15 septiembre , 2018

En casa del herrero, cuchillo de palo

publicado por Victoria Pascual

«Soy criminóloga, no asesina». Esta es la respuesta que muchos de nosotros, los criminólogos, estamos tentados de dar ante determinados comentarios que nos hacen al conocerse nuestra profesión. «¿Cuál es la forma de matar más efectiva?» «¿Cuál es el veneno que no deja rastro?» «¿Cuál es tu asesino en serie favorito?» o «Si quisieras matar a alguien, ¿cómo lo harías?» Son algunas de las muchas preguntas a las que nos enfrentamos.

Algunas personas consideran que un criminólogo, por el mero hecho de serlo, a parte de ser un morboso empedernido, es el perfecto asesino. Y, aunque sé que con esta afirmación voy a  decepcionar a un gran sector de amantes de la Criminolgía, voy a decirlo: no, los criminólogos no tenemos la clave para cometer el asesinato perfecto. Ya lo siento. Es más, probablemente, tendríamos tantos datos complejos en cuenta, tantas teorías en la cabeza, tanto conocimiento psicológico, criminalístico, médico forense, etc.,  que nunca llegaríamos a cometer el asesinato por no tener el tiempo, ni las ganas,  de controlar todas las posibles variables.

Sin embargo, hay veces que la realidad se empeña en desdecirnos y nos muestra que la vida siempre nos sorprende o, mejor dicho que, por lo esperado, no nos sorprende en absoluto.

Hace unos días saltaba la noticia de que una famosa novelista norteamericana, especializada en novela de suspense romántica, era acusada de asesinar a su marido. En alguna de sus novelas, la autora había incluido tramas en las que una mujer asesinaba a su marido; historias en las que otra mujer imaginaba múltiples formas de asesinar al suyo o finos argumentos basados  en el hecho de que alguna señora estaba a punto de acabar con la vida de su esposo.

«Una pistola es ruidosa, sucia y requiere cierta habilidad. Un cuchillo exige contacto: es algo muy personal y te llenas de sangre. Contratando a un sicario te arriesgas a que te delate o te chantajee. ¿Y quién conoce a uno? Recurrir a un amante es una idea peor aún. En cuanto al veneno, lleva uno o dos meses matar a alguien, y la víctima estará enferma todo ese tiempo. ¿Quién desea estar con un marido enfermo?» (El País digital, 13/09/18) Y todo esto no lo digo yo, lo dijo Nancy Crampton-Brophy» en el blog «See Jane Publish» en su entrada «Cómo asesinar a tu marido» (por favor, no dejéis de leerlo. Es francamente revelador) del pasado 4 de noviembre de 2011, hace siete años. Hace a penas unos días era acusada de matar a su propio marido.

Nancy, al parecer, se decantó por la primera opción: el arma de fuego. Encontraron a su marido, el cual era chef en un Instituto Culinario del estado Norteamericano de Oregón, en el suelo de una de las cocinas del instituto sobre un charco de sangre, la cual manaba de varias heridas de bala. Nancy debió pensar que, aunque la «pistola era sucia y ruidosa», ella tenía la habilidad suficiente para manejarla. Y, estaba en lo cierto. Habilidad con el arma tenía porque consiguió deshacerse de su pareja para siempre pero no, desde luego, cometiendo el asesinato perfecto, porque no han tardado mucho en finalizar la investigación y acusarla de asesinato. Todo su conocimiento sobre el tema, no le ha permitido salir impune.

Hace no mucho, otro escritor de novela negra, esta vez de nacionalidad china, salía en todos los medios de comunicación porque había sido arrestado acusado de asesinar a cuarto personas en 1995. Junto con un cómplice el acusado asesinó a una persona en un hostal para robarle unas pertenencias y, para ocultar el crimen, también asesinaron al matrimonio que regentaba el local y a su nieto de tan sólo 13 años. En esa fecha, el crimen sí prometía ser perfecto porque la ausencia de evidencias y la imposibilidad de cotejar unas pruebas de ADN hicieron que el caso se diera por cerrado.

Y aquí está Liu Yongbiao, que así se llama el escritor chino protagonista de esta historia, 15 años después de los hechos. Corre el año 2010 y se siente tranquilo y relajado, fuera de peligro. Tanto es así, que decide escribir un libro basado en el asesinato que su cómplice y él habían cometido, supuestamente, tantos años atrás («El secreto culpable»)

Es más, en el prólogo el autor indicaba que «quería escribir acerca de una bella novelista que ha matado a mucha gente sin que se hayan resuelto los crímenes». Y eso hizo, pero el avanzado estado en el que se había encontrado la investigación, más las pistas con las que fue regando su libro, fueron suficientes para poder reabrir el caso y arrestarlo a él y a su cómplice.

Así pues, en casa del herrero, cuchillo de palo. Ser criminólogo, o tener una profesión relacionada con el mundo del crimen, no nos habilita para cometer el crimen perfecto.

O quizá sí. Es tan perfecto que nunca lo sabremos.

Victoria Pascual. Criminóloga. 

 

Referencias:

https://elpais.com/internacional/2018/09/13/mundo_global/1536790648_248018.html (15/09/18)

https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/detienen-famoso-escritor-chino-asesinato-mato-cuatro-personas-plasmo-crimen-novela_20170816599435c80cf2e2ea354fa19c.html (15/09/18)

http://archive.is/D1s2X (15/09/18)

https://fineartamerica.com/featured/hogue-grips-hang-gun-drawing-art-kim-wang.html (IMAGEN 15/09/18)

 

 

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