresión. ¿Una sola víctima por el robo?

En el caso de la mujer que sufre una violación podemos ver cómo, a raíz de convertirse en víctima, su vida ha cambiado radicalmente. Vive en un pueblo muy pequeño y su victimario es miembro de una familia muy influyente. Los padres de la víctima, a parte del sufrimiento propio de ver cómo tu hija ha sido víctima de un delito de estas características (lo cual les convierte ya en víctimas indirectas) se han visto aislados en su entorno social. La opinión pública de los vecinos de su pequeño pueblo es que, aunque hay una condena firme de por medio en base a hechos probados, su hija provocó al victimario el cual es una víctima inocente. Están aislados y repudiados, lo cual, al tener un comercio en la zona les ha repercutido, aparte de anímicamente, económicamente. ¿Una víctima por un delito de violación?

En relación al siguiente caso ya podemos hablar de varias víctimas desde el inicio: la esposa de 57 años, que es la receptora en primera persona del delito de violencia doméstica, y sus hijos, los cuales, aunque no han recibido la acción directa de maltrato del victimario (palizas, insultos, amenazas, etc.) están pasando también por un proceso de victimización al ser testigos de la victimización, valga la redundancia, de su madre por parte de su padre. El hijo mayor, en su etapa adulta, se convierte también en maltratador tras años de socialización primaria expuesto al maltrato. Cuando su mujer, embarazada de 6 meses, le anuncia que se va de casa y que va a pedir el divorcio, él coge un cuchillo y la mata. El feto no sobrevive. ¿Una única víctima por delito de violencia doméstica? 

Por último, el caso del homicidio terrorista tiene también otras consecuencias a parte de la evidente. La concejala asesinada tenía una mujer y dos hijos. A pesar de los grandes esfuerzos que su mujer realiza para evitar que sus hijos crezcan con odio hacia la homicida de una de sus madres, no lo consigue y la hija menor, al alcanzar la mayoría de edad, compra un arma de fuego y asesina a la homicida el mismo día en que ésta sale de la cárcel. ¿Un delito de homicidio, una víctima?

Desde luego, podríamos ir incluso más allá de lo anteriormente expuesto. Pensemos, por ejemplo, en el marido de la etarra. Para poder visitar a su mujer, debe viajar en autobús durante 8 horas para llegar a Huelva, donde se encuentra encarcelada su mujer, y no  en el País Vasco donde viene, debido a la Ley Antiterrorista, que determina la dispersión geográfica de los presos de delitos de esta índole. Dicho marido debe invertir tiempo de descanso (sólo puede ir durante los fines de semana porque trabaja entre semana) y dinero para poder visitar a su mujer unas escasas horas. Además, debe hacer el viaje con su hijo de 4 años, dado que no puede dejarlo a cargo de nadie y es el único momento en el que el niño puede ver a su madre. Padre e hijo nunca han cometido un delito, sin embargo, el que sí cometió  su mujer les victimiza en cierto modo. 

El mundo de la Victimología es muy complejo. Es cierto que es una disciplina muy joven, si la comparamos con otras como el Derecho o la Criminología de más larga tradición, pero es un área de conocimiento con muy buenos cimientos y, sobre todo, muy necesaria. La Victimología cada vez está más presente en los procesos judiciales pero, desde aquí, hago un llamamiento a las Instituciones para que se luche por implantarla en prevención y tratamiento del delito, dado que, como hemos visto en esta pequeña entrada, un delito rara vez deja una sola víctima y todas ellas deben ser tratadas. 

 

Referencias: 

https://www.debelareabogados.es/estatuto-de-la-victima/ IMAGEN 08/07/2018

Los criminólogos como cortafuegos sociales frente al radicalismo violento

Hace unos días nos levantábamos con la noticia del asesinato de dos policías en la ciudad de Lieja, Bélgica, en manos de un belga de apenas 30 años que disfrutando de un permiso penitenciario propinó dicho atentado contra las fuerzas y cuerpos de seguridad belga apuñalando a dos oficiales de policía por la espalda, las dos madres de familia, robando sus armas para disparar a un joven que se encontraba en su automóvil. Finalmente fue abatido.

 

Como es un habitual, el grupo terrorista Daesh se hacia suyo el atentado a través de sus canales habituales en donde aparecía el mensaje de alabanza a su terrorista. Lo terrible de estas notificaciones ya no es que se atrevan a atemorizar a la población dirigiendo ellos la estrategia de las fichas ganadoras del tablero de ajedrez bélico sino que muy sutilmente siguen vendiendo ese discurso falso y confuso todavía para algunos de islam y terrorismo. Sus gritos antes de matar usando palabras y frases islámicas hacen un buen trabajo a la hora de potenciar esa relación entre una religión y un terrorismo.

 

Estos terroristas han logrado que los tengamos presentes en nuestras mentes incluso cuando no tienen nada que ver con los acontecimientos. Aunque tenemos que ser conscientes del riesgo que estos grupos son para occidente no debemos  caer en uno de sus principales objetivos: hacernos vivir en un estado de temor y dejar de hacer actividades por miedo a lo que ellos puedan hacernos. Hay que ser conscientes y conocer los riesgos que tenemos mientras este terrorismo esté entre nosotros, pero no debemos permitir que esto nos haga cambiar a peor nuestros derechos y libertades que tanto nos han costado conseguir. La seguridad de un país comienza por el propio ciudadano.

 

Pero es de suma importancia que este problema se corte desde la raíz. Quien a día de hoy aun crea que contra este radicalismo solo se puede acabar a través de las FFCCS y servicios de inteligencia está muy equivocado. La implicación de otros profesionales es fundamental para evitar que este joven al entrar en contacto con el discurso radical no acabe atentando. Aunque los diferentes cambios en el código penal han favorecido que esta carrera hacia la radicalización violenta no sea tan fácil, no es suficiente. La formación de actores sociales para detectar y poder prevenir a través de herramientas que hagan menos atractivo el discurso de estos terroristas es fundamental. Y aquí los criminólogos tenemos un papel clave.  Los criminólogos de CISEG (Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global) desde hace un año estamos trabajando junto a la sociedad ofreciendo formación y herramientas para poder detectar y des-radicalizar a niveles bajos de radicalización. Ofrecer alternativas al discurso de Daesh y AlQaeda, información a posibles víctimas secundarias y, lo más importante, concienciar a la sociedad de que, cuando hay un atentado, las victimas no solo son las que mueren en él, lo son los familiares y amigos de éstas, la comunidad islámica en general porque todos los ojos les señalan, y también lo son esos jóvenes que se inmolan y que no hemos sabido proteger de caer y seguir en un proceso de radicalización que les ha llevado a morir matando. CISEG siempre apostará por el criminólogo y su preparación en prevención para luchar contra el radicalismo violento, sea éste de la ideología que sea.

 

David Garriga

Criminólogo. Colegiado nº 100. Presidente de CISEG

 

Referencias: 

https://enigmasovni.blogspot.com/2016/03/guerra-contra-terrorismo-causas-consecuencias.html IMAGEN 17/06/18

La atracción del mal

El nuevo caso del adolescente que hace unas semanas mató a una mujer en Castrogonzalo (Zamora), el pueblo más cercano al que me crié, me ha hecho recordar los casos de a otros pequeños criminales’ de la reciente historia de este país. Así, me vienen a la memoria los casos de José Rabadán, el chaval que acabó a golpe de katana con vida de sus padres y de una hermana con síndrome de Down; Rafael García, ‘Rafita’ condenado junto a tres amigos por el brutal asesinato de Sandra Palo; Miguel Carcaño, el asesino confeso de Marta del Castillo; o Andrés Rabadán, el joven que hace 20 años se cargó a su padre apretando una ballesta.

Su protagonismo mediático les ha reportado no sólo la indignación y la repulsa de la familiares y los amigos de las víctimas, sino de la población en general, la cual se debate, como de costumbre, entre el endurecimiento ‘en caliente’ de las leyes para penar más este tipo de hechos o, los menos, por analizar y estudiar las circunstancias personales del verdugo y su familia para saber qué falló y cómo podemos reinsertar a ese joven en la sociedad y el tratamiento de la víctima, funciones de los criminólogos.

La sobreexposición de su caso, de su persona, a la que tarde o temprano se pone foto o imagen, también comporta otras consecuencias difícilmente imaginables. En muchas ocasiones reciben la admiración, la comunicación y el enamoramiento de algunas mujeres, seducidas por las características físicas de los asesinos o incluso de su maldad.

El fenómeno, que en España afecta especialmente a jóvenes criminales, en Estados Unidos ya recibe nombre. Se llama ‘killers groupis’, es decir, fans de los asesinos, y se ha estudiado bastante, especialmente en la rama de los asesinos en serie, que en ocasiones arrastran decenas de admiradoras. El trastrono ya tiene un nombre científico, hibistrofilia, una enfermedad mental caracterizada por la excitación extrema o la atracción hacia una persona que normalmente ha cometido un hecho espantoso, una patología que se da más en mujeres que en hombres.

manson La atracción del mal

Charles Manson y Elaine Burton

El caso más conocido fue el de Charles Manson, uno de los más famosos conspiradores de asesinato de Norteamérica, quien reclutó un ejército de fans a modo de secta criminal que mató, entre otras personas, a la actriz Sharon Tate, la mujer de Roman Polanski. Un tipo que bien había servido de inspiración para el personaje de Joe Carrol en la serie televisiva ‘The Following’, que recomiendo porque narra con todo lujo de detallas la seducción del mal, la atracción del psicópata y el fenómeno de ‘serial killers groupis’. 

Ya en la cárcel, desde que fue apresado en 1969 hasta que falleció el año pasado, Manson recibió cientos de cartas de admiradoras proponiéndole matrimonio. Y de hecho, casi llega a hacerse realidad. El 2014, con 80 años, se comprometió a casarse con Elaine Burton, de 27 años. Sin embargo, a pocos días del enlace la boda fue cancelada porque las verdaderas intenciones de Elaine eran, una vez muerto en la prisión, hacerse con su cuerpo y exponerlo en una cripta de cristal en California para sacar dinero con ello.

¿Admiración, coqueteo con el mal, repercusión, notoriedad, lucro..? Muchas pueden ser las razones de las y los ‘killers groupis’ para enamorarse de un asesino. La criminología nos ayuda a desvelar cómo se puede llegar a crear un vínculo personal de estas características, pero para ello es mejor centrarnos, por cercanos, en los casos españoles que antes comentamos.

 

CARTAS A LA CÁRCEL

La mayoría de las historias comienzan igual. Frente a un mundo de Whatsapp y Skype, en la cárcel las cartas manuscritas siguen teniendo el valor de antes, incluso más. Y son el nicho de la afectividad y el enamoramiento. Eso le pasó a Bonaventura cuando fue a una exposición sobre los dibujos del primer asesino de la ballesta. Le gustaron las obras y empezó a escribirse con el hombre que a los 20 años clavó cuatro flechas a su padre. Le gustaba su lunar y su manera de ser y, pese a reconocer algo de miedo intrínseco, años después se casaron en la prisión y ahora disfrutan juntos de permisos penitenciarios; más allá de lo que pasó, de los intentos de fuga de la prisión o de la amenaza, ya dentro, de violar a una enfermera. Un flechazo, pero de amor. El caso de Andrés Rabadán acabó en documental.

Parecida suerte corrió Juan José Garfia, conocido por la opinión pública de los 80 por sus atracos e intentos de fuga de prisiones, fue condenado por matar en 1987 a un guardia civil, a un policía municipal y a un empresario. Confinado a una celda de máxima seguridad y en régimen especial de incomunicación, la vida del asesino pasaba aburrida hasta que un día una enfermera tuvo que atenderle en la celda, escrupulosamente observada por un carcelero. El roce hizo el cariño y Marimar, hija de guardia civil pero anarquista cristiana, acabó finalmente casándose con su reo. Lo hizo porque se enamoró y porque cree en la reinserción, o eso dijo.

Su idilio fue llevado al cine con ‘Horas de Luz’, película dirigida por Manolo Matjí con las interpretaciones de Alberto San Juan y Enma Suárez en ‘Horas de luz’. El cartel la anunciaba con una reveladora pregunta: “¿Puede el amor liberar a un asesino?”. En una entrevista concedida hace ya unos cuantos años al periodista Juan Carlos Rodríguez, Marimar  respondía con contundencia. “A ver, ¿liberar a un asesino o a una persona condenada por asesinato? Porque son dos cosas diferentes. Para lo primero no tengo respuesta. Considero que un asesino es la persona que sale de su casa premeditadamente pensando en cargarse a alguien, o quien vende drogas a un niño, o el ejecutivo que va a f… niñas a Tailandia. Pero no la persona que dispara para proteger su vida, como hizo Juanjo, aunque no sea justificable. Mi marido no es un asesino; es una persona condenada por asesinato”.

katana La atracción del mal

El asesino de la katana

El caso del asesino de la katana ocurrió al revés. Fue él que decidió ponerse en prisión en contacto con la chica, hermana de uno de sus compañeros de internado. Con el tiempo y las comunicaciones que mantenían, incluso vis a vis, se convirtieron oficialmente en pareja de hecho. No obstante, el chaval, en internamiento por matar a sus padres con la espada samurai y con rasgos psicopáticos, al no reconocer el daño causado, recibió cientos de cartas de admiradoras. Entre ellas, una firmada por dos chavalas que poco tiempo después mataron a puñaladas a una compañera de instituto en San Fernando (Cádiz).

Un caso similar pero más actual es el de Miguel Carcaño, uno de los asesinos confesos de Marta del Castillo, la adolescente cuyo cuerpo sigue sin aparecer porque los implicados nunca han revelado el lugar exacto donde fue depositado. Miguel ha recibido, entre barrotes, decenas de cartas, incluso dinero, de sus fans.

 

ENCANTADORES DE SERPIENTES

¿Qué ha llevado a estas mujeres, en apariencia normales, a querer pasar el resto de su vida con los criminales? Aunque las características de cada caso son distintas, todas ellas se sienten atraídas, de forma positiva o negativa por el poder de la violencia y un concepto oscuro, incluso gótico, del romanticismo desdichado. La literatura y el cine nos aportan grandes ejemplos de grandes amores trágicos, sangrientos, pero apasionados, sin lugar para el aburrimiento. «En el fondo, la violencia nos seduce a todos, y ella también puede sentirse atraída», señaló el psiquiatra forense José Antonio García Andrade respecto a la chica del ‘asesino de la katana’

Son varios los perfiles de las mujeres que se enamoran de asesinos y homicidas. La primera categoría la componen las buscadoras de emociones fuertes, féminas valientes y seguras de sí mismas que se sienten atraídas por aquel que puede contravenir las normas. Ven al condenado como una víctima de su pasado –muchos fueron maltratados de pequeños o recibieron afectividad alguna de sus progenitores–, y no como una fiera. Les gusta la fama porque la conciben con un halo de crecimiento personal. «Ellas sienten que tienen el control de un hombre, y es la primera vez en la vida que les ocurre. Hay mujeres que se acercan a estos asesinos solo por afán de notoriedad; cuanta más fama tiene el criminal, más fans consigue», señala la norteamericana Sheila Isenberg, autora del libro ‘Women who love men who kill’ (Mujeres que aman a hombres que matan).

Frente a las ‘buscavidas’ también abunda otro perfil de persona enamoradiza, fascinada por el personaje y que actúa con el asesino más como una madre que quiere entender lo que le pasó y ayudarle a ‘volver a ser bueno’ que como una compañera sentimental. Su vida, por lo general, es gris, monótona y sin emociones. “Tienes una vida con pocos logros y no te manejas correctamente en ellas porque tus relaciones emocionales son un desastre; y, de pronto, vas a convertir o a redimir a un famoso asesino. Si eres capaz en tu imaginación de ser la novia o mujer de alguien tan peligroso y denostado tienes una recompensa emocional muy fuerte. Ese es un valor extraordinario para una vida con tan pocas recompensas positivas, hasta tal punto de que puedas negar lo obvio y distorsionar la verdad, diciendo que está en la cárcel por un mal juicio, que han manipulado las pruebas y que es inocente”, argumenta el criminólogo Vicente Garrido.

En estos casos, esta persona puede ser manipulada por el asesino, muchos de ellos psicópatas y, por tanto, acostumbrados a fingir sensaciones que no tienen y engañar a las personas que quieren. Por tanto, no es de extrañar que un individuo sin estudios pueda con unas grandes expectativas emocionales y relaciones sentimentales confusas  creer ‘a pies juntillas’ en lo que le diga el reo. “Los psicópatas son seductores natos; no pueden vivir sin seducir. Seducen no por necesidad de afecto, sino para garantizarse vía libre a sus deseos. Tienen la capacidad de reconocer a los que son vulnerables: personas con una baja autoestima o que presentan carencias afectivas», sentencia la psicóloga Sonia Tapias.

Los especialistas sostienen que este tipo de ‘novias’ fueron maltratadas en el pasado y que ahora busquen un elemento de sufrimiento. Es el llamado síndrome de la bella y la bestia. Al principio tienen miedo pero luego resultan fascinadas, sienten pena, quieren protegerles y caen rendidas a sus pies. La atracción del mal.

Julio de la Fuente Blanco