En memoria de nuestro compañero José Antonio Seoane Martínez

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Por Abel González García, vicedecano del Colegio Profesional de la Criminología de la Comunidad de Madrid (CPCM)

Era la mañana del 31 de agosto, un sábado, cuando vi en mi teléfono móvil varias llamadas de un antiguo alumno mío de Criminología y también colegiado en el CPCM, Jaime Hachuel. En ese momento pensé que algo raro pasaba. Cuando le devolví la llamada, ya al mediodía, lo primero que me dijo es que tenía una mala noticia que darme. Esa noticia era el fallecimiento de nuestro amigo José Antonio Seoane Martínez (más que antiguo alumno o compañero del Colegio de Criminología).

Seoane había fallecido en un accidente de moto. Entonces, se hizo el silencio. Y en ese momento empecé a pensar en todo lo que nos quedaba por delante para hacer en este mundo de la Criminología con José Antonio Seoane Martínez, criminólogo, bombero y también perito judicial en incendios. Nos quedaba pendiente su tesis doctoral en la que quería investigar sobre incendios provocados, todo lo que pudiéramos analizar a través de la Criminología y sus teorías para la prevención… ahí se queda. También esa visita que tenía que hacerme para ponernos al día o la visita que le debía yo con mi familia para que nos diese un curso de buceo… ahí queda también…

Pero no todo es triste en relación a lo que no hicimos, porque lo importante es su recuerdo y todo lo que hizo en pro de la Criminología hasta que un siniestro se lo llevó por delante en la A-7, con solo 52 años. José Antonio no era un criminólogo famoso, pero eso no es importante (aunque, por cierto, sí era famoso con su grupo de música, The Smokers –todo relacionado con el fuego, ¡qué tío!–).

Tampoco fue un estudiante de sobresaliente –alguno tuve que ponerle, más que nada porque se lo ganó a pulso–, pero sí que fue un apasionado de la Criminología, comprometido con el desarrollo de la disciplina en el ámbito forense de la investigación de incendios y con el desarrollo profesional en general. Así lo demuestra el hecho de que era colegiado desde el minuto uno y que no hacía más que darme ideas sobre el funcionamiento del Colegio y lo que podíamos hacer para «vender» esta profesión.

José Antonio estudió Criminología con una pasión desbordante, al igual que su grupo de compañeros y compañeras de promoción (en especial, Laura, Juana, Fátima o el mismo Jaime que me dio la mala noticia) y, después de terminar el Grado, se especializó a través del Máster en Análisis e Investigación Criminal, lugar donde ya le picó la curiosidad por seguir investigando y hacer un doctorado.

Todo eso le llevó a algunos Congresos de Criminología, en especial recuerdo fue el de Oviedo en 2018, donde disfrutó de este ambiente profesional y académico y en el que pasamos mucho tiempo hablando de Criminología junto a mi familia (mis hijos todavía se acuerdan de él por lo bien que lo pasaron allí). José Antonio nos deja un legado: ser una magnífica persona (buena gente, de la que nos debemos rodear), ser una persona entrañable y con un gran humor (muchas risas nos hemos echado en sus visitas). Y, sobre todo, la pasión por la Criminología y el convencimiento de que en este campo se pueden hacer muchas cosas, incluso desde el ámbito profesional de los bomberos, donde fue pionero y donde estamos obligados a continuar con este legado que él inició.

José Antonio, allá donde estés, busca a nuestro buen amigo Pedro y tómate alguna cerveza con él mientras compruebas que no nos olvidamos de ti y que nos dejaste deberes por hacer. Los haremos, eso seguro.

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