enero 16, 2021

La solidaridad viaja en 4×4

     Se ha hablado mucho de los voluntarios 4×4 de la Comunidad de Madrid tras el paso del temporal Filomena durante el segundo fin de semana del recién estrenado 2021. Uno más de esos voluntarios, no adscrito a ningún grupo, fuimos mi familia y yo, con nuestro Land Rover Discovery TD5 que, aunque ya entrado en años, está bien equipado para la conducción en condiciones meteorológicas adversas.

     Apenas unas horas antes a la gran nevada, el viernes 8 sobre las diez de la noche, cuando el temporal arreciaba ya con fuerza y la conducción se hacía cada vez más difícil por las carreteras madrileñas, me llegó a través del grupo de WhatsApp ‘Amigos de un gran Club’ (grupo de usuarios Land Rover) un aviso sobre un vehículo 4×4 atrapado a unos cinco kilómetros de la localidad en la que residimos, Arroyomolinos.

     Tras hablar con el compañero que trataba de asistirle, salí con el Discovery hacia allá, no sin gran dificultad. Las carreteras ya comenzaban a hacerse intransitables y las máquinas quitanieves apenas iban retirando la nieve, que volvía a cubrir las vías rápidamente. Finalmente el compañero logró evacuar el coche y las dos personas pudieron volver a su residencia en su propio vehículo.

La solidaridad viaja en 4x4

     El sábado 9 nos despertamos con la gran nevada. Las calles amanecieron totalmente cubiertas de blanco, con casi medio metro de nieve que hacía imposible la conducción de ningún vehículo. Fue un día de diversión para casi todos los vecinos que, atraídos por la gran nevada, nos echamos a las calles con nuestros trineos, skyes, tablas de snowboard, raquetas de nieve y todo tipo de utensilios caseros a disfrutar de una nevada histórica.

     Poco a poco fuimos siendo conscientes de las dificultades que algo tan bonito como la nieve puede traer para la movilidad funcional de todos los ciudadanos. Comenzaron a llegarnos noticias de muchos ciudadanos que no habían podido ir a trabajar por la intensa nevada o de aquellos que habían entrado a trabajar a lo largo del viernes y, por ser trabajadores esenciales, se habían quedado a falta de relevo en sus puestos.

     Mi mujer, enfermera en un hospital madrileño, fue viendo cómo, durante la mañana del domingo 10, las publicaciones en los diversos grupos de Facebook de los vecinos de Arroyomolinos se iban llenando de mensajes, sobre todo de personal sanitario que no podía desplazarse a los distintos hospitales de trabajo.

    Calles llenas de nieve y con importantes placas de hielo que hacían imposible ningún desplazamiento. Incluso los servicios de urgencia tenían verdaderos problemas para actuar. Ambos nos pusimos en marcha: mi mujer, contactando con usuarios de esos grupos; y yo, contactando con Protección Civil de Arroyomolinos.

     Fue a partir de ese momento en el que mi mujer, mi hijo y yo nos tiramos con el 4×4 a las calles del municipio, coordinados con Protección Civil con una Trasmisión y con el indicativo ‘Romeo Alfa’, comenzando con el traslado de una enfermera desde la calle Almería del municipio hasta el Hospital Universitario de Móstoles, localidad limítrofe a unos siete kilómetros.

     Y luego con el “rescate”, tal y como lo llamó ella, de una empleada de la plataforma DIA, del Polígono Valdefuentes, que se encontraba incomunicada desde la tarde del viernes junto al personal de Seguridad del recinto. La altura de la nieve en esa ubicación pasaba el medio metro fácilmente.

     De vuelta desde el Hospital de Móstoles, de camino a Arroyomolinos, trasladamos a un policía nacional que iba andando desde Móstoles hasta Parque Coímbra, urbanización a unos cuatro kilómetros, tras llevar dos días prestando servicio en su comisaría de Vallecas.

     La Trasmisión de Protección Civil no dejaba de echar humo con su coordinador de sala ese día, Ramón, al mando. Apenas dejamos al policía, nos comunicaron para una recogida de un vecino de la calle Sierra de Guadarrama con posible rotura de clavícula tras resbalar por el hielo, que necesitaba traslado al Hospital Universitario de Móstoles.

     En esa misma calle, una trabajadora del centro de salud de la localidad se acercó a nosotros para preguntarnos si al día siguiente, lunes, podríamos recogerla para ir a su puesto de trabajo en el centro de salud del municipio.

     Le dejamos nuestro teléfono y nos fuimos hacia otra de las calles intransitables, Arroyo de los Combos, a recoger a una sanitaria que necesitaba traslado al Metro de Móstoles para poder acudir a su trabajo al Hospital de Getafe.

     Una vez ayudamos a estas personas, se nos requiere para recoger en el mismo hospital a una sanitaria que, tras dos días trabajando, necesitaba traslado a Arroyomolinos; y para recoger a dos chicos que por la mañana se habían ido andando unos seis kilómetros para recoger medicinas al hospital.

La solidaridad viaja en 4x4

     Tras dejarlos en el centro de la localidad, desde Protección Civil vuelven a transmitirnos un traslado hospitalario de una persona que necesitaba con urgencia llegar desde la calle San Javier al Hospital Universitario Rey Juan Carlos a diálisis.

     Estando allí, desde Protección Civil nos movilicemos a Urgencias de ese mismo centro para recoger a una persona embarazada que a primera hora de la mañana había sido trasladada con muchas dificultades por Policía Local y que recogimos siete horas más tarde, tras haber tenido que interrumpir su embarazo. Fue para nosotros el momento más triste del día.

     No dejamos de recordar esas primeras palabras con María (nombre ficticio) que, con lágrimas en los ojos, no veía la hora de llegar a su casa para estar con su marido y su hija, agradeciendo nuestra llegada a Urgencias.

     Saliendo del hospital, se nos requiere para ir, de nuevo, al otro hospital de la ciudad a recoger a una vecina, trabajadora social, que venía de prestar servicio desde el viernes en la Cañada Real. Y la recogida del vecino que unas horas antes habíamos llevado al hospital con una posible rotura de clavícula. Efectivamente, se cumplieron los peores augurios.

     Ya, de nuevo en Arroyomolinos, se nos solicita para transportar al Metro de Móstoles de una persona no residente en el municipio que se había quedado atrapado tras la nevada, y el traslado de una vecina desde la calle San Pedro del Pinatar a Móstoles, donde tenía que cuidar a dos personas dependientes en un domicilio del centro de la localidad.

     Después de dejar a esta última persona y hacer un parón para tomar energía, de vuelta a Arroyomolinos, llegó otro de los momentos más emotivos de la jornada. Fue una persona que tras verme salir de Móstoles me hacía aspavientos para que parara en mitad de una carretera cubierta de hielo y nieve: “¿A dónde vas? Sube que te llevo”, le dije. Incapaz de hablar, subió al coche llorando como un niño, totalmente desbordado por la emoción.

     Por el trayecto, en el que no dejé de ver sus lágrimas, me contó que el viernes había venido desde Almería en coche y que a duras penas pudo llegar a Madrid. En la M-50 tuvo que parar el vehículo al quedarse atrapado por la nevada, sin posibilidad de rescate a pesar de llamar a emergencias.

     Pasó la noche durmiendo en el coche sin apenas tener abrigo en medio de la mayor nevada de los últimos años hasta que con la primera luz del día se echó a andar unos tres kilómetros a casa de unos conocidos en Leganés. El domingo, ya desesperado por regresar a casa junto a su mujer y su hijo, logró llegar a Móstoles en Metro. Les dejé en la calle Cartagena esquina Almería aun con lágrimas en los ojos.

   El día se iba acabando y seguimos prestando apoyo a distintos vecinos de la ciudad, trasladando a varios sanitarios a una de las estaciones de Metro de Móstoles para, desde allí, poder acudir a sus hospitales de trabajo, entre otros, como el Gómez Ulla, Infanta Leonor, La Princesa, 12 de Octubre y Ramón y Cajal.

     Me quedo de estos trayectos con esa historia del personal sanitario del hospital Gómez Ulla, que la noche antes había regresado de su puesto de trabajo andando unos siete kilómetros desde Móstoles hasta su domicilio en Arroyomolinos.

     Después de treces horas, dejamos de prestar servicio con Protección Civil con la satisfacción de haber podido aportar nuestro granito de arena en esta gran situación de emergencia que teníamos.

     Pero, no acabó del todo la noche del domingo, cuando remolcamos a un vehículo varado en torno a las once de la noche en la calle de Comillas y acompañarlo hasta la avenida de Italia. También recibimos una llamada inesperada desde la dirección del Centro de Salud de Arroyomolinos que nos pedía por favor que ayudáramos a recoger a los sanitarios que prestaban servicio al día siguiente en el centro de salud para que éste pudiera abrirse.

     Así fue como el lunes a las seis y media de la mañana comencé de nuevo la aventura recogiendo a dos sanitarias, que habían contactado con Protección Civil el día anterior y que necesitaban transporte hasta Madrid.

     La primera de ellas en la calle Francisco Quevedo Villegas, calle que recuerdo más como una pista de patinaje en la que el Discovery iba deslizándose prácticamente como si unos patines llevásemos; y la otra sanitaria, en la calle Torremolinos.

     Tras dejarlas en la estación de Metro de Móstoles, sobre las ocho, comencé a recoger, ya en Arroyomolinos, a los sanitarios del Centro de Salud y a una enfermera del Hospital 12 de Octubre por calles intransitables para los peatones y a veces difíciles incluso para el 4×4. Sin embargo, lo peor de todo fue la recogida de Ana, médico del Centro y vecina de la urbanización de Cotorredondo, en Batres.

La solidaridad viaja en 4x4

     Creo recordar que a Ana fue la única persona a la que no fui a recoger o llevar hasta la mismísima puerta de su casa por imposibilidad de bajar una gran cuesta con enormes placas de hielo. Ahí fue donde mis huesos dieron contra el asfalto helado tras intentar bajar esa cuesta andando.

     Ese lunes, con ayuda de un vecino de Navalcarnero, con otro todoterreno, dimos también el relevo de personal sanitario del centro a las tres de la tarde y cerramos el día, de nuevo en Cotorredondo, con el regreso de dos sanitarios más.

     Entre medias, dio tiempo a ayudar a sacar a varios vehículos de transporte adaptado de la Comunidad de Madrid que habían quedado atascados en distintas calles de Madrid y sacar a varios vehículos atrapados en la M-40. Así acabó nuestra aventura de solidaridad a bordo de un todoterreno. Dar sin pedir nada a cambio, solo ayudar a quien lo necesite.

    Ramón Chippirrás es criminólogo y vicesecretario general del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid. Olga Muñoz es enfermera del Hospital 12 de Octubre de Madrid.

One Comment

  1. Arteaga
    17 enero, 2021 at 2:24 pm

    Orgullosos de vosotros primos

  2. María
    17 enero, 2021 at 5:16 pm

    Gran labor , Ramón ! Muchísima gracias x todo .
    María (12 octubre)

  3. Ayla
    18 enero, 2021 at 9:06 am

    Soy una de las personas que ayudaste a llegar al hospital de Mostoles para que pudiera llegar a hacer mi guardia en otro hospital de Madrid. Jamás podré agradecértelo suficiente, si no hubiera sido por ti no hubiera tenido otro modo de llegar. Muchísimas gracias, de verdad, porque ese día todo el trabajo lo realizaste tú, y por venir a buscarme a la puerta de mi casa a las 7 de la mañana aún sin conocerme. 😊 Solo por conocer gente tan buena me mereció la pena trabajar. Gracias, gracias y gracias de todo corazón.

  4. Isabel Escudero Gragera
    21 enero, 2021 at 7:06 pm

    Muchísimas gracias y felicidades por vuestra entrega y eficacia.
    Ramón y Olga

    Un abrazo .
    Isabel

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