19 mayo , 2018

Déjenos pasar señor Grissom

publicado por Victoria Pascual

Corría el año 2002 cuando en España irrumpía, tímidamente al principio y, fuertemente después,  una nueva serie de televisión en todos los hogares de manos de la cadena privada de televisión Telecinco.

Una impactante apertura que mostraba una vertiginosa sucesión de imágenes de  fluidos corporales, experimentos científicos e investigadores en la escena del crimen, todo ello acompañado de una potente versión de la canción «Who are you»  de The Who, preludiaba una hora de trepidante acción investigadora.

Hasta ese momento, la imagenería popular relacionada con la resolución de crímenes, estaba basada en la idea romántica, o clásica como prefiráis llamarla, de autores como Sir Arthur Conan Doyle o Agatha Christie. Ellos crearon grandes personajes como los inmortales  Sherlock Holmes o Hercules Poirot, los cuales realizaban una investigación del posible crimen, si bien respaldada en cierto modo en el empirismo científico, basada fundamentalmente en el análisis de las circunstancias del crimen a través de interrogatorios a las posibles personas implicadas. Además, la investigación era realizada por una única persona o, como mucho, de dos personas (¿Qué habría sido del soberbio Sherlock sin la inestimable ayuda del Doctor Watson) que, además, estaban por encima de las investigaciones de las fuerzas de seguridad el Estado, cuyos trabajos quedaban siempre superados por el investigador particular, por muy Scotland Yard que fueran (pobre inspector Lestrade).

Las series de televisión de los años setenta y ochenta reforzaron esta idea de investigador privado solitario que es mucho más hábil que la policía. Surgieron personajes detectivescos tales como el inspector Colombo, con su inconfundible gabardina y su sempiterno cigarro entre los dientes, o la intrépida Jessica Fletcher que, con su máquina de escribir, su bicicleta y sus siempre pertinentes y mordaces preguntas te resolvía cualquier crimen que, dicho sea de paso, parecía atraer o provocar con su sola presencia.

Siendo así, la serie de televisión «CSI», acrónimo de Crime Scene Investigation ,o dicho en el lenguaje de Cervantes, Investigación de la Escena del crimen, introdujo una serie de atractivas novedades en relación a la investigación policial.

Una de esas novedades consistía en la introducción de la idea de investigación grupal. Desde luego, ya se había visto en numerosas series anteriores como «Canción triste de Hill Street» o «Tween Peaks» entidades policiales que realizaban  investigaciones en equipo que se ajustaban más a la realidad que la mostrada por las series y libros antes mencionados. Sin embargo, es «CSI» la serie que marcará la diferencia en términos de investigación policial en la primera década del siglo XXI y que, además, coincidió en el tiempo en España con el debate sobre la aparición de una Licenciatura (Grado ahora) dedicada exclusivamente a la Criminología.

Otra de esas novedades la encontramos en el hecho de que el equipo de investigadores eran científicos. Y no de una especialidad concreta sino de todas en general. Gil Grissom, el director del equipo de investigación criminal de Las Vegas (turno de noche, por cierto, que siempre es más truculento) contaba entre  sus múltiples especialidades la Entomología, la Criminología, la Medicina Legal y Forense, la Psicología Criminal, la Física, la Química, la Balística, la Toxicología, la Historia, las Ciencias Medioambientales, la Antropología y un sin fin de otras áreas de conocimiento que harían palidecer a todos premiados con el Nobel en cualquiera de estas áreas. Grissom además había sabido rodearse, porque ninguno de sus empleados le venía a la zaga, casi cualquiera de ellos era capaz de hacerle sombra. Esta serie nos muestra una especie de super héroe omnisciente, que todo lo sabe y que todo lo ve, que habría dejado verde de envidia al mismísimo Leonardo Da Vinci. ¡Tanto era su saber!

Este ilustre equipo de sabios hacía algo que, hasta ese momento, le estaba vedado a un policía o detective público y era realizar la investigación desde el principio hasta el final. Es decir, el equipo de Grissom era una suerte de Juan Palomo (si me permitís la expresión) yo me lo guiso, yo me lo como. Ellos llevan la investigación criminal, desde el momento en el que aparece el cadáver hasta el momento en el que el sospechoso es condenado. Ellos investigan la escena del crimen, recogen las pruebas, realizan los experimentos y comprobaciones científicas necesarias, interrogan a los sospechosos y a las víctimas (si sobreviven) y deciden quién es el autor o autores del crimen. Con esta perspectiva sobran hasta los jueces.

Siendo así, «CSI» logró confundir al respetable público español, que con avidez  veía lunes tras lunes la serie, en relación a todo lo que tiene que ver con la Criminología y con una investigación real. Vendió, entre otras cosas, Criminología por Criminalísitica simplificando los crímenes y delitos reduciéndolos, prácticamente, a aquellos relacionados con delitos de sangre obviando, además, las múltiples áreas en las que se puede especializar un criminólogo tales como la prevención, la victimología o la green criminlogy.

Esto ha sido, y sigue siendo, un problema para los Criminólogos. Y lo es tanto a nivel individual, dado que muchos de los estudiantes que han elegido la carrera de Criminología lo han hecho pensando en que sus estudios y vidas profesionales se parecerían al día a día de los integrantes del equipo de «CSI», como a nivel social e institucional que piensan que el criminólogo ha nacido para investigar muertes de carácter violento con una lupa en una mano y una muestra de ADN en la otra. Y esto, como bien sabemos los que lo sufrimos, no es así.

Ni el trabajo del criminólogo es lo mostrado en «CSI» ni la Criminología es sólo criminalísitica. Y es por este motivo que, entre todos los criminólogos y los amantes de la Criminología, debemos ir arrojando un poco de luz sobre en qué consiste nuestra ciencia y nuestro trabajo.

Es por eso que, con todo el cariño y el respeto del mundo, le pido al señor Grissom que nos ceda por fin el paso, tenemos mucho trabajo por hacer.

Victoria Pascual, criminóloga.

 

Referencias:

https://graficzek.wordpress.com/tag/lupa/ IMAGEN 19/05/2018

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