Factores de riesgo y otros apuntes criminológicos sobre el crimen de Borja Villacís

Compartir

Madrid, a 12 de junio de 2024

En Criminología estudiamos los casos de delitos, precisamente para conocer cuáles han sido las causas que han provocado que se cometiera, con el objetivo de aprender y poder tomar medidas para minimizar, eliminar o asegurar el riesgo y la oportunidad de que se cometa ese delito. Es por lo que, analizamos al delincuente, al delito, a la víctima y el control social que se hace por parte de la sociedad para defenderse del fenómeno delincuencial.

El origen de las conductas antisociales y/o delictivas es multifactorial y una sola explicación no sería suficiente para comprender este fenómeno. El origen y mantenimiento de las conductas delictivas se relacionan con el desarrollo, especialmente durante la infancia y la adolescencia.

Por tanto, existe una correlación sólida y esencial entre el mal comportamiento en las primeras etapas de la vida, y la delincuencia y el delito durante la adolescencia y la edad adulta. Y existe una distribución característica del comportamiento criminal a lo largo del curso vital, de tal modo que los incidentes relativos a delitos y violencia aumentan en cuanto a frecuencia con la edad, hasta la adolescencia tardía o la primera edad adulta, y a continuación disminuyen con rapidez y continuidad a lo largo de la vida.

La curva general ‘edad/delito’, que ha sido estudiada durante bastante más de un siglo, se aplica a la mayoría de las formas de delito y violencia interpersonales.

En este caso Borja Villacís tenía 41 años, pero desde su adolescencia tenía problemas relacionados con actitudes violentas, con sentido de pertenencia a su tribu urbana, lo que podría ser un indicador de ciertas carencias afectivas, y que si encuentra en un entorno de camaradería y de ideología común con otros miembros del grupo.

En el fenómeno delictivo existen factores de protección ante la conducta delictiva y factores de riesgo. En este caso, Borja tomó decisiones en su vida que le acercaron a un mundo de comportamientos delictivos. Esos factores de riesgo fueron un entorno violento (Ultrasur, neonazis…), amistades y círculos poco recomendables (drogas, narcotráfico) y el aprendizaje de conductas delictivas al estar cerca de delincuentes.

Los factores de riesgo son aditivos, es decir cuantos más factores de riesgo estén presentes, estos se van adicionando y más probabilidades hay de que se acabe cometiendo el hecho delictivo.

LA PREDISPOSICIÓN AL DELITO

La Delincuencia se puede explicar en varias principales proposiciones: se trata de una conducta aprendida; existen rasgos y características individuales que predisponen al delito; los delitos constituyen reacciones a vivencias de estrés y tensión; y la delincuencia es el resultado de la ruptura de los vínculos sociales.

Aunque son importantes las características psicológicas individuales específicas de personalidad que hace que algunos individuos sean más propensos a delinquir que otros, con una relación muy estrecha con el autocontrol, los factores de riesgo son fundamentales para que suba exponencialmente la posibilidad de cometer delitos, o como en este caso convertirse en víctima.

Hay distintos factores de riesgo. En los familiares se engloba la falta de supervisión o control de los padres, las actitudes crueles, pasivas, y negligentes de los padres con los hijos, la disciplina férrea, los conflictos familiares, los malos ejemplos conductuales, la falta de comunicación padre e hijo y las carencias afectivas.

También existen factores de riesgo socioeducativos como el fracaso escolar y factores de riesgo socioambientales, como la clase social, las amistades, el desempleo y la delincuencia juvenil producida entorno al mundo de la droga.

Otro factor es un posible trastorno de la personalidad antisocial. La característica esencial de este trastorno es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza con síntomas del trastorno del comportamiento antes de los 15 años y continúa en la edad adulta.

Algunos de los rasgos característicos de la personalidad antisocial son un fracaso reiterativo para adaptarse a las normas sociales y legales, deshonestidad con la intención de obtener un beneficio o placer personal, impulsividad o incapacidad para planificar el futuro, irritabilidad y agresividad manifiestas en agresiones físicas repetidas, irresponsabilidad constante y ausencia de remordimiento ante cualquier acto que viole los derechos de los demás, incluido un acto de gran crueldad con graves consecuencias para los otros.

Además, existen factores de riesgos cognitivos. Las competencias y destrezas cognitivas son un factor fundamental para poder autocontrolar y razonar los impulsos. Y factores de vinculación o apego. Por ejemplo, la inclusión del sujeto en las redes de contacto y apoyo social favorece la resistencia a las conductas de riesgo como las antisociales y delictivas.

Pero, por el contrario, la falta de vinculación, apego o lazos afectivos, la participación o amplitud de la implicación en actividades sociales positivas, el compromiso o grado de asunción de compromisos sociales y las creencias o conjunto de convicciones favorables a los valores establecidos con los padres, la familia y los amigos, así como con las normas convencionales, aumentan la vulnerabilidad del sujeto para realizar una conducta antisocial.

Por último, también son factores de riesgo las prácticas de crianza o estilos de crianza educativos, que hacen referencia al conjunto de comportamientos de los padres con los que inculcan a sus hijos las normas y valores culturales.

Hay padres que son más o menos exigentes, y esto hará que los hijos tengan que esforzarse más o menos para conseguir los objetivos. También hay padres y madres que establecen una gran variedad de normas, muy inflexibles y con castigos exigentes si no se cumplen. Y los hay que si ponen castigos, al final no los llevan a la práctica o quienes directamente no usan el castigo como método educativo. Como es de esperar, estas dimensiones no solo re rigen por sus extremos (nada afectivo-muy afectivos, nada exigentes-muy exigentes), sino que se organizan en una línea continua con muchos grados y matices.

LA ORGANIZACIÓN DEL CRIMEN

En el caso del crimen de Borja Villacís, hay otras consideraciones criminológicas que me gustaría aportar, como el nivel de organización de los supuestos asesinos. Con las informaciones que se conocen hasta el momento, se puede determinar que los victimarios vivían en un ambiente anómico, fuera del sistema, con sus propias reglas. Algo tan obvio para el resto de los ciudadanos como respetar la prohibición de tener armas de guerra, para ellos es algo que no les afecta, no va con ellos.

Está claro que su nivel de organización criminal ha sido un desastre, con una mala planificación en la organización, pero eso sí, por desgracia, con buen resultado en el objetivo. Los asesinos tenían claro que utilizarían las armas al llevarlas encima y usarlas y, ante la potencia de fuego de esos calibres, el resultado sería matar sí o sí, con premeditación y hasta con alevosía, ya que al utilizar este tipo de armas no tienes riesgo para el delincuente, es prácticamente imposible que salga viva la víctima. En nuestro Código Penal es una circunstancia agravante de la responsabilidad criminal.

Los homicidas también planifican la huida, pero tan mal que da hasta vergüenza ajena. Contrataron un coche de alquiler al que le cambiaron las placas de matrícula mientras eran grabados desde el edificio de enfrente. No tenían otros vehículos para la huida, por lo que fueron rápidamente identificados.

El supuesto autor material tiene 24 años. Fue impulsivo, y eso hace que cometan un error de bulto: un asesinato no es bueno para el negocio, pone el foco de la Policía en ellos y es un indicador de falta de profesionalidad.

Quienes cometen un delito lo hacen tras un proceso de toma de decisiones, a veces malas decisiones. Dentro de sus cabezas pensaban que lo tenían bien planeado y organizado: tenían acceso a armas de alto calibre, pero la ejecución claramente ha demostrado lo equivocados que estaban.

Como el resto de las personas que no delinquimos, los delincuentes toman decisiones racionales valorando su fracaso/éxito y si les merece la pena. Esto nos indica que no valoraron bien y que cometieron varios errores graves que han hecho que en menos de 48 horas estuvieran detenidos, lo que no desmerita el excelente trabajo policial.

Artículo elaborado por el criminólogo Jordi Delgado, con anotaciones de Julio de la Fuente

Publicado por