Category: Artículo de Criminología

¿Planes de prevención? Una cucharilla, por favor.

 

Aunque la opinión generalizada es que un criminólogo se dedica, fundamentalmente, a la investigación criminal una vez cometido un delito o crimen, nosotros sabemos que una de las grandes áreas en las que podemos intervenir profesionalmente es el de la prevención del delito. De hecho, la expresión máxima de la Criminología bien podría ser conseguir, mediante nuestra intervención, que una persona no llegue nunca a convertirse en víctima de un delito y, más aún, conseguir que una persona no se convierta nunca en victimario.

Alcanzar semejante reto es una utopía pero deberíamos al menos, aunque hacerlo diera a nuestro trabajo cierto aire de epopeya griega, proponérnoslo tal y como han hecho los integrantes de la ONG británica Karma Nirvana.

Esta ONG está orientada a la prevención de un delito concreto, el cual consiste en un abuso por honor, como lo es obligar a una persona a contraer matrimonio contra su voluntad. El perfil de la víctima de este tipo de delito en el Reino Unido es el de mujer muy joven  perteneciente a una familia musulmana tradicional y practicante. Este tipo de víctimas reciben en sus casas una educación muy tradicional en el plano social, familiar y religioso y,  sin embargo, al estar expuestas a un tipo de educación diferente, más tolerante, cosmopolita, diverso y abierto, dado que viven en el Reino Unido, no siempre tienen arraigadas las enseñanzas y tradiciones que desde su familia les inculcan. Esta dicotomía cultural, entre otras variables, puede hacer que las víctimas no quieran seguir los preceptos y tradiciones que sus familias quieren imponerles como, por ejemplo, acceder a un matrimonio no deseado,  aunque el miedo a las consecuencias que negarse a ello puede acarrearles, a ellas y a sus familias (castigos físicos o psicológicos, aislamiento, deshonra familiar, etc.), hacen que accedan en contra  de sus deseos más íntimos o convicciones.

Dicha organización atiende cientos de llamadas al mes, tanto de víctimas como de profesionales del sector, en busca de ayuda o consejo. El volumen de llamadas  incrementa de forma exponencial cuando se acercan las fechas vacacionales de los colegios, dado que son estas fechas en las que las familias aprovechan para  viajar a sus países de origen con la intención de celebrar los matrimonios forzados. Siendo así, este plan de prevención, que lo es aunque no dimane del Gobierno (dato fundamental criminólogos porque son muchos los nichos de trabajo que tenemos como profesionales),  involucra a los colegios e  institutos del todo el país, puesto que estos que son un agente fundamental a la hora de detectar qué alumnas/os pueden estar convirtiéndose en víctimas de un delito relacionado con lo que se ha denominado como abuso por honor (matrimonios forzados, castigos por adulterio, etc.)

Así pues, esta ONG, ofrece su ayuda a las personas que son víctimas de abuso por honor tanto para evitar  que se celebre el matrimonio  o se perpetúe la situación de abuso que sufren de manos de sus familiares y allegados (prevención), como para el tratamiento de las víctimas (intervención post-delito, victimología)

Hasta aquí, esta historia podría ser un relato cualquiera de una de tantas organizaciones, asociaciones, o equipos relacionados con las instituciones oficiales que se dedican a la prevención del delito y al posterior tratamiento de las víctimas. Sin embargo, la ONG Karma Nirvana, nos ha dado una lección de innovación en la prevención. ¿Cómo? Muy sencillo o, mejor visto, quizá no tanto. Karma Nirvana ha puesto la imaginación y el sentido práctico y realista al servicio de la prevención.

La propuesta de esta ONG es la siguiente: aconseja a las mujeres (prácticamente niñas por su corta edad) que están siendo forzadas a salir de Reino Unido para convertirse en esposas sin su consentimiento, esconderse una cucharilla metálica en su ropa interior. ¿Qué se consigue con esta medida? Se consigue que, al pasar por la zona de seguridad de los aeropuertos británicos, el detector de metales pite y estas niñas puedan pasar a una zona restringida, y de forma individual, a hablar con una persona de seguridad. De esta forma, la posible víctima tiene la oportunidad de contar el caso de abuso que está sufriendo y pedir ayuda.  En el momento en el que la víctima cuenta la situación en la que se encuentra las personas responsables de la seguridad del aeropuerto, que están al tanto de la existencia de este tipo de delitos, puede impedir que la víctima viaje y pueda derivarla a los distintos instrumentos existentes para protegerla.

Esta es una idea que, de puro simple, es brillante. Cuando pensamos en planes de prevención se nos vienen a la cabeza intrincados proyectos que ocupan cientos de folios escritos, que tienen que pasar por decenas de departamentos oficiales, que requieren de presupuestos millonarios y que no siempre, por lo complicado de la propuesta y la escasez de recursos, pueden salir adelante. Desde luego, este tipo de planes de prevención, basados en profundos análisis, hechos por equipos de profesionales multidisciplinares, son necesarios. Sin embargo, esta pequeña (gran) iniciativa nos ha enseñado que, a veces, salvar a una persona de sufrir un delito o crimen es tan sencillo como usar la imaginación para poder darle a la víctima una salida que esté a su alcance.

Así pues, compañeros criminólogos (y no criminólogos) que os dediquéis a prevenir el crimen: no olvidéis que incluso, algo tan cotidiano como una simple cucharilla, puede ayudarnos a prevenir la comisión de un delito.

Victoria Pascual, criminóloga.

 

Referencias:

http://plasniskpedia.wikia.com/wiki/Archivo:Cucharilla.jpg IMAGEN 23/05/18

https://www.20minutos.es/noticia/3346971/0/cucharas-ropa-interior-medida-aueropuertos-suecia-frentar-matrimonios-forzados-ablacion/

 

 

Déjenos pasar señor Grissom

Corría el año 2002 cuando en España irrumpía, tímidamente al principio y, fuertemente después,  una nueva serie de televisión en todos los hogares de manos de la cadena privada de televisión Telecinco.

Una impactante apertura que mostraba una vertiginosa sucesión de imágenes de  fluidos corporales, experimentos científicos e investigadores en la escena del crimen, todo ello acompañado de una potente versión de la canción «Who are you»  de The Who, preludiaba una hora de trepidante acción investigadora.

Hasta ese momento, la imagenería popular relacionada con la resolución de crímenes, estaba basada en la idea romántica, o clásica como prefiráis llamarla, de autores como Sir Arthur Conan Doyle o Agatha Christie. Ellos crearon grandes personajes como los inmortales  Sherlock Holmes o Hercules Poirot, los cuales realizaban una investigación del posible crimen, si bien respaldada en cierto modo en el empirismo científico, basada fundamentalmente en el análisis de las circunstancias del crimen a través de interrogatorios a las posibles personas implicadas. Además, la investigación era realizada por una única persona o, como mucho, de dos personas (¿Qué habría sido del soberbio Sherlock sin la inestimable ayuda del Doctor Watson) que, además, estaban por encima de las investigaciones de las fuerzas de seguridad el Estado, cuyos trabajos quedaban siempre superados por el investigador particular, por muy Scotland Yard que fueran (pobre inspector Lestrade).

Las series de televisión de los años setenta y ochenta reforzaron esta idea de investigador privado solitario que es mucho más hábil que la policía. Surgieron personajes detectivescos tales como el inspector Colombo, con su inconfundible gabardina y su sempiterno cigarro entre los dientes, o la intrépida Jessica Fletcher que, con su máquina de escribir, su bicicleta y sus siempre pertinentes y mordaces preguntas te resolvía cualquier crimen que, dicho sea de paso, parecía atraer o provocar con su sola presencia.

Siendo así, la serie de televisión «CSI», acrónimo de Crime Scene Investigation ,o dicho en el lenguaje de Cervantes, Investigación de la Escena del crimen, introdujo una serie de atractivas novedades en relación a la investigación policial.

Una de esas novedades consistía en la introducción de la idea de investigación grupal. Desde luego, ya se había visto en numerosas series anteriores como «Canción triste de Hill Street» o «Tween Peaks» entidades policiales que realizaban  investigaciones en equipo que se ajustaban más a la realidad que la mostrada por las series y libros antes mencionados. Sin embargo, es «CSI» la serie que marcará la diferencia en términos de investigación policial en la primera década del siglo XXI y que, además, coincidió en el tiempo en España con el debate sobre la aparición de una Licenciatura (Grado ahora) dedicada exclusivamente a la Criminología.

Otra de esas novedades la encontramos en el hecho de que el equipo de investigadores eran científicos. Y no de una especialidad concreta sino de todas en general. Gil Grissom, el director del equipo de investigación criminal de Las Vegas (turno de noche, por cierto, que siempre es más truculento) contaba entre  sus múltiples especialidades la Entomología, la Criminología, la Medicina Legal y Forense, la Psicología Criminal, la Física, la Química, la Balística, la Toxicología, la Historia, las Ciencias Medioambientales, la Antropología y un sin fin de otras áreas de conocimiento que harían palidecer a todos premiados con el Nobel en cualquiera de estas áreas. Grissom además había sabido rodearse, porque ninguno de sus empleados le venía a la zaga, casi cualquiera de ellos era capaz de hacerle sombra. Esta serie nos muestra una especie de super héroe omnisciente, que todo lo sabe y que todo lo ve, que habría dejado verde de envidia al mismísimo Leonardo Da Vinci. ¡Tanto era su saber!

Este ilustre equipo de sabios hacía algo que, hasta ese momento, le estaba vedado a un policía o detective público y era realizar la investigación desde el principio hasta el final. Es decir, el equipo de Grissom era una suerte de Juan Palomo (si me permitís la expresión) yo me lo guiso, yo me lo como. Ellos llevan la investigación criminal, desde el momento en el que aparece el cadáver hasta el momento en el que el sospechoso es condenado. Ellos investigan la escena del crimen, recogen las pruebas, realizan los experimentos y comprobaciones científicas necesarias, interrogan a los sospechosos y a las víctimas (si sobreviven) y deciden quién es el autor o autores del crimen. Con esta perspectiva sobran hasta los jueces.

Siendo así, «CSI» logró confundir al respetable público español, que con avidez  veía lunes tras lunes la serie, en relación a todo lo que tiene que ver con la Criminología y con una investigación real. Vendió, entre otras cosas, Criminología por Criminalísitica simplificando los crímenes y delitos reduciéndolos, prácticamente, a aquellos relacionados con delitos de sangre obviando, además, las múltiples áreas en las que se puede especializar un criminólogo tales como la prevención, la victimología o la green criminlogy.

Esto ha sido, y sigue siendo, un problema para los Criminólogos. Y lo es tanto a nivel individual, dado que muchos de los estudiantes que han elegido la carrera de Criminología lo han hecho pensando en que sus estudios y vidas profesionales se parecerían al día a día de los integrantes del equipo de «CSI», como a nivel social e institucional que piensan que el criminólogo ha nacido para investigar muertes de carácter violento con una lupa en una mano y una muestra de ADN en la otra. Y esto, como bien sabemos los que lo sufrimos, no es así.

Ni el trabajo del criminólogo es lo mostrado en «CSI» ni la Criminología es sólo criminalísitica. Y es por este motivo que, entre todos los criminólogos y los amantes de la Criminología, debemos ir arrojando un poco de luz sobre en qué consiste nuestra ciencia y nuestro trabajo.

Es por eso que, con todo el cariño y el respeto del mundo, le pido al señor Grissom que nos ceda por fin el paso, tenemos mucho trabajo por hacer.

Victoria Pascual, criminóloga.

 

Referencias:

https://graficzek.wordpress.com/tag/lupa/ IMAGEN 19/05/2018

El principio de intercambio de Locard

Colegio Profesional de Criminólogos Madrid

En el año 1910, un criminalista francés, el Doctor Edmun Locard, enunció lo que se convirtió en uno de los principios fundamentales sobre los que se ha basado la ciencia criminalística moderna. Según se le atribuye en la obra de R. Morrish, en su obra «The Police and Crime-Detection Today«, su afamado principio dice que «siempre que dos objetos entran en contacto transfieren parte del material que incorporan al otro objeto» (Morrish 1955) o, diciéndolo de una forma más sencilla, «todo contacto deja un rastro».

Cuando alguien me pregunta cuáles son los objetivos del equipo de profesionales que componen el Ilustre Colegio Profesional de Criminólogos de Madrid, siempre me viene a la cabeza este principio. Y pienso en el principio de Locard porque ellos buscan, precisamente, el tipo de intercambio del que el criminalista hablaba. Buscan entrar en contacto con las Instituciones, con los Organismos políticos, económicos y sociales, con las Universidades y con los Medios de Comunicación para dejar su impronta en todos ellos, la impronta de la Criminología. Persiguen encontrar, al fin, ese hueco laboral que llevamos décadas mereciéndonos como profesionales.

Este gran equipo, entusiasta, altamente preparado, idealista y convencido del éxito, quiere dejar esta huella, este legado para todos los criminólogos de Madrid. Sin embargo, para que este intercambio sea efectivo, necesita nutrirse de la fuerza, el empuje, el apoyo y la experiencia de todos nosotros, de todos los criminólogos de Madrid. De esta forma, el Colegio dejará un rastro en nosotros y nosotros dejaremos nuestro rastro en el Colegio Profesional de Criminólogos de Madrid y, por lo tanto, en la sociedad madrileña.

Ángel García Collantes es el Decano de nuestro Colegio Profesional. Él ha sido, y sigue siendo, un agente muy activo en la Historia académica y profesional de la Criminología en nuestro país y, actualmente, lidera el equipo de criminólogos profesionales que componen el Colegio. Ángel ha sabido rodearse de personas que entienden la Criminología como una profesión y, todos ellos, han luchado personal y profesionalmente para conseguir lo que todos buscamos, vivir de nuestra vocación, la Criminología. Ellos son embajadores de lo que es ya una realidad: la Criminología es una ciencia, es una profesión y  ha venido para quedarse.

La andadura del Colegio de Criminólogos de Madrid es todavía muy corta y, aun así, ha conseguido ya importantes logros. Entre ellos cabe destacar la inclusión de los criminólogos madrileños en la lista de peritos judiciales de la región, tras reunirse con el Presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Francisco Vieira; también la puesta a disposición de los colegiados la figura de un vocal de guardia para la resolución de dudas relacionadas con el desarrollo de nuestra profesión o la puesta en marcha de los trámites legales necesarios para solicitar que incluyan a los criminólogos en el proceso selectivo que el Ministerio del Interior convocó para cubrir 30 plazas del Cuerpo Superior de Técnicos de Instituciones Penitenciarias, en la que dejaban fuera la participación de los criminólogos. Son ya algunos pasos andados y, como veis, muy firmes y de gran impacto.

Quiero con este post daros la bienvenida a este espacio donde se hablará de temas de vuestro interés relacionados con la Criminología y donde tendrán cabida vuestros comentarios y sugerencias.

Mi nombre es Victoria Pascual, criminóloga y convencida de que, entre todos, vamos a saber posicionar  la Criminología de Madrid a la altura de las 7 estrellas que adornan la bandera de nuestra Comunidad. ¿Nos ayudas a hacer realidad lo que, hasta hace poco, era sólo un sueño?

 

 

Referencias:

Morrish. (1955). The Police and Crime-Detection Today. Oxford: Oxford University Press.