abril 18, 2024

Tras los barrotes: Los presos más peligrosos de España

Tras los barrotes: Los presos más peligrosos de España

El 13 de marzo un reo asesinó a una empleada de la cocina de la cárcel de Mas d’Enric, en Tarragona, con un cuchillo de cocina. El presunto autor estaba condenado por el homicidio de otra mujer, pero, por su buen comportamiento, se le consideraba en ese momento preso de confianza y por ese motivo podía trabajar, incluso con acceso a los utensilios de la cocina. Después del ataque mortal, se suicidó.

Un mes antes, el hombre que había sido encarcelado provisionalmente en la cárcel de Estremera por matar días antes de Navidad a tres hermanos mayores de Morata de Tajuña por una supuesta deuda por una estafa de amor, asesinó a su compañero de celda con una mancuerna del propio gimnasio del penal, según las primeras investigaciones.

Los homicidios dentro de las instituciones penitenciarias no son casos excepcionales, pero ocurren. Las agresiones entre presos o a funcionarios cada vez son más comunes. Los sindicatos del sector estiman que se produce una agresión cada día de media. En España hay 50.000 presos divididos en menos de un centenar de cárceles. Solo algunos tienen la consideración de “especialmente peligrosos”.

FABRIZIO JOAO SILVA

 Uno de ellos es Fabrizio Joao Silva Ribeiro. Nacido en Guinea Bissau, de 1,90 metros de altura y 120 kilos de peso, dejó tras de sí un reguero de agresiones, muertes e incendios mientras estuvo entre rejas. Entró en la cárcel en 2004 por haber matado a su novia en Bilbao, asestándole 25 puñaladas. En 2014 asesinó a golpes a su compañero de celda en el penal de Córdoba. En 2016 mandó a 8 funcionarios de prisiones de Puerto III (Cádiz) al hospital. Dos de ellos quedaron en estado grave, tras haber sido atacados con un pincho artesanal. Decenas de incidentes menores e innumerables traslados por las prisiones de España completan su historial.

Sus propios compañeros calificaban a Fabrizio como “pura maldad” y rogaban no compartir espacio con él. Tan peligroso era que contaba con una galería entera sólo para él; permanecía en aislamiento constante y ocupaba en solitario una de las celdas. No tenía ningún contacto con el resto de los internos. Los funcionarios tomaban todo tipo de precauciones cada vez que se acercaban a él. La comida le era suministrada a través de una puerta metálica. Salía al patio solo, se duchaba en su celda y era controlado a través de una pantalla.

A Fabrizio lo encontraron inconsciente en su celda una tarde de octubre de 2019. Tenía los pantalones bajados. Los funcionarios, al ver que no contestaba, sospecharon que quería simular un problema para que se le acercasen y agredirles. Extremaron las precauciones, pero al acceder vieron que eran innecesarias porque había fallecido. La autopsia señaló que fallecio de muerte natural, aunque tenía un fuerte golpe en la cara que habría recibido al desmayarse y precipitarse contra el suelo.

‘IGOR EL RUSO’

 Otro de estos internos de alto riesgo es Norbert Feher. un exmilitar serbio conocido como ‘Igor el Ruso’, que en diciembre de 2017 asesinó a tres personas (dos guardias civiles y un ganadero) en la localidad turolense de Andorra, mientras emprendía una huida hacía Italia, país desde el que llegó en bici. Fue detenido tras ocho horas angustiosas y fue condenado por el triple crimen a prisión permanente revisable.

Igor fue internado en principio en la prisión aragonesa de Zuera, de donde fue trasladado precisamente por su alta conflictividad. Luego ingresó en la de A Lama (Pontevedra) y allí generó varios problemas con los funcionarios de prisiones, especialmente durante sus traslados para declarar por videoconferencia. No es solamente la agresividad del sujeto, experto en técnicas de combate y supervivencia. Su peligrosidad es tal que necesita un gran contingente de funcionarios, hasta el punto que los propios trabajadores han advertido de que cada vez que toca mover a ‘Igor el Ruso’, el resto de los módulos quedan desprotegidos. El reo comunicó inicialmente que prefería regresar a Italia para cumplir condena. Ese era uno de los motivos de su alta conflictividad en prisión. Pero fue condenado por videoconferencia a cadena perpetua en aquel país, por lo que no se ha vuelto a pronunciar en ese sentido.

Norbert está condenado a prisión permanente revisable y ha pasado ya por cinco cárceles. En una de ellas, en Palencia, agredió a cuatro funcionarios el día anterior al inicio de su juicio. Utilizó para el ataque un azulejo partido y además se encontraron en su celda extraños escritos en los que anunciaba que este ataque iba a ser solo el primero de muchos. Este nivel de violencia hizo que se construyera en la Audiencia provincial de Teruel una especie de jaula de vidrio especial solo para alojarlo a él durante las sesiones de sus juicios. Todo ello contrasta curiosamente con su supuesta religiosidad. Tiene en su celda una biblia, pide estampitas de sus santos favoritos y pasa varias horas al día rezando.

SEBASTIÁN SANTIAGO HEREDIA

 A Sebastián Santiago Heredia, malagueño de 37 años, le apodan ‘El Terror del Puerto’, por ser ese el nombre de la cárcel (Puerto III, Cádiz) en la que ha cometido sus mayores fechorías dentro de prisión. “Es como ver la muerte y saber que debes acudir a su encuentro. No tienes la capacidad de evitarlo. Es un tío al que la vida le da igual”, contaban algunos de los funcionarios que le custodiaban en el penal gaditano.

Santiago entró en la cárcel por primera vez muy joven hace 17 años, condenado por un robo con fuerza. La suya ha sido una historia de entradas y salidas en prisión, aunque se podría decir que gran parte de su vida ha transcurrido tras los barrotes. Ha sido dentro de ellos donde su historial delictivo ha crecido de forma exponencial.

En estas dos décadas de privación de libertad ha liderado motines, ha quemado su colchón varias veces, ha agredido a numerosos funcionarios y ha obligado a retrasar sus juicios varias veces por la violencia que desplegaba en los traslados. Hace unos años publicó un libro titulado ‘Camino hacia la libertad’, en el que relata su vida entre rejas y el gran protagonista de la portada es su imponente físico musculado. Aprovechándose de él, ha protagonizado numerosos altercados en todas las prisiones españolas que ha ocupado.

El último, en la de Campos del Río (Murcia II), a la que llegó desde Cádiz. No había pasado ni una semana dentro y ya había protagonizado una especie de motín en solitario: le pegó fuego al colchón de la celda que ocupaba en solitario en el Módulo IX. Cuando los funcionarios acudieron a sofocar las llamas, fueron atacados por Santiago. Dos horas más tarde, volvió a provocar un fuego en el habitáculo, rompió los cristales de la ventana y se autolesionó, teniendo que ser trasladado de urgencia a un centro de salud fuera de la prisión para ser tratado.

El grueso de su carrera delictiva ha tenido lugar, no obstante, en la prisión de Puerto III. Allí ha protagonizado incontables ataques a funcionarios de prisiones. Uno de sus juicios se intentó celebrar tres veces, debido a que sus agresiones durante los traslados hacían que se suspendieran una y otra vez. En una ocasión, incluso llegó a herir a varios funcionarios de prisiones en una sola pelea. En su caso, los ataques se centran de forma única y exclusiva en los empleados públicos, no en sus compañeros de prisión. “Nos ha dado tantas palizas, los jueces le temen, como los guardias civiles en los traslados…”, confiesan fuentes penitenciarias. ‘El Terror del Puerto’, no obstante, está sacando partido de su faceta de preso conocido y ya ha escrito un libro sobre su vida en prisión que se titula ‘Camino hacia la libertad’.

JESÚS ROMERO, ‘EL NENE’ 

Otro de los presos más peligrosos de España es, sin duda, Jesús Romero ‘El Nene’. Madrileño de 32 años, lleva media vida practicando deportes de contacto como boxeo y Muay-Thay. En esta última disciplina llegó a proclamarse campeón de España y obtuvo varios premios en el circuito internacional. Llegó incluso a pelear de forma profesional en Tailandia, país originario de ese deporte y lugar en el que el nivel de agresividad de la competición es más alto.

‘El Nene’ era un viejo conocido de la Policía madrileña por haber protagonizado varios altercados. El que le llevó a prisión tuvo lugar en el Metro de Madrid. Jesús fue a robarle el móvil a un pasajero, que se dio cuenta y para escapar le apuñaló. Cuando salió del andén a la carrera, los agentes de seguridad de la estación intentaron reducirle, recibiendo también una paliza del boxeador. Finalmente hicieron falta más de cinco personas para apresarlo y llevarlo a comisaría.

Jesús ingresó en la cárcel de Soto del Real por aquel ataque el día de Navidad de 2018. Le pusieron a compartir celda con un interno venezolano de 55 años y condenado por narcotráfico. Esa misma noche ambos tuvieron una discusión por la posición de la litera que debían ocupar. El boxeador madrileño la emprendió a golpes contra el venezolano y lo mató. ‘El Nene’ fue condenado a 12 años más de cárcel por aquel homicidio.

En la actualidad cumple condena en la cárcel de Estremera, otro penal madrileño. Allí protagonizó el último brutal ataque. Fue el 5 de julio de 2022, cuando un funcionario de prisiones departía con él, amistosamente en apariencia. De repente, ‘El Nene’ explotó sin previo aviso y empezó a propinarle puñetazos y patadas en la base del cráneo; el mismo método de ataque con el que mató a su compañero de celda.

Su fuerte complexión física (que ha mantenido durante su estancia en prisión), su dominio de los deportes de combate y sus problemas de salud mental (tras el ataque fue trasladado a la Unidad Psiquiátrica del Gregorio Marañón) hacen de él una de las principales preocupaciones de los funcionarios de prisiones de España.

FERNANDO VÁZQUEZ AYUDE, EL ‘HANNIBAL LECTER GALLEGO’

 Son varios los presos que han recibido en su entorno el apodo de ‘Hannibal Lecter’, en referencia al diabólico protagonista de El silencio de los corderos e interpretado por Anthony Hopkins. Pero tal vez el que más ha hecho por acreditar ese alias es Fernando Vázquez Ayude, un gallego de 52 años que lleva desde 1990 haciendo méritos para ello (antes incluso de que se estrenase la película en 1991).

Este individuo lleva delinquiendo desde 1984 y pisando prisión por delitos de todo tipo. Desde atracos hasta narcotráfico. Pero, igual que en el caso de Santiago Heredia, su historial delictivo se ha hinchado durante su permanencia en prisión. En 1990 apuñaló a un preso en el penal de Monterroso (Lugo). En 1991 encabezó un amotinamiento en la cárcel manchega de Herrera de la Mancha, donde secuestró a un funcionario. Los motines, precisamente, ha sido una de sus especialidades, habiendo liderado varios durante su condena que asciende a 66 años.

El secuestro de funcionarios es también es uno de sus recursos habituales. El último tuvo lugar en 2019 en la prisión cordobesa de Alcolea. Fue el 4 de octubre, en la ronda de vigilancia de noche. En torno a la 1 de la madrugada, Vázquez Ayude le dijo a otro preso peligroso, de nombre José Pastor, que se fuera preparando y armando con lo que tuviera a mano, porque que iba a secuestrar a un funcionario y necesitaba que lo secundara, según informó el colectivo de funcionario de prisiones “Tu Abandono Me Puede Matar” (TAMPM).

“Acto seguido, estos dos internos proceden a ejecutar el plan que habían ideado. Comienzan haciendo una llamada al interfono de comunicación con los funcionarios, desafiándolos mientras destrozan ambas celdas a golpes, rompiendo todo lo que tienen a mano”, contaba el colectivo en un comunicado, explicando que los dos reos “consiguen arrancar las ventanas, con cuyos cristales logran hacerse muñequeras y armas cortantes para poder llevar a cabo con éxito su proyecto de secuestro. Debido a la gravedad de los hechos, se persona en el departamento la dirección del centro para intentar reconducir la situación. La misma se solventa gracias a la pericia de los funcionarios que, aunque disponen de medios escasos, a la vez que obsoletos y con una formación nula por parte de la Administración para este tipo de situaciones, arriesgan su vida, teniendo en cuenta el gran estado de agresividad que presentan los internos y de las armas de fabricación casera de las que se han provisto para conseguir su fin. El resultado de tal actuación es de un funcionario lesionado con varios cortes en el brazo”, concluye el comunicado sindical. Vázquez Ayude fue trasladado tras estos hechos al penal de Algeciras.

PHIERO BATISTA, EL QUE DEVORÓ UNA OREJA

 Destacable por muy peligroso es también el caso de Phiero Batista, un boxeador aficionado dominicano que está cumpliendo prisión en la cárcel de Madrid IV (Navalcarnero). El 22 de julio de 2018 emuló a su ídolo Mike Tyson y le arrancó la oreja a una persona de un bocado. Concretamente a uno de los 4 funcionarios que intentaban reducirle en el módulo 6 de la prisión. A uno le abrió una ceja y la frente, a otro le rompió un dedo y a otro le provocó numerosas contusiones.

Pero quien peor parte se llevó fue uno que debutaba. Un funcionario en prácticas que llevaba pocos días trabajando en el penal y al que Phiero le pegó un bocado y le arrancó media oreja, como hizo su ídolo con Holyfield en Las Vegas en el 97. El operario acabó siendo operado de urgencias y los médicos le consiguieron coser el trozo amputado. Casi no lo consiguen porque Phiero no sólo se la arrancó de un bocado; es que además se la intentó tragar sin éxito.

El conflicto se originó cuando Batista discutía con otro preso por una radio. El tono de la refriega empezó a subir y el otro interno, sabiéndose en inferioridad de condiciones físicas, acabó huyendo del lugar y recurriendo a los funcionarios de prisiones para ponerse a buen recaudo. Cuando Phiero vio que su rival se había largado, montó en cólera. Se fue a la cocina, destrozó un taburete y utilizó una de las patas metálicas como arma. Al grito de “ahora os voy a reventar las cabezas”, embistió contra los funcionarios y les pegó una paliza. Entre cinco no lo pudieron sujetar.

En el fragor de la escaramuza, Phiero acertó a agredir a los cinco, siendo el novato el que peor parte se llevó: el dominicano le arrancó la oreja de un bocado. Por fortuna para el trabajador de prisiones, el boxeador finalmente fue reducido, el trozo de pabellón auditivo recuperado y cosido de nuevo posteriormente en el Hospital 12 de Octubre, que es el único de Madrid que tiene un departamento de cirugía facial de urgencia.

EL GRAVE PROBLEMA DE LOS TRASTORNOS MENTALES EN PRISIÓN

 Como vemos, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los funcionarios de prisiones es que a menudo han de lidiar con expertos en artes marciales y/o deportes de contacto. Es el caso de ‘El Nene’ o de Sebastián Santiago, cuya complexión física y dominio de las técnicas de pelea hacen casi imposible reducirlos en un cuerpo a cuerpo con un funcionario.

Pero el principal problema es que muchos de los agresores tienen trastornos mentales de diversa índole, en ocasiones no diagnosticados. Además, el hecho de estar encarcelado y en privación de libertad trae consigo consecuencias psicológicas importantes. Estas pueden desarrollar una cadena de reacciones y distorsiones afectivas, cognitivas, emocionales y perceptivas, todo eso provocado por la tensión emocional dentro del ambiente penitenciario. A este tipo de síndrome, también se le ha denominado parológia, síndrome de respuestas aproximadas, pseudodementia o psicosis de la prisión.

Partiendo de la base de que un enfermo mental no debería entrar a prisión. Según los últimos datos facilitados por la Sociedad Española de Psiquiatría Legal y la Sociedad Española de Sanidad Penitenciaria, solo 159 de 481 plazas de médicos de prisiones están cubiertas actualmente en España y se estima que entre cuatro y cinco de cada 100 personas internas tiene un trastorno mental grave.

Si bien una persona con discapacidad declarada inimputable no se encuentra presente en su juicio, las leyes penales sí contemplan una sanción privativa de la libertad que se asemeja a la pena de prisión y que es denominada medida de seguridad. En las prisiones ni se les trata, ni se les ofrece alternativa, ni se les ayuda a reintegrase en la sociedad. La penalización de los enfermos mentales y su encarcelación como única forma de asegurar la seguridad colectiva cumple hoy la labor de limpieza social que las leyes de vagos y maleantes cumplieron en el estado totalitario.

Por ello, muchas cárceles españolas se han convertido en manicomios, donde los funcionarios van desarmados, con una plantilla en precario, escasa y envejecida. Presos con diferentes problemas mentales y expedientes a los que no se puede acceder.

CATEGORÍAS DE PRESOS EN ESPAÑA

 En España, hay diferentes tipos de internos. Son varias las normativas que regulan el derecho penitenciario en España, entre las que destacan la Constitución Española, la Ley Orgánica General Penitenciaria 1/1979 o el Reglamento Penitenciario (Real Decreto 190/1996). Este último desarrolla la Ley Orgánica en consonancia con el Código Penal.

El derecho penitenciario recoge diferentes tipos de régimen en los que un preso puede ser internado, así, podemos destacar:

  • Ordinario: se aplicará a los penados clasificados en segundo grado, a los penados sin clasificar y a los detenidos y presos.
  • Abierto: se aplicará a los penados clasificados en tercer grado que puedan continuar su tratamiento en régimen de semi-libertad.
  • Cerrado: se aplicará a los penados clasificados en primer grado por su peligrosidad extrema o manifiesta inadaptación a los regímenes comunes anteriores y a los preventivos en quienes concurran idénticas circunstancias.

En cuanto a los grados anteriormente mencionados, el Reglamento Penitenciario recoge en su Artículo 100 la clasificación penitenciaria y los principios de flexibilización de los penados. Así, se recogen los siguientes grados de clasificación penitenciaria:

  • Primer grado: Se aplicará el régimen cerrado.
  • Segundo grado: Se aplicará el régimen ordinario.
  • Tercer grado: Se aplicará el régimen abierto.

Son calificados en primer grado aquellos internos que hubieran sido calificados con peligrosidad extrema o inadaptación manifiesta según las normas de convivencia establecidas y ponderando factores como la naturaleza de los delitos cometidos a lo largo de su historial delictivo, la comisión de actos que atenten contra la vida o la integridad física de las personas, la libertad sexual o la propiedad cometidos en modos o formas especialmente violentos, la pertenencia a organizaciones delictivas o a bandas armadas, la participación activa en motines y la introducción o posesión de armas de fuego en la prisión o, entre otros, la comisión de infracciones disciplinarias calificadas de muy graves o graves de manera reiterada.

Serán clasificados en segundo grado aquellos penados en quienes concurran unas circunstancias personales y penitenciarias de normal convivencia, pero sin capacidad para vivir, por el momento, en régimen de semi- libertad.

Se aplicará el régimen penitenciario de tercer grado a todos aquellos internos que, por sus circunstancias personales y penitenciarias, estén capacitados para llevar a cabo un régimen de vida en semi-libertad. No confundir con Tercer Grado en el mundo anglosajón, el cual es todo lo contrario y equivale a nuestro Primer Grado.

Las instituciones penitenciarias también cuentan con los Ficheros de Internos de Especial Seguimiento (FIES). Dentro del régimen FIES existen diferentes categorías. Cada una aglutina a un colectivo de presos diferente, dependiendo principalmente de los delitos o infracciones del recluso. Las cinco categorías son:

  • FIES 1 CD (control directo). Internos considerados especialmente conflictivos y peligrosos, que han protagonizado alteraciones regimentales muy graves dentro de la prisión o en los traslados, poniendo en peligro la vida o integridad de funcionarios, autoridades, otros internos o personal ajeno a la institución.
  • FIES 2 DO (delincuencia organizada). Personas condenadas o procesadas por pertenencia o colaboración con organizaciones delictivas nacionales o extranjeras cuya finalidad sea la obtención de beneficios económicos. Por ejemplo, narcotráfico, blanqueo de dinero o tráfico de personas.
  • FIES 3 BA (bandas armadas). Todos los pertenecientes a banda armada o grupos terroristas, y los encarcelados por vinculación con dichos grupos. Normalmente los miembros de ETA se incluyen en el FIES 3.9.
  • FIES 4 FS (fuerzas de seguridad y funcionarios de Instituciones Penitenciarias). Reclusos que hayan sido miembros de las fuerzas de seguridad o del sistema penitenciario. En este caso se les aplica el régimen FIES para protegerlos del resto de presos y evitar peleas o agresiones.
  • FIES 5 CE (características especiales). Esta categoría incluye diversos tipos de internos: vinculados a la delincuencia común de tipo internacional; autores de delitos muy graves que hayan generado una importante alarma social; pertenecientes o vinculados a grupos violentos de carácter racista o xenófobo; internos que, sin estar procesados o condenados por terrorismo islamista, destaquen por su fanatismo radical afín al ideario terrorista, y por liderar o integrar grupos de presión o captación en el centro penitenciario; también los condenados por el Tribunal Penal Internacional y los que colaboraron con la justicia contra bandas terroristas u otras organizaciones criminales.

Hasta el 2006 también se incluían los internos del FIES 1 que evolucionaban favorablemente y los condenados por negarse a cumplir el servicio militar o la prestación social sustitutoria. Los condenados que sean delincuentes con un historial penitenciario de alta conflictividad, evasiones o violencia grave que hayan cometido delitos graves generando gran alarma social.

En este pequeño repaso por las cárceles españolas tampoco podemos olvidarnos de los llamados ‘presos- sombra’, que son personas que realizan tareas de apoyo, escucha, orientación, atención o seguimiento a aquellas personas que han entrado recientemente en prisión o que se encuentran en riesgo de suicidio, dentro de un programa de prevención de este tipo de acciones.

Todos los reos tienen, entre sus obligaciones, cumplir la condena, obedecer las normas y las órdenes de los trabajadores de la prisión y hacer lo posible para que haya buena convivencia con otros presos, además de respetar a los compañeros y a los trabajadores y cuidar su higiene personal.

En las cárceles españolas se desayuna pronto, se come pronto y se cena pronto. Durante el resto del día, salvo la hora de la siesta, está prohibido estar en la celda. Todos los días son iguales, incluidos fines de semana y festivos. Los días en la cárcel transcurren entre restricciones y rejas, sin mucho sol en los patios y sin la claridad que este da. No pueden ver los colores, como el verde, el amarillo o el naranja de los paisajes, lo único que se puede ver son paredes grises y rejas. Es una vida muy dura que solo la sabe el que la ha vivido.

Los presos pasan en la celda cada noche 11 horas, entre las 21:00 y las 8:00 horas. El recluso tiene derecho a llamar a su familia y su abogado al llegar al centro penitenciario. Después, puede realizar 10 comunicaciones semanales a 10 números autorizados.

EL DILEMA DE LA REINSERCIÓN

 La historia y el desarrollo del servicio penitenciario puede dividirse en tres grandes períodos. El primero transcurre desde el principio de la civilización hasta el siglo XVI, donde la cárcel era utilizada como guarda. Por entonces, su función no era meramente de castigo, sino que servía como retención de las personas, a la espera del dictamen de la sentencia. No se utilizaba como pena.

El segundo periodo, en el siglo XVII, el rol de la cárcel se modifica. En ese período, comenzó a establecerse un nuevo movimiento, influenciado por el orden religioso, directa e íntimamente relacionada con el surgimiento de un nuevo orden económico: el sistema capitalista. Fue así como la cárcel empezó a cumplir la función de pena privativa de la libertad como una tendencia correctiva, como un sacrificio que debe cumplir bajo la culpa, con trabajos forzados y obligatorios a favor del Estado. Este período se prolongó hasta el siglo XVIII.

Posteriormente, junto con el surgimiento del movimiento humanitario, se dio lugar a grandes críticas contra las penas de torturas, mutilaciones y muertes del Antiguo Régimen, buscando reemplazarlo completamente por una concepción correccionalista que situaba la finalidad de la cárcel en la expiación y corrección por medio del trabajo.

El tercer período empezó a principios del siglo XIX y continúa en la actualidad. En esta última etapa, se incluyó la moral como un valor que debía tener la persona detenida. De esta manera, se pasó al sistema punitivo actual, donde se considera que la pena debe contener un proceso de moralización y resocialización del condenado.

También es necesario promover una justicia de reconciliación que restaure las relaciones rotas por el acto criminal. Los elementos fundamentales de la justicia restaurativa que son la responsabilidad del agresor, la reparación del daño y la restauración de las relaciones sociales. Aunque la cárcel tiene muchas contraindicaciones, el tiempo en prisión puede ser una oportunidad para el arrepentimiento, para la reconciliación y la reinserción social.

Artículo elaborado por Jordi Delgado con aportaciones de Julio de la Fuente.
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Colegio Profesional de Criminología de la Comunidad de Madrid