12 agosto , 2020

CRIMINALIDAD Y GÉNERO: BREVE APROXIMACIÓN A LA DELINCUENCIA FEMENINA

publicado por CPCM

Introducción

La transgresión femenina es y ha sido hasta la fecha un campo olvidado por la Criminología. Aunque el comportamiento delictivo femenino se ha manifestado en todos los periodos de la Historia, no se comenzó a estudiar ni investigar hasta el siglo XIX. Además de la carencia de estudios e investigaciones sobre la materia, se suma que la Criminología tradicional ha ignorado los pocos estudios existentes que versan sobre la temática y ha aplicado las mismas teorías y conclusiones de los estudios sobre delincuentes varones a las conductas delictivas de las mujeres.

Por si no fuera poco, los investigadores y sujetos de investigación en Criminología han sido mayormente hombres, tal y como ocurre en otras ciencias. Como consecuencia de este dominio masculino, actualmente existe un conocimiento científico limitado y sesgado en lo relativo a la delincuencia cometida por las mujeres, si bien desde hace poco se está empezando a dar visibilidad a esta temática.

Según la doctrina, esta carencia de datos se debe al menor número de delitos cometidos por las mujeres en comparación a los hombres. Si bien es cierto esto último, eso no esgrime, a mi juicio, de la necesidad de investigar un fenómeno más dentro de la criminalidad. Una aproximación a esta diferencia delictiva entre hombres y mujeres se puede apreciar en los datos ofrecidos por el INE en relación con el número de condenadas y condenados en España entre los años 2013 y 2018:

 


Fuente: elaboración propia a partir de los datos del INE.

Como se puede observar, la diferencia es abismal entre ambos sexos. Desde la última reforma del Código Penal en 2015 se produjo un incremento delictivo significativo tanto en mujeres como en hombres debido posiblemente a la introducción de nuevos tipos penales y a la eliminación de las faltas pasando a ser delitos leves en su lugar, entre otros factores. Asimismo, en general se aprecia un incremento notable en los últimos años respecto al número de condenas. En el año 2018 disminuye el número de condenadas respecto a 2017, caso contrario de los hombres, donde se produce un incremento.

 

Tipología delincuencial de las mujeres transgresoras

Respecto al número de delitos cometidos por las mujeres entre 2013 y 2018 según la tipología delictiva, el INE ofrece los siguientes datos. Teniendo en cuenta la tipología tan amplia existente de delitos recogidos en el Código Penal actual, tan solo he reunido los cinco primeros delitos más cometidos:

 

Fuente: elaboración propia a partir de los datos del INE.

Por tanto, los delitos que más cometen las mujeres son delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, destacando los hurtos y las defraudaciones. A ello le siguen los delitos de lesiones; los delitos contra la seguridad colectiva, donde predominan los delitos contra la seguridad vial; los delitos contra la libertad, especialmente las amenazas; y los delitos contra la Administración de Justicia, siendo la mayor parte de ellos quebrantamiento de condenas y acusaciones y denuncias falsas. Prácticamente en todos ellos se observa un aumento en el número de condenas con el paso de los años.

Si se comparan estos cinco primeros delitos cometidos por mujeres con el cometido por los hombres no se aprecia mucha diferencia, pues los más cometidos por hombres son, ordenados de mayor a menor: delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, contra la seguridad colectiva, lesiones, contra la libertad y contra la Administración de Justicia. La única diferencia destacable, además de la disparidad de las cifras que se ha comentado, es que mientras que el delito de lesiones ocupa el segundo lugar en el caso de las mujeres, en el caso de los hombres ocupa el tercero. Además, dentro de cada tipología delictiva tampoco existen diferencias destacables exceptuando que, en el caso de los hombres, dentro de los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico destacan, además de los hurtos, los robos y robos con violencia, cosa que en el caso de las mujeres no sucede.

 

Tipología delincuencial en Centros Penitenciarios

En cambio, si nos vamos a las estadísticas ofrecidas por la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias (en adelante SGIP) respecto a la población reclusa en España a diciembre de 2019 se obtiene lo siguiente:

 

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de SGIP.

La diferencia entre ambos sexos sigue siendo relevante. Del mismo modo, se observa un número muy bajo de población reclusa comparado con el total de condenas de 2018 del INE mencionada al principio. Esto, como sabemos, es debido a que la pena de prisión no es la única clase de pena existente y esta suele ser la más grave.

Si se compara la tipología delictiva de los delitos cometidos por las mujeres con la de la población reclusa mostrada en el gráfico siguiente se aprecian diferencias significativas.

 

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de SGIP.

En el gráfico aparecen delitos que no se encontraban en los datos del INE, tal como los delitos contra la salud pública, homicidio y sus formas y delitos contra el orden público. Esto se debe a la gravedad de estos delitos y a la gran extensión de sus penas en prisión. Los delitos contra la seguridad colectiva o contra la libertad no necesariamente implican condenas en prisión o conllevan penas menos largas.

Comparando estos datos con la población reclusa masculina se observa que existen algunas diferencias. En el caso de los hombres existe un número alto de condenas por violencia de género y por delitos contra la libertad sexual, algo que no sucede en el caso de las mujeres.

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de SGIP.

Por tanto, en el caso de las mujeres (y de los hombres) la delincuencia tiene un fin mayoritariamente lucrativo, ya sea mediante robos, hurtos o tráfico ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas. En el caso de los delitos contra el patrimonio en las estadísticas no se muestra la variedad de modalidades delictivas dentro de este tipo penal, tales como el hurto, robo, extorsión o defraudaciones, entre otras. Esta diferenciación no carece de importancia puesto que, dentro de las modalidades mencionadas, se encuentran delitos violentos y no violentos, que requieren o no de riesgo, fuerza e intimidación.

Respecto a los delitos contra la salud pública, es destacable el caso de las mujeres utilizadas por las organizaciones criminales para introducir droga en el país. Estas mujeres victimarias denominadas vulgarmente como “mulas”. Introducen las sustancias en su propio cuerpo o en el equipaje y el motivo principal que lleva a cometer este tipo de delitos, ya sean o no consumidoras de estas sustancias, es el hecho de que son delitos poco detectados por las autoridades policiales y que no requieren de especial destreza ni riesgo.

Además, la comisión del delito se suele realizar de forma individual más que en coautoría y sin estar integrada en la organización criminal. En el caso de ser descubiertas, prefieren no delatar a la organización ni a ninguno de sus miembros, ya sea por miedo o chantaje, siendo esta la razón por la que las autoras del delito, en la mayoría de los casos, no se benefician de atenuantes relacionados con la colaboración con la Administración de Justicia, lo que ocasiona largas estancias en prisión.

Sobre los delitos de lesiones y de homicidio y sus formas, la mayor parte de las lesiones se producen a niños y los homicidios a personas del entorno social o familiar de la victimaria, tal como parejas, hijos o personas mayores. En los delitos de lesiones y homicidios, las mujeres actúan como autoras materiales del delito, es decir, como autoras individuales, mientras que en los delitos de robos y atracos suelen actuar más como cómplices.

En resumidas cuentas, el perfil de la población reclusa femenina se caracteriza por la pobreza, marginalidad, exclusión social, alta estigmatización, analfabetismo, baja cualificación profesional y educativa y una posible relación con la drogodependencia y con la violencia de género, doméstica o sexual. Mientras que en años anteriores la mayor parte de las mujeres reclusas estaban penadas por delitos contra la salud pública, en los últimos años el mayor número se constituye por las penadas por delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico. El perfil de edad mayoritario lo conforman las mujeres adultas, de nacionalidad española (aunque en los últimos se ha incrementado el número de mujeres extranjeras), penadas y en segundo grado de tratamiento. Utilizan menos la violencia, la fuerza y asumen menos riesgo que los hombres, además de tener una tasa menor de reincidencia.

Etiología de la delincuencia femenina

Una vez visto esto, quizá surjan varias preguntas, como por ejemplo: ¿cuáles son las causas y los factores que intervienen en la delincuencia femenina? ¿por qué las mujeres transgreden la ley menos que los hombres?

Las teorías que intentan responder a estas preguntas se pueden dividir, de forma muy resumida, en tres bloques: enfoques biológicos y biopsicológicos, teorías y escuelas sociológicas y enfoques actuales.

El primer bloque, situado aproximadamente entre el siglo XIX y XX y de la mano de nuestro gran conocido Lombroso (entre otros y otras autoras), aseguró que la menor transgresión femenina es debida a la constitución y a la debilidad inherente de las mujeres estando su comportamiento determinado genéticamente.

Otras corrientes dentro de este bloque consideraron que la criminalidad está repartida igualmente entre los géneros. No obstante, la diferencia abismal mostrada en las estadísticas delincuenciales entre un género y otro se explicaría por una cifra negra considerable en el caso de los delitos cometidos por mujeres debida a la capacidad de engaño predeterminada por la constitución biológica de la mujer y su especial situación social relegada en la esfera privada.

También son destacables las corrientes que relacionan la criminalidad femenina con el síndrome premenstrual y la menopausia. Por supuesto, todas estas conjeturas anteriores no tienen ninguna base científica y se encuentran obsoletas hoy por hoy. Por último, dentro de este bloque, algunas teorías un poco más recientes defienden que la desigualdad en las cifras de delincuencia reside en el cromosoma Y del hombre, el cual está asociado a la virilidad y la agresividad. Otros autores y autoras argumentan que la diferencia delictiva reside en las hormonas masculinas y femeninas.

El segundo bloque, como su propio nombre indica, estudia el fenómeno desde una perspectiva social. La teoría de la caballerosidad, por ejemplo, entiende que el incremento de las cifras de delincuencia femenina es consecuencia de una mayor persecución de estos delitos, que hasta entonces no habían sido condenados por la justicia debido a su carácter leve y su relación con el ámbito familiar.

Ya en los años setenta y ochenta del pasado siglo surgen, dentro del marco feminista, las teorías de la emancipación. Siguiendo la línea argumental de estas teorías, la disparidad en las cifras se explica por el desempeño de distintos roles y posiciones sociales del hombre y la mujer. Las mujeres, según escalen posiciones en la sociedad y queden menos relegadas en la esfera privada, las cifras de delincuencia entre hombres y mujeres se igualarán.

Otras corrientes atribuyen la baja cuota de criminalidad femenina a un mayor control social hacia las mujeres y al rol que se les ha asignado en la sociedad mediante una educación desigual con respecto a los hombres.

El último bloque, teniendo cabida en las dos últimas décadas, se centra en el estudio de los factores riesgo y protección de ambos géneros. Por un lado, un primer enfoque defiende que los mismos factores asociados con la delincuencia masculina pueden predecir la delincuencia femenina. La diferencia en las cifras de delincuencia se debería a la mayor exposición de los hombres a estos factores de riesgo.

Por el lado contrario, otro enfoque sostiene que los factores de riesgo y de protección son distintos entre ambos géneros. Este enfoque atribuye los factores de riesgo principales en la delincuencia masculina a la dura disciplina recibida en el hogar, las tensiones familiares, el fracaso escolar o los amigos con una conducta desviada. En cambio, la sobreprotección, la falta de supervisión y el bajo apego hacia los progenitores se corresponderían con los factores de riesgo en la conducta delictiva femenina.

Conclusiones

Entre 2013 y 2018 los delitos más cometidos por las mujeres son los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, lesiones, delitos contra la seguridad colectiva, contra la libertad y contra la Administración de Justicia.

En diciembre de 2019 la mayor parte de las mujeres en centros penitenciarios estaban penadas por delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, contra la salud pública, homicidio y sus formas, lesiones y contra el orden público.

La población reclusa femenina se caracteriza por la pobreza y la exclusión social. Por otro lado, las mujeres delinquen en menor medida, de forma menos violenta y son menos reincidentes que los hombres.

Hoy por hoy, todavía ninguna teoría aborda de forma integral ni multidisciplinar la etiología delictiva femenina, las causas por las que las mujeres delinquen menos que los hombres ni el incremento de la delincuencia femenina de los últimos años.

Por tanto, este fenómeno sigue siendo un campo todavía por descubrir y explorar y requiere de un esfuerzo por parte de los profesionales en Criminología para dar luz y visibilidad a esta problemática.

REFERENCIAS

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Artículo escrito para el blog del CPCM por la colegiada Alba Díaz Ortega (@adiazor_)

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